viernes, 9 de mayo de 2014

La Santa Inquisición

Por Jose Morente

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Los juicios del Tribunal de la Inquisición. Mera apariencia de justicia pues esta brilla por su ausencia

 

Condenados antes de juicio

Si algo caracterizaba al Tribunal de la Santa Inquisición era su absoluta indiferencia hacia la verdad y sobre todo, hacia las razones que pudieran dar los acusados quienes de antemano podían darse ya por condenados pues sus jueces habían sentenciado el caso antes de comenzar el juicio.

Si algo caracteriza a la actual afición madrileña es su absoluta indiferencia hacia la verdad de lo que ocurra en el ruedo de las Ventas pues los toreros que van a Madrid han sido ya juzgados y condenados de antemano y nada de lo que hagan podrá hacer variar el criterio de esa afición que ha sentenciado ya el resultado de la corrida antes de comenzar esta.

 

Comienza hoy la Isidrada

Hoy, a las 7 en punto de la tarde, comienza la Isidrada y hoy comienza a ejercer sus funciones el grupo social que más nos puede recordar, en nuestros días, al Tribunal de la Santa Inquisición, la afición madrileña.

En la plaza de las Ventas, vamos a encontrarnos con el mejor remedo de la España del siglo XVI sin que falte detalle alguno. Así, en el Tendido 7 y sus aledaños se aposentan los señores inquisidores duros e insensibles a todo lo que no sean sus preconcebidas ideas. Ellos están en posesión de la verdad y a los demás nos toca callar y acatar.

La sufrida grey católica o pueblo llano, se distribuye por el resto de la plaza. Un pueblo llano  acogotado e incapaz de rebelarse y que incluso, a veces, cual síndrome de Estocolmo, se incorpora y refuerza al pelotón de protestones (que no protestantes).

Finalmente, encontramos también en las Ventas, aunque dispersos, algunos disidentes y herejes aunque incapaces de poner coto a las tropelías de los inquisidores pues les condiciona un miedo soberano a ser anatemizados por los ortodoxos.

En resumen, debajo del aparente colorido y casticismo de la otrora emblemática plaza madrileña, subyace una atmósfera densa y asfixiante que baja desde  las gradas al ruedo, propiciada por unos tendidos repletos de espectadores armados de lupa, escuadra y cartabón, lo que proporciona a las corridas isidriles ese tenso hálito tenebroso que las asemeja muchas tardes a los pinturas goyescas de la Quinta del Sordo. Su mejor reflejo.

 

La turbia atmósfera de los cuadros de la Quinta del Sordo es la misma que subyace tras el aparente colorido de las corridas isidriles

Los principios de la fe y los delitos de herejía

Dos son los dogmas básicos del Tribunal taurino madrileño proclamados en su día por sus teólogos (revisteros) de cabecera: La pureza y la emoción. Pero no la pureza y la emoción verdaderas, que esas les son desconocidas, sino las impostadas, las que los intérpretes del dogma consideran como tales.

Como consecuencia de estos dos dogmas básicos, el Tribunal se afana en la defensa de sus dos objetivos primordiales:

  • El toro complicado que se supone garantiza la emoción
  • El toreo de expulsión que se supone garantiza la pureza

Y, por tanto, se consideran delitos nefandos:

  • El toro bravo y noble
  • El toreo ligado en redondo

La nobleza del toro y la ligazón del toreo (que son, sin embargo, las que permiten la emoción verdadera y la máxima pureza en las suertes) se castigan y persiguen con saña y para ello se utilizan los instrumentos de tortura más refinados que imaginarse pueda y que son:

  • El consabido y maléfico pañuelo verde
  • Las ruidosas y monocordes palmas de tango
  • Los inoportunos y molestos bocinazos, ya sean coreados o no.

El sermón de los Inquisidores se basa, sobre todo, en la repetición, hasta el aburrimiento (pues los inquisidores son incansables y aburridos), de los mandamientos-eslóganes más en boga, y que en nuestros días son también dos: “Nada tiene importancia si no hay toro” y “¡Abajo el destoreo!”.

Dos eslóganes que, como todos los eslóganes, no significan nada (aunque podrían significar mucho si se utilizaran correctamente) pero que, repetidos hasta la saciedad, acaban calando en el cerebro del sufrido aficionado de a pie que termina –alucinado- por creérselos a pies juntillas. Mal asunto este, el de las técnicas simplificadoras de la realidad, aplicado a un arte como el toreo de por sí tan complejo y rico en matices.

Mal asunto este, el de sustituir el rigor, aún extremo, de la Cátedra, por la injusta condena previa del Inquisidor. Un Inquisidor amparado además en el cobarde anonimato que le proporciona la multitud.

Así nos va…Que es muy malamente.

Es bueno comparar esta imagen con la que encabeza esta entrada. El acusado-condenado (el torero) sólo en el ruedo. En los tendidos, gradas y andanadas los numerosos señores inquisidores (el público de las Ventas) dispuesto a condenarlo sin juicio.

5 comentarios:

Jesus Alonso dijo...

Y además NO es imposible...

Jose Morente dijo...

Jesús Alonso:

Así es.

Saludos

Esther dijo...

Siempre que voy a Madrid, tengo exactamente esa sensacion. Ni siquiera con los novilleros tienen piedad. Y algunas figuras (condenadas de antemano)no tienen la más mínima oportunidad. Recuerdo la corrida de Perera con los seis toros hace algunos años, la plaza fue cruel con él, hiciera lo que hiciera daba igual. Yo creo que desde ese dia Perera no se recupero ni entendió la actitud de ese publico.

Sebastián dijo...

Buenas días.

No puedo estar mas en desacuerdo con este post.

Empezando por el mito del Tribunal de la Santa Inquisición, aquí no viene a cuento extenderse mucho pero este tribunal era mas garantista que los tribunales civiles, ver esa época desde nuestra perspectiva es un error fatal.
Como prueba de que la afirmación que hace usted es falsa, está el caso de las brujas de Zugarramurdi en el que se revisó todo el proceso y se reparó a las víctimas del auto de fe.
La verdad si importaba.

A lo que nos interesa.
Pinta usted un cuadro en el que un sector de la plaza, un tendido y aledaños es decir como unas 3.000 personas tienen secuestradas al resto (21.000 aprox).
Totalmente falso.
Históricamente en Madrid se ha protestado mucho, pero cada vez menos, Marcial Lalanda ya mayor decía que ya no había las broncas de antes, yo en los últimos 15 años he visto como estas han disminuido mucho.
Si la plaza aplaude o pita es porque creen que así lo tienen que hacer no porque un sector lo dicte. Es mas creo que su peso actualmente es mínimo.
El sábado día 10 este sector empezó a protestar y el resto de la plaza le mandó callar, teniendo en cuenta que no había ni 3/4 de plaza la proporción entre público aficionado "inquisidor" y público general debería de ser mayor para el "inquisidor" que un día de "no hay billetes" y aun así no impuso su criterio lo que demuestra que la teoría de la plaza secuestrada es falsa.

Un detalle que no se tiene en cuenta a la hora de hablar de la aspereza de la afición de Madrid es que aquí salvo un día (15 de Mayo San Isidro) el resto son todos laborables, hay que hacer muchos esfuerzos para ir a los toros.
No se va igual a un espectáculo al relance de un día de feria con mas o menos rebujitos que tras una jornada de trabajo y a la carrera.


Un Saludo.








Jose Morente dijo...

Sebastian:

Es posible que la Santa Inquisición no funcionase como yo indico pero esa es la percepción (acertada o equivocada) que yo tengo del Tribunal del Santo Oficio por mis diversas lecturas sobre ese tema.

Por lo que respecta a la plaza de Madrid, no se trata ya de una opinión formada a partir de lecturas sino de experiencia directa. Y desde luego, la experiencia directa me dice que las opiniones en esa plaza se prefabrican y como consecuencia de ello se prejuzgan a toros y toreros. Vidal en su día ya hablaba de las famosas "bulas" madrileñas (lenguaje eclesiástico muy apropiado al caso) con los toreros de la predilección de la plaza.

Por lo que respecta al "secuestro" de la plaza por parte de un sector de la misma, me parece también evidente. Un grupo de protestones y vociferantes puede enfriar el ánimo del público más espontáneo y de hecho lo suele hacer. La táctica de reventar las faenas de quienes no gozan del beneplácito de los más dogmáticos es muy usual en las Ventas. Y no creo que nadie pueda negarlo. Lo peor es que esos gritos casi siempre son injustos y a destiempo.

Por lo que respecta a las opiniones de Marcial Lalanda siempre le he considerado muy buen torero y muy mal aficionado. O al menos un aficionado excesivamente "retro". En su época, no Madrid sino todas las plazas de España (especialmente las del Norte) se distinguían por sus airadas protestas y frecuentes altercados hasta el punto que la cuestión del mantenimiento del orden público ha sido tema capital de las reglamentaciones taurinos. Sin embargo, hoy las cosas (por fortuna) han evolucionado, la gente es más educada y existen medios más eficaces y correctos de denunciar lo que no nos gusta. Otra cosa es que seamos incapaces de expresarnos adecuadamente.

Las protestas de Madrid tienen un tufillo ideológico (se protesta a los toreros no por estar bien o mal como se ha hecho siempre sino por ser su concepto del toreo distinto del que tienen los protestantes. El colmo) que es parte del descrédito y repulsa que esa plaza provoca en muchos buenos aficionados. Hace 40 años ir a Madrid era un verdadero placer y un lujo pese a su inveterada dureza. Hoy, te lo tienes que pensar un par de veces e ir dispuesto a pasar un mal rato.

En resumen, hoy Madrid tiene un peso en la fiesta desproporcionado para la escasa categoría de su afición.

Un cordial saludo

PD. No obstante, estará atento al comportamiento del público esta Feria y si tengo que rectificar mis opiniones, no dude que no dudaré en hacerlo. A mi no me duelen prendas y nunca llevo la faena hecha como la llevan los malos toreros y los malos aficionados.