jueves, 29 de marzo de 2012

El depósito de la bravura

 

1886-07-26 La Lidia Toro del Duque rematando a coger en las tabl 001

Toro del Duque (de Veragua, por supuesto) rematando a coger en la tablas (Lámina de la Lidia de 26-07-1886). Claro ejemplo de manifestación de la bravura del toro a su salida al ruedo cuando conserva íntegro todo su ímpetu. El toro de esa época (y, en especial el toro de ese encaste vazqueño) “gastaba” toda su bravura en el primer tercio llegando agotado a la muleta, al contrario que el toro de hoy.

 

¿Conocimiento de las reses o de las suertes?

Venimos hablando en este blog de la técnica del toreo enfocada desde el punto de vista de la ejecución de las distintas suertes y del modo de construir las faenas. Y aunque es importante (y mucho) este conocimiento creo que se queda cojo si no lo ponemos en relación con el conocimiento del comportamiento del toro bravo.

 

concurso_cortes_29 f palha

El comportamiento del toro es –a priori- una incógnita. En la imagen, toro de encaste vazqueño de Fernando Pereira Palha lidiado en un concurso de recortes. Un toro de estampa espectacular y con mucho parecido a su bisabuelo de la lámina de la lidia.

 

Y es que a la vista de los cambiantes y diversos estados de las reses durante la lidia, surge la duda de si puede o debe existir un modo reglado para ejecutar cada lance del toreo (sea de capa o muleta) o si, por el contrario, la ejecución de las suertes debe adaptarse al modo de embestir de cada toro.

Aunque la respuesta parezca evidente, creo que el debate es legítimo pues en el toreo, por la incertidumbre e inseguridad que supone juzgar algo fugaz y tan complejo, todos los debates son (a priori) lícitos.

Y el caso, es que tampoco es de ahora esta polémica, pues viene de antiguo ya que, como comentamos en otra entrada de este blog, ese fue el principal motivo de disputa (aunque hubo otros no menos candentes aunque si menos trascendentes) de la competencia que a mediados del siglo XVIII sostuvieron Curro Cúchares y el Chiclanero.

1885-05-10 La Lidia-La competencia de Cuchares y el Chiclanero 001 (2)

La competencia de Cúchares y el Chiclanero (La Lidia. 10-05-1885). Aunque el motivo principal fue el distinto concepto que ambos tenían del toreo, sus disputas se producían por cualquier motivo por nimio que fuera. Uno de los enfrentamientos más sonados tuvo causa en el orden de lidia pues el Chiclanero discutía a Cúchares pese a la mayor antigüedad de alternativa de este último su derecho a matar el primer toro de la tarde. Es precisamente ese comprometido trance (los dos toreros armados de muleta y estoque intentando matar al mismo toro) el que recoge la lámina de la Lidia que aquí reproducimos.

Para el segundo, para el Chiclanero (y sus partidarios) la cosa estaba clara y lo primordial era la ejecución de las suertes con la máxima pureza, con el máximo respeto a las reglas, sin admitir el más mínimo desvío de estas, esto es sin admitir recurso alguno, pues el torero lo que debe buscar, ante todo, es imponer al toro su toreo.

El Chiclanero

Joselito el Chiclanero. Un torero muy puro y enemigo de recursos. Su toreo, reducido a lo fundamental, tenía su fuerte en la estocada recibiendo, en la que era gente.

Por el contrario para Cúchares (y sus partidarios) era más importante el conocimiento de las reses, el saber ver y entender (la intuición juega aquí un papel primordial) su modo de embestir para actuar en consecuencia. Los recursos son, en este concepto del toreo, no sólo admitidos sino necesarios pues al torero no importa (antes al contrario, busca) adaptar su toreo al toro.

 

1883-04-23 La Lidia- Francisco Arjona Cuchares 001 (2)

Cúchares, torero de variado repertorio y de recursos infinitos(Detalle de lámina de la Lidia de 23-04-1883). No en vano se llamó al toreo “el arte de Cúchares

Sin entrar en la valoración que a los aficionados del momento merecieron cada una de estas posturas, baste señalar que quedó entonces planteado un debate que, pese al tiempo transcurrido, ni se ha resuelto ni lleva trazas de resolverse, entre otras cosas porque ambos planteamientos son –volvemos a reiterar- perfectamente legítimos y tienen su “aquel” .

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Intuición para entender al toro

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Capacidad de manejar los engaños con precisión

El debate sobre si es preferible el conocimiento de las reses o el conocimiento de las suertes sigue vigente hoy día y, probablemente, seguirá existiendo mientras exista el toreo.

 

Gregorio Corrochano.

De todas formas y sea cuales sean nuestras personales ideas sobre esta polémica (que eso es otra cuestión) lo indiscutible es la importancia que, para el torero, tiene conocer y anticipar el comportamiento de las reses a las que se enfrenta. Pues este conocimiento condiciona, y determina en gran medida, sus posibilidades de lucimiento.

Aunque son muchos y variados los matices que, al respecto, se presentan vamos a ver hoy uno de ellos, sino el más importante si uno de los de más enjundia. Vamos a hablar, en concreto, del tiempo de reposo que, en el toreo moderno, el torero concede al toro después de cada tanda.

Sorprendentemente un crítico de la fama de Gregorio Corrochano criticaba duramente, en su libro ¿Qué es torear?-Introducción a la tauromaquia de Joselito, esos descansos entre tanda y tanda que propicia el toreo moderno.

Corrochano

Don Gregorio Corrochano, el crítico del diario ABC y del semanario Blanco y Negro

Le leemos:

Uno de los defectos fundamentales de que adolece el toreo actual [Cuando dice actual Corrochano se refiere a 1953 año de publicación de este texto] es la falta de ligazón o continuidad. Las faenas cortadas, interrumpidas, quitan emoción, restan eficacia y suelen acarrear no pocos disgustos, cuando se está en presencia de un verdadero toro.

Para cortar la faena usan los toreros de dos procedimientos: dirigirse a saludar al público, en anticipada cortesía, puesto que nadie los reclama, o cambiar al toro de terreno con pases de tirón. La faena así, dada a retazos no tiene calidad, aunque reconozco que tiene su público como las liquidaciones

Para Corrochano los tiempos muertos, de respiro, que el torero concede al toro entre tanda y tanda, son:

Pretextos para separarse del toro con el que no se está a gusto, con el que no se sabe que hacer”.

Que es torear p. 217 Il. Andres Martinez de Leon 001

A Corrochano, los paseos entre tanda y tanda no le gustaban (Ilustración de Andrés Martínez de León. ¿Que es torear? pág. 217)

¿Tiene razón Corrochano cuando señala como defecto este modo de proceder? O, por el contrario, ¿aciertan los toreros cuando, entre tanda y tanda, dan respiros sucesivos al toro que les tocó en suerte?

 

La explicación intuitiva de los toreros: Manolo Martínez

Corrochano, como otros críticos de su época y posteriores y como ya dijimos en otra entrada de este blog, creo que no llegó a entender cabalmente ni el significado ni la importancia que suponía el toreo en redondo en la evolución de la fiesta.

Y, en consecuencia, al no entender los nuevos derroteros del toreo tampoco se percató de los mecanismos técnicos que lo hacían posible. Uno de lo cuales (y no el de menor calado) es, precisamente, el tiempo de respiro que el torero concede al toro entre tanda y tanda.

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Curro Romero remata la tanda y aprovecha, además de dar un respiro al toro, para componer la figura en uno de sus desplantes más característicos. Es más el tiempo que se está en el ruedo sin torear que el tiempo real que se emplea toreando por lo que el torero tiene que tener capacidad de “sugestionar” al público durante esos tiempos muertos, evitando que este pierda interés por lo que pasa en el ruedo.

Los toreros, sin embargo, si que son conscientes (los buenos, desde luego) de estas cuestiones que son necesarias para poder torear con un mínimo desahogo.

Manolo Martínez, el mandón indiscutible del toreo mexicano, se lo contaba a Guillerma H. Cantú en la larga entrevista incluida en “Un demonio de pasión” (Editorial Diana, 1ª edición, México D.F., 1990) y sobre esas pausas largas que utilizaba entre serie y serie, decía el propio diestro:

“Darle un respiro no es el objetivo primordial. El toro tiene fuerza suficiente para emplearse durante los 15 minutos de lucha que da, con intervalos razonables para su recuperación.

El propósito más importante consiste en que durante ese tiempo vital ordene su instinto mental y reconsidere que es él el que tiene que ir al trapo. Él es el bravo, el que debe acometer, para eso fue creado”.

Muchísima enjundia tiene esta explicación del diestro mexicano más de lo que pudiera parecer a simple vista pues supone intentar entender y explicar “cómo piensa” el toro, clave para poder torearle bien.

Manolo Martinez 001

Manolo Martínez, en una pausa, ordenando el instinto mental del toro. El diestro mexicano es uno de los toreros que mejor ha entendido la manera de “pensar” de las reses (y, sobre todo, que mejor ha sabido explicarlo)

 

La explicación científica: El depósito de la bravura

Lo que Manolo Martínez y los demás toreros conocen de forma intuitiva tiene un sólido fundamento pues estos conocimientos hace tiempo que forman parte del acervo científico Concretamente, son objeto de estudio por la etología (la ciencia que trata del “estudio científico del comportamiento del mundo animal”).

En ese sentido, uno de los etólogos más destacados fue Konrad Lorenz (1903-1989) cuyas interesantes teorías, formuladas hace más de 60 años, continúan plenamente vigentes.

Lorenz y Tinbergen

Konrad Lorenz (a la derecha) en 1978, con Niko Tinbergen otro de los padres de la etología.

Lorenz consideró que el comportamiento de los animales funcionaba como una caja negra a la que llegaban estímulos que producían las correspondientes respuestas.

Más concretamente, Lorenz propuso un modelo explicativo de la motivación que equiparaba el comportamiento del animal (el toro, en nuestro caso) a un depósito hidráulico. Depósito que, a mí personalmente, y para el caso del toro bravo me gusta llamar “el depósito de la bravura”.

 

Modelo de Lorenz (El toro bravo-Miguel Padilla) 001

Grabado explicativo del modelo de comportamiento propuesto por Lorenz (del libro “El toro bravo” de Miguel Padilla. Pág.31). El grifo (PR) representa la producción automática (interna) de estímulos. Las pesas y el vaso (EL1), los estímulos-llave (exteriores).

 

Todo esto lo cuenta el profesor Miguel Padilla Suarez en su interesante libro “El toro bravo-Etología, aprendizaje y comportamiento” (Editorial Egartorre, 1ª edición, Madrid, 2011).

 

El toro bravo Miguel Padilla 001

Portada del libro “El toro bravo” de Miguel Padilla.

Dice Miguel Padilla que, para Lorenz, el animal se comporta como si tuviera en su interior un depósito de energía que puede estar más o menos lleno y que tiene dos salidas. Una que se abre, cuando está a punto de rebosar, casi automáticamente y otra que depende de la intensidad del estímulo que reciba.

Cuando un toro tiene su nivel de energía (bravura) más bajo necesitará mayor estimulación (toques, voz, golpecitos en la cara, etc.) para reaccionar. Al contrario, cuanto más tiempo hubiera transcurrido desde la última acción más se habrá recargado el depósito y menor será el estímulo necesario.

En uno de los extremos (baterías cargadas al máximo) el toro puede “actuar en vacío” sin necesidad de estimulo o al mínimo estímulo.

Salida de Ermitaño (Silvio Ollo)

De salida el toro trae las baterías a punto de rebosar lo que explica su comportamiento inicial sin necesidad de estímulos. En la espectacular foto de Silvia Ollo, vemos la salida al ruedo del toro Ermitaño de Miura.

En el otro (batería descargada) se produce una situación de “agotamiento” (psíquico que no necesariamente físico) situación que puede aparecer también ante estímulos demasiado repetidos (Por ejemplo, cuando el torero insiste demasiado en el cite).

 

Desplante Manolo Martínez 001

Al final de la faena el toro tiene las baterías descargadas por lo que será necesario acentuar el estímulo. En la foto, Manolo Martínez en un desplante.

En este caso (baterías descargadas), lo procedente (como aconsejaba Manolo Martínez y como no supo ver Gregorio Corrochano) es separarse del animal y dejarle reposar, para que pueda recargar sus “baterías”. Para que se vuelva a llenar el “depósito de la bravura”.

 

Entre pase y pase

Este modelo permite explicar muchas más cosas y, lo importante, tiene más matices pues, a título de ejemplo, no sólo funciona (o explica el comportamiento del animal) entre tanda y tanda, sino que también es perfectamente aplicable entre pase y pase.

Entre pase y pase Manolo Martínez 001

Cuando el toro se para entre pase y pase el torero debe aprovechar esa pequeña pausa para recuperar su posición y para que el astado recobre las ganas de embestir. Aunque a veces pueda pesar la impaciencia de los espectadores, lo correcto es que el diestro espere a que sea el toro el que decida embestir. En la foto, Manolo Martínez esconde la muleta detrás del cuerpo pues de mantenerla siempre delante (estímulo repetido) el toro se aburriría y dejaría de responder a los toques.

Ligar las series en continuidad llega mucho al público (y a los críticos como Corrochano) por la emoción que provoca, pero sólo es posible con un toro bravo y repetidor.

 

El Juli en Sevilla. Un toro bravo y un torero en un gran momento técnico y con una colocación exquisita que le permite ligar los pases sin solución de continuidad

 

Lo normal será, al contrario, que el torero tenga que estimular al toro incluso entre pase y pase despertando su instinto de continuar embistiendo.

En ese caso, el torero debe cuidar al máximo su colocación, rectificando si fuese necesario su posición tanto como sea preciso y volviendo a repetir el cite adecuadamente. Toque con la muleta, voz, desplazamiento del cuerpo al pitón contrario e, incluso, un zapatillazo son los mecanismos habituales (Uno más elegantes y otros menos, cierto es) para incitar al toro pero siempre (y aquí está la clave) debe respetarse la regla de oro que consiste (lo decía Manolo Martínez y lo corrobora la etología) en conceder al toro el tiempo necesario (esta vez, necesariamente, más breve) para reordenar mentalmente su instinto de embestir.

Llegan mucho al público las tandas continuadas, pues suponen un toro bravo y una exquisita colocación del torero, pero tienen tanto interés o más para el aficionado aquellas otras en que el toro se para entre pase y pase y el torero tiene que echar mano de todos sus recursos para provocar la embestida y continuar la serie.

 

José Tomás en Madrid. Otro torero de técnica exquisita que aquí tiene que colocarse y reiniciar el cite en cada pase ante la falta de acometividad del toro.

12 comentarios:

fabad dijo...

¡Magnífica lección!. No puedo empezar la mañana de mejor manera. Muchas gracias.

Jose Morente dijo...

Fabad:

Gracias a usted y un fuerte abrazo

Luis Miguel López Rojas dijo...

Con esta nueva entrada, José nos vuelve a abrir nuestra mente de aficionados. A través de su explicación fundamentada del porqué de las cosas, hace que nos debamos replantear, como aficionados, los cimientos más elementales del entendimiento que cada uno tenemos de la tauromaquia.

Bajo mi humilde punto de vista, uno de los grandes problemas que han tenido, tienen, o tenemos, los que presumimos de aficionados, es que predicamos un único patrón de tauromaquia (concepto de toreo, bravura, tipo de faena, colocación…) como verdad absoluta, única e incuestionable, sin tener en cuenta en la mayoría de los casos, no sólo la condición del toro sino los posibles porqués existentes detrás de todo (históricos, culturales, científicos…). Este concepto que tenemos formado, en la mayor parte de las veces, como es mi caso, sin que nos hayamos puesto nunca delante de una res.

Esta concepción personal de aficionado, lo tratamos de imponer al resto, rayando en ocasiones la intransigencia. Por eso me hace mucha gracia esas voces que salen del tendido, con “crúzate”, “pico”, “colócate aquí, allí…” basadas en el desconocimiento, pueden llegar a dinamitar verdaderas buenas faenas. Tratamos que el intérprete de este arte, se adecue a nuestros parámetros de ideal de faena. Cuando debería ser al contrario, que nuestra mente de aficionado tratara de descifrar lo que el torero y toro nos proponen en ese momento. Analizando todos sus posibles porqués.

Todos estamos de acuerdo en que el toreo es un arte, como lo puedan ser la escultura, pintura, literatura, y nadie se le ocurría imponer que todos los pintores pintaran siguiendo los mismos parámetros. Pues apliquemos lo mismo para el toreo.

Lo que para unos es defecto (Corrochano con los descansos entre tanda y tanda), para otros, incluso puede ser virtud (justificación de este mismo descanso, basada en la ciencia por la teoría del depósito de la bravura). Por tanto, la mejor enseñanza que podemos sacar de esta entrada, es que nos olvidemos de todos nuestros prejuicios de aficionados y corsés. Tenemos que abrir nuestra mente para que las diferentes formas de interpretación de este arte tengan cabida y dar el mérito que tienen. La verdadera importancia, la darán los porqués que puedan dar unos y otros, sobre esa propuesta concreta que encontramos esa tarde. Y se abre el debate… Bendito debate.

Un saludo y muchas gracias José (por abrir nuestra mente de aficionado).

Jose Morente dijo...

Luis Miguel:

Gracias por su extenso comentario. Comparto (no podría ser de otra
forma) su propuesta y -entusiasta- la suscribo.

Mala es la situación actual de la fiesta pero no por la fiesta en sí sino más bien por las circunstancias del mundo que nos rodea. Y hay que aceptarlo.

Pero mientras tanto, disfrutemos del toreo como mejor sepamos. Nadie nos obliga a aplaudir lo que no nos gusta pero tampoco creo que tengamos derecho de imponer a bocinazos nuestros criterios personales, como usted denuncia.

Un fuerte abrazo

Pepe Plaza dijo...

Esta entrada pone de manifiesto el por que los toreros de "arrimón" ahogan las embestidas al no dejan recarcar las baterias de bravura del animal. El toreo de cercanias moderno es un handicap para que el toro bravo luzca su raza.

Sensacional entrada Sr.Morente

Jose Morente dijo...

Pepe Plaza:

Plantea además usted dos temas de interés: El arrimón y el cite sin distancia.

El primero parece un recurso aceptable al final de faena pues permitiría al torero dar tiempo al toro para que este pueda recargar sus gastadas baterías de la bravura, escondiendo la muleta detrás del cuerpo, lo que tiene un riesgo cierto.

Por lo que respecta al cite en cercanías se piensa (en frase muy gráfica) que "ahoga" la embestida del toro. Sin embargo ha sido admitido, en general, como medio de provocar la embestida en los toros muy tardos.

En cualquier caso, y como he dicho temás ambos los que usted plantea de máximo interés y merecedores quizás de una entrada en este blog (o dos).

Un fuerte abrazo y muchas gracias por su elogio

Vazqueño dijo...

Casualmente, sin haber leído esta entrada, en el mano a mano que vimos en Madrid el pasado domingo, en varios momentos de la corrida pensé en la cantidad de parones que estaban haciendo los toreros. Me llamó la atención la abundancia de tiempos muertos que se hacían incluso desde el principio de la lidia, quizá porque sobrepasaban el garboso paseo torero para que el toro recargue, acercándose más a un tiempo incómodo para el espectador y negativo para el espectáculo.

Todo esfuerzo fue inútil, los toreros querían cargar unas baterías de casta que ya venían vacias desde el chiquero.

Un abrazo.

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Como siempre plantea usted un tema candente y complejo.

Efectivamente, el respetar los tiempos de "recarga" correctamente no siempre suele ser fácil de compaginar con la necesidad de "entretener" al espectador.

El que torea o el que está a costumbrado a ver torear en el campo sabe que para torear bien no se puede tener prisa. Sin embargo, lo que para el buen aficionado es aceptable pues es consciente de que esos tiempos muertos son necesarios y gusta ver como juega con ellos el torero, puede convertirse en aburrido para el mero espectador ocasional desconocedor de estos matices.

Ello obliga, a veces, al torero a actuar con una premura que es contraria al buen hacer y, desde luego, perjudicial para su labor.

¡Dificil papeleta la de tener que elegir entre torear para el público o para uno mismo!

Un abrazo

Xavier González Fisher dijo...

José: Entre las cuestiones que planteas, veo dos que me invitan a "meter mi cuchara":

Primero: Hay de "paseos" a "paseos". Efectivamente, como dice Martínez y apuntan algunos comentaristas previos, el torero tiene que irse del toro, si no entre serie y serie, sí en algunos momentos de la faena, tanto para darle "respiro" (contradigo al "mandón") y efectivamente, para que no se distraiga con lo que está más allá de los engaños.

Incluso, esas salidas de la cara del toro permiten al diestro replantear las distancias conforme avanza la faena y no tornarla en una sucesión de "pases pegados" (torear no es "pegar pases"), sino convertirla en una obra estructurada y pensada.

Pero a veces, los "paseos" lo que implican es el querer salirse de donde el toro aprieta y exhibe la ineptitud o la búsqueda del aplauso ramplón y fácil y allí tengo que dar la razón a Corrochano. A mí tampoco me gustan.

En segundo lugar y creo que ya lo habrás leído, en la obra de Cantú que citas, se menciona que alguien le dijo a Manolo que "pensaba" como toro, pretendiendo significar que el torero entendía desde muy temprano en la lidia el comportamiento del astado y la posible evolución de éste durante su desarrollo y por ello encontraba de inmediato el sitio para colocarse y la manera de lidiar al toro en cuestión.

Por eso era que muchos toros "le servían", incluso aquellos que aficionados muy avezados pensaban que no tendrían "un pase".

Y coincido contigo, es una pena que la política y los despachos hayan impedido que le vieran en su plenitud.

Un abrazo.

Xavier González Fisher dijo...

Post - scriptum: A propósito de José Tomás. No olvidemos que la parte fuerte de su preparación como novillero aquí en México, la hizo precisamente a la vera de Manolo Martínez, junto con otros toreros como Finito de Córdoba (este ya matador de toros y al que Manolo le tenía mucha fe) y Sebastián Castella de los venidos de allende "el charco" y José María Luévano, Fernando Ochoa, los "Cuates" Espinosa, Arturo Manzur, César Alfonso "El Calesa" y Alfredo Ríos "El Conde", entre los que ahora me vienen a la mente de los de aquí.

Manolo los llevaba en las ganaderías suyas (a su nombre y "Los Ébanos"), las de Pepe Chafik y "El Colmenar" de su hermano Gerardo y con el patrocinio de una compañía cervecera, organizaron un certamen nacional de novilleros, dando festejos por todo México. En algún año aquí, en Aguascalientes, llegaron a dar más de 20 festejos.

Pero el asunto es, que mucho de la técnica de José Tomás está influenciada por la de Manolo Martínez, definitivamente.

Saludos de nuevo.

Jose Morente dijo...

Xavier:

Sobre su primer comentario, efcetivamente, debemos distinguir entre "paseos" y "paseos".

Lógicos y necesarios los que tiene como objeto dejar "reponer" al toro y criticables los que buscan "sólo" el aplauso o permiten al torero demorar el momento de enfrentarse al toro.

Aunque si se piensa despacio y se admite que al toro hay que dejarle tiempos muertos para recuperar las ganas de embestir, también es posible que el diestro necesite a veces "respirar" para recargar las baterías de su valor (Pues el valor es la bravura del torero).

Corrochano creo que iba por otro lado, pero es sólo mi opinión. En su época inicial, las faenas se daban seguidas. Aunque eso sí, con pausas y desplantes intermedios pero sin dejar la cara del toro.

En mi opinión, estos "paseos" (que no pausas) le viene bien al toro pues le dajan reponer y, como usted señala, también a veces al torero.

Segundo. Sobre Manolo Martínez. Un verdadero descubrimiento (que, por cierto, le temgo que agradecer sólo a usted). Vistas sus películas y leidas sus opiniones creo que a este torero se deben muchas de las cosas que hoy se saben del comportamiento del toro.

Precisamente, esta entrada era un pequeño homenaje a los toreros y a su intuición para descubrir (a costa de su propia sangre) cuestiones que luegon se corroboran cientificamente o se codifican desde el tendido por escritores y aficionados.

Eso, cuando los que no somos toreros queremos enterarnos de lo que realmente pasa en el ruedo (lo que no siempre ocurre)

Un fuerte abrazo

Jose Morente dijo...

xavier.

Respecto a su post-scriptum

Venía barruntando algo parecido pero me faltaba el dato que usted aporta y es la relación directa de Tomás con Manolo Martínez.

Aquí (En España) se le atribuye la formación taurina de JT casi exclusivamente a Antonio Corbacho y puede ser cierto en lo que respecta a una determinada actitud o postura vital.

Pero los mecanismos intrínsecos de la técnica creo que es más probable que provengan de otro parte que podría ser el mexicano Manolo Martínez.

Tema de interés el de esa relación pues ahí puede estar el "hilo" del, técnicamente magnífico, toreo actual.

Hilo en el que México, tanto tiene que decir. Caso de JT vía MM.

Pero también Juli y, hoy día, Talavante. Toreros todos formados en gran parte en esas tierras.

Otro abrazo