domingo, 27 de abril de 2014

Málaga en el epicentro

Por José Morente

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Morante y Juli (a la usanza de Joselito y Belmonte) llegando en coche de época a la plaza de la Malagueta el Domingo de Resurrección. Un cartel que había despertado una expectación inusitada (Fotografía de Joaquín Bueno para Aplausos).

 

Una corrida de toros, cualquiera de ellas, puede tener múltiples lecturas no sólo diferentes sino, a veces, contrapuestas.

Si, como es el caso de la corrida del Domingo de Resurrección en Málaga, esa corrida la torean dos figuras indiscutibles, los toros no se sortean y una plaza periférica, como Málaga, disputa (aunque sea por un solo día) la supremacía al poder establecido de toda una Maestranza sevillana, la situación se descontrola pues mientras unos van entregados y disculpan casi todo, otros se ponen en guardia y a la defensiva y lo discuten todo. En esas condiciones, para el que no asiste al espectáculo, resulta difícil enterarse de lo que de verdad pasó. Es el calor de la pasión.

Una pasión que, aunque beneficiosa en principio, enturbia el juicio y distorsiona la opinión que se extrema tanto a favor como, y sobre todo, en contra de lo que acontece.

Repasemos lo que pasó en Málaga el Domingo de Resurrección, antes, durante y después de la corrida y procuremos que, a nuestro juicio, no le enturbie la pasión.

 

No hubo sorteo

La primera cuestión candente y que tanto ha dado que hablar, en la calle y en las redes sociales los días antes de la corrida, fue la ausencia de sorteo. Una ausencia que provocaba la reacción airada y la denuncia de algunos grupos de aficionados que interpretaron el no-sorteo como una grave agresión a los intereses del público.

Una pequeña reflexión debería servir para calmar los encrespados ánimos. En ese sentido, conviene precisar que si bien la no celebración del sorteo supone un evidente incumplimiento de un precepto legal parece también evidente que, con ser eso importante, no parece tener la trascendencia que algunos le quieren dar. El sorteo (algo que han olvidado u obviado los protestantes) tiene su origen y su razón de ser en la defensa de los toreros modestos frente a los intereses y abusos de los más fuertes. Es, en esencia, un derecho de los toreros y no tanto de los espectadores.

Sin embargo, tiene el sorteo otras lecturas, no desdeñables, como la intervención mayor o menor que debe tener el azar o la suerte en las corridas de toro. Es por eso, un tema que, en mi opinión, debía haberse resuelto, previo debate entre todas las partes implicadas incluyendo a los aficionados, durante el invierno pasado y no acabar siendo patata caliente de principios de temporada.

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Dentro de las diferentes posturas que han adoptado los aficionados ante la cuestión del no-sorteo, es de justicia destacar la equilibrada actuación de UTAMA (Unión Taurina de Abonados de Málaga) en defensa de los intereses de sus afiliados. La Asociación malagueña, antes de pronunciarse sobre el tema o adoptar cualquier medida de denuncia, ha tenido el buen criterio (y el buen gusto) de solicitar de la Junta de Andalucía la pertinente explicación sobre las razones jurídicas que han permitido no celebrar sorteo de las reses en la corrida del Domingo de Resurrección. Una elemental norma de buena praxis (la de oír a las partes implicadas) que se han saltado a la torera la mayoría de los medios de comunicación´y algunas otras Asociaciones de aficionados (En la imagen, la primera página de la contestación de la Junta a la pregunta planteada por UTAMA)

 

Seis ganaderías distintas

La segunda cuestión polémica, derivada de la anterior fue la elección de las reses por parte de los toreros pues no sólo no se sorteaba sino que cada uno de los dos toreros, había elegido ganaderías diferentes.

Otro tema que también provocaba un cierto clamor mediático a la contra y cuya importancia también se exageraba ya que lo relevante no es que los toreros elijan el ganado de su preferencia (pues eso, con no ser deseable, lo vienen haciendo todas las tardes los que pueden) sino la reducción de esas preferencias a 4 ó 5 ganaderías determinadas.

En ese sentido, y comparando con otras épocas de la historia y aunque siempre los toreros punteros se han decantado por las ganaderías de su gusto o que más se acomodaban a su forma de torear y, sobre todos, aquellas que podían propiciar el triunfo, nunca el abanico de ganaderías se había cerrado tanto como en nuestros tiempos.

Es una cuestión en la que, pese a los muchos tópicos y simplificaciones que circulan, en uno y otro sentido, tienen algo más de razón los aficionados que los toreros.

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El calor de la pasión hecho cartel de toros. Un cartel polémico que ha levantado ampollas entre algunos aficionados.

 

A cada torero le va mejor un tipo de toro 

Tercera cuestión planteada, derivada de la anterior y fácil de intuir a priori, es la del tipo de toro que más conviene a cada torero y, más concretamente, el tipo de toro que más se adecua al concepto de cada uno de los dos toreros actuantes: Morante de la Puebla y el Juli. Algo que la ausencia de sorteo debería poner (y ha puesto) en evidencia.

A la vista de lo que vimos, parece que el toro que conviene a Morante resulta ser un toro bravo pero al que se pide más nobleza que casta y fuerzas. Un toro terciado y equilibrado y, aunque moleste a algunos el adjetivo, un toro artista. Los de Málaga, salieron como era también previsible y ajustado al guion. Con mucha clase pero sin fuerzas el devuelto Zalduendo; Bravo y noblote, el de Jandilla y muy dócil y bonancible pero sin recorrido ni chispa, el de Juan Pedro. Urge una inyección de casta en esta última ganadería.

Por el contrario, los toros del Juli tuvieron más presencia en todos los sentidos, más plaza como se decía antiguamente y mucha más casta aunque sin derrochar bravura, antes al contrario. Así, fue bravucón y violento el Garcigrande. Manso de libro, el de Victoriano del Río y manso pero con fondo noble el de Domingo Hernández.

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El toro que le va al Juli tiene un punto mayor de agresividad que el toro de Morante. Y es lógico pues el de Velilla compensa su menor estética con valor y poderío. Por eso gusta dejarse crudos a sus toros. Hay que ser muy valiente y muy buen jinete, como lo son los picadores de la cuadrilla del Juli, para levantar el palo a un toro cuando está todavía debajo del peto (En la foto, sensacional segundo puyazo de Diego Ortiz. Fotografía facilitada por Pepe Olid) 

 

Mientras riegan la plaza. Imágenes para el recuerdo (Fotos de Joaquín Bueno)

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Morante

 

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El Juli

La actitud de los toreros. Lo mejor de la tarde

La cuarta cuestión, también previsible fue la buena actitud de los toreros. Ambos dos salieron motivados y muy dispuestos pues Sevilla pesaba y mucho en el ambiente. Más en tranquilo el de la Puebla y a todo motor y comiéndose el mundo el de Velilla.

Morante dejó destellos de su innegable clase y algunos de sus lances con capote y muleta quedaron grabados en nuestra retina per sécula, que diría un vate. Lástima que no se prodigue con enemigos de mayor enjundia pues poderío y valor le sobran.

Juli estuvo muy firme y decidido toda la tarde, sacando agua de donde, a veces, no la había pero donde lució de verdad fue en la lidia del segundo (su primero), un toro de Garcigrande en el que dio una lección magistral de pundonor y buen toreo. Faena que comenzaba con el espeluznante inicio de seis muletazos por alto de infarto, con las zapatillas clavadas en el albero y en los que Juli se hizo con el toro, un toro que había traído por la calle de la Amargura a todo el peonaje y faena que remató con un tremendo final que impactó en el público y en el que el toro acabó acobardado y cangrejeando ante tamaño derroche de poderío. Esa fue la imagen de la tarde.

 

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Al final de la faena, el toro cantó la gallina ante el empuje y poderío del torero. Juli se fue hacia él con intención de darle unas bernardinas de remate pero se fue con tanta decisión y firmeza que el toro empezó a cangrajear, andando hacia atrás, mientras el torero le ganaba el terreno ¿Que no vería el burel en la mirada del Juli? (Fotografía facilitada por Curro Mora)

Una tremenda faena pero que remató de un también tremendo bajonazo que le privó, con justicia, de una más que merecida y sobrada Puerta Grande.

 

La actitud del público

La quinta cuestión, también predecible en cierto modo, fue la actitud del público. Un público malagueño en su base pero reforzado con un contingente importante de aficionados llegados de todas partes y que entendió y leyó a las mil maravillas los avatares de la corrida.

Por ello, se despidió a los dos diestros con una fuerte y clamorosa ovación. Tan fuerte y clamorosa como las ilusiones que, en esa corrida, se habían puesto y que, a la postre, resultaron (aunque sólo en la parte de los toros) defraudadas.

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El público agradeció con entusiasmo al principio y final de la tarde, la actitud de los dos torero (Fotografía de la página web de la COPE)

El tiempo es circular

Y la sexta y última reflexión, el carácter circular del tiempo y la relativa semejanza de lo que pasó en Málaga el domingo pasado con lo que aconteció en el mano a mano de Joselito y Belmonte con toros de Murube del año 1915 y que ayer se empezaba a rememorar.

Un mano a mano que, como el del Domingo de Resurrección convirtió a Málaga en epicentro taurino (no en balde era la primera vez que se enfrentaban cara a cara los dos colosos); que se celebró también con toros “a modo” pues los toros de Murube eran el ganado “comercial” de la época y preferido de Gallito y por las otras por las figuras y el denostado por los aficionados de la cáscara amarga. Y que, sobre todo tu resultado artístico no alcanzó tampoco las expectativas que había levantado pues aunque empezó bien acabó mal por culpa de los tres últimos toros, mansos, chicos y sin fuerzas.

Me refiero a los toros de 1915, quede claro.

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Joselito Y Belmonte llegando juntos a la plaza de toros en automóvil de la época

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Juli y Morante llegan juntos a la plaza en automóvil de época

 

Reflexión final a modo de sobrero

No hay sobrero, pero si lo hubiera merecería la pena volver a reflexionar sobre la pasión extrema de algunos aficionados a la hora de juzgar y pronunciarse sobre los temas taurinos de forma harto subjetiva. Una pasión que nubla el entendimiento.

No es el caso del público, mucho más ecuánime y ponderado en su conjunto y que, a la postre, pocas veces se equivoca en sus apreciaciones y valoraciones.

 

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Paseíllo con el público de la Malagueta de testigo. Un público, el de toros, que, como demuestra la historia y al contrario que los aficionados, rara vez se equivoca (Fotografía de Joaquín Bueno para Aplausos)

 

Addenda personal. La corrida del Domingo fue sembrando, a medida que transcurría, un halo de cierta desilusión entre el público pues las expectativas creadas eran tremendas pero, a medida que pasa el tiempo, el recuerdo de lo malo se desvanece y lo bueno se afianza en la memoria, en la mía al menos. Y los destellos de arte de Morante y la contundencia del Juli aparecen cada vez más nítidos y claros.

Entre lo bueno, y además de la actitud de los toreros, la grata compañía de Cecilia, Mary Anne, Valentina, Remo, Rafael y Juan Antonio convirtió una corrida casi decepcionante (o quizás, no) en una tarde y un fin de semana inolvidables.

Es lo bueno que tienen los toros, el encuentro con tanta buena gente.

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5 comentarios:

Anónimo dijo...

José , quiero comentarte un dato,que al parecer no conoces,tampoco la prensa hizo eco,el capote de paseo, que lució el Juli en el paseillo,era de GALLITO, pues lo tenía Antonio Bienvenida, el mismo que llevó, la última vez que vistió de torero en Vistaalegre en Madrid, con Curro y Paula, y la famosa faena de Rafael,de todo hay imágenes,abrazo,Manuel Vázquez,hijo de Pepe Luis

Jose Morente dijo...

Manuel Vázquez:

Pues no tenía ni idea. Ese capote lo tuvo Carnicerito de Málaga (torero y suegro de Rafael de Paula). De él pasó a la casa Bienvenida y lo lució Antonio en el último paseíllo de Vista Alegre como muy bien nos recuerdas.

Lo que no sabía, le tenía perdida la pista era que ese capote lo lució el Juli en su paseíllo de Málaga.

Muchas gracias por el dato que, efectivamente, ha pasado desapercibido en la Prensa.

Un muy cordial saludo.

Anónimo dijo...
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Jesus Alonso dijo...

Una verdadera pena el menosprecio cargado de prejuicios de gran parte de aficionados, críticos, animadores y creadores de opinión. Y lo digo sobre todo por el antes.

Jose Morente dijo...

Jesus Alonso:

En efecto. Las cosas deberían cambiar en ese sentido (aunque, por supuesto, sin excluir la crítica de todo lo que verdaderamente esté mal).

Saludos