domingo, 11 de marzo de 2012

Preparando el remate

 

Belmonte-Pase de pecho (El Toreo p. 440) 001

El pase de pecho de Juan Belmonte era estéticamente magnífico. Sin embargo, para Juan el pase de pecho no era un pase de remate sino uno más dentro de su faena. Concepto más que discutible, pues al tratarse de un pase cambiado -y, por definición, toreo de expulsión- es mucho más coherente conceptualmente su utilización actual que lo convierte en el remate habitual de las tandas de naturales (o derechazos) que la que le daba el genial trianero. 

 

Preparando el remate de las series

Decíamos en anterior entrada de este blog que, en general, aficionados y críticos habían mostrado mucha preocupación por los pases aislados (como se dan o deben darse los naturales, los derechazos, la verónica, etc.) y, sin embargo, poca o muy poca (por no decir nada) sobre la manera de engarzar un pase con otro.

En ese sentido, uno de los problemas que plantea el toreo en redondo, que es el que hoy se practica mayoritariamente, consiste precisamente en rematar la tanda. Algo importante pues como decían los antiguos, el buen toreo es el toreo “bien arrematao”. Aunque al hablar de remate no nos referimos aquí al tipo de pase que se utiliza (de pecho, trinchera o molinete), que esa es otra cuestión, sino a la forma de ligar el último pase de la tanda con el pase de cierre.

Y es que, sobre este tema, la única reflexión que suele hacerse es la relativa a la conveniencia de que el pase de pecho que remate una tanda de naturales (o derechazos) venga forzado por la trayectoria del toro. Se justiprecia que sea un pase obligado y se quiere quitar importancia al pase de pecho preparado.

Y no es eso. Sin perjuicio de reconocer la indudable emoción que tienen las situaciones en las que el toro puede imponerse al torero (por falta de mando o de capacidad o, incluso, por simple poderío del astado) prefiero personalmente aquellas otras en que la inteligencia del torero se impone a la del toro, y ello por muy bien que el diestro resuelva, valientemente y provocando la emoción del público, las situaciones complicadas que se encuentre. Todo tiene su mérito.

 

En la película Paco Camino (diestro mandón donde los haya) ante una situación poco habitual en él. Camino resuelve, con un magnífico obligado de pecho, un achuchón del toro. Tiene mérito y resulta emocionante pero, para mí personalmente, hay igual mérito cuando el torero tiene capacidad de dominar plenamente al toro y consigue evitar estos avatares. Lo que hacía genial y generalmente el diestro de Camas.

 

6 modos, 6

Sin embargo, digresiones apartes, el tema planteado y que nos interesa aquí es la forma de ejecutar el último pase de la tanda (en rigor, el penúltimo) para preparar el pase de cierre y cuyas opciones vamos a ver.

Hemos inventariado a vuela pluma y en primera aproximación, hasta seis modos distintos aunque puede que existan más o que a alguien se le ocurra o recuerde algún otro. Se agradecen pues las aportaciones a esta cuestión.

Esta variantes la hemos agrupado según que el pase de remate se realice por el pitón contrario o por el mismo pitón por el que se dieron los pases de la tanda.

El finalizar la tanda por el pitón contrario será lo habitual pues se introduce el toreo cambiado dentro del toreo al natural o en redondo con lo que se acentúa el carácter de remate del último pase, al marcar las diferencias, lo que resulta más lucido. Los cuatro primeros modos reseñados se encuadran en este supuesto.

Por contra, cuando el toro tenga un pitón imposible o por elección del torero se quiera optar por rematar por el mismo pitón, es necesario cambiar de mano la muleta lo que hemos visto ejecutar generalmente por la espalda y de dos formas distintas.

 

Remates por el pitón contrario

Primer modo. Un pase por alto.

El primer ejemplo de este modo se lo hemos asignado a Antonio Chenel Albadalejo.

Antoñete es ejemplo de torero de línea natural (que no contraria) por lo que solía rematar dando el último pase de la serie muy por arriba y hacia afuera, lo que desplaza mucho al toro en línea recta, dejando caer la muleta por su propio peso y esperando que el toro reponga y se cuadre sólo.

Chenel (al que gustaba dejar a los toros a su aire y no forzarlos u obligarlos) engendraba el de pecho con una traza también muy lineal, lo que facilita la salida airosa del diestro.

Lo vemos.

 

 

Por la derecha, la ejecución es idéntica. En este caso, el maestro es Antonio Ordoñez, quien resuelve de paso el destrozo en la muleta provocado por un pisotón  del toro.

 

 

Segundo modo. Por bajo con la derecha.

Lo habitual sin embargo es dar por bajo el último pase de la tanda.

Cuando se hace con la izquierda, el vuelo de la muleta es menor. Por el contrario, por el lado derecho, al llevar montado el estoque el giro de la muleta se acentúa lo que da lugar a un verdadero pase de la firma. Es, con esta mano y por la ayuda de la espada, donde este pase gana en prestancia.

Paco Camino, el grandísimo diestro español pero mito en México, remata la tanda por la derecha con el pase de la firma donde la muleta describe un grácil giro primero hacia dentro y luego hacia afuera. Toreo por abajo (que no por bajo) que exige garbo y naturalidad. Un ejemplo de máxima elegancia torera.

 

Viendo torear aquí a Camino al toro Catrín, se comprende porque se llama “en redondo” al toreo en redondo.

 

Tercer modo. Por bajo con la izquierda

Por el contrario con la izquierda, esta forma de resolver la tanda se convierte en pura insinuación. El ejemplo nos los proporciona ahora Manolo Martínez en una sensacional faena de 1977.

El juego de muñeca es magnífico y el pase resulta mucho más sugerido que visto al no ayudar la espada ni ayudar el brazo (el codo). Sutileza que se acentúa por el concepto del toreo que tenía este diestro, cuyos pases estaban plenos de longitud, temple y suavidad.

 

 

Cuarto modo. El Martinete

Manolo Martínez, al que acabamos de ver, ha sido uno de los máximos mandones del toreo mundial aunque en España -para nuestra desdicha y desespero- no toreó demasiado pues sólo hizo -en nuestras tierras-  temporada y media. Muy poco para un diestro de tanta categoría. Sin embargo, todavía hoy, lo recuerdan los que tuvieron la fortuna de verlo.

Manolo andaba sobrado como torero, por lo que introdujo una incidencia en la preparación del remate de la tanda, con objeto de acrecentar el interés, que consistía en dar el torero, mientras el toro reponía, un emocionante giro sobre sí mismo para volver a quedar ante la cara de la res. 

 

El pase fue bautizado como Martinete en honor al apellido de su creador, el gran torero mexicano. Un nombre evocador también de sones de fragua gitana.

Aunque lo habitual era ejecutarlo con la muleta en la derecha, el diestro mexicano también lo daba por la izquierda e, incluso, a pies juntos. Lo vemos ahora en el remate de una tanda de naturales.

 

 

Remates por el mismo pitón

Vamos a ver finalmente las dos variantes que conocemos para rematar la serie por el mismo pitón por el que se han dado los pases de la tanda.

Estas variantes, que vamos a ver, suelen ser generalmente utilizadas con toros de sentido para no tener que rematar el diestro la tanda por el pitón “malo” de la res.

Quinto modo. Cambio de muleta por la espalda (antiguo)

Para rematar por el mismo pitón es necesario, como hemos dicho, cambiar la muleta de mano, lo que se suele hacer por la espalda y girando en sentido contrario al viaje del toro.

Antes, sin embargo, el giro del torero se hacía en el mismo sentido del viaje del toro. Es pena que se haya perdido esta forma de ejecutar el cambio de muleta, pues resultaba muy torera y elegante. Tiene además la ventaja de que no se pierde la cara al toro lo que resulta muy apropiado cuando el toro tiene la casta y el empuje como el que aquí torea Paco Camino.

 

 

Sexto modo. Cambio de muleta por la espalda (moderno)

La variante más moderna es la que consiste en cambiar la muleta por la espalda pero girando el torero en sentido contrario al del pase. En mi opinión, esta variante gana en espectacularidad –respecto a la anterior- lo que pierde en elegancia.

 

 

Pero hay más

Como hemos dicho, los modos inventariados no agotan la capacidad creativa de los diestros capaces de resolver situaciones inesperadas ante la cara del toro proponiendo nuevas soluciones a estos problemas de siempre.

Especialmente, no ya la preparación del remate de la que hemos hablado en esta entrada, sino el propio remate ha sido objeto de matices e incidencias que demuestran la capacidad de inventiva de los diestros. Desde doblar el pase de remate (dando dos e incluso tres pases de pecho por ejemplo como comentaba Pocho Paccini desde Lima) hasta intercalar un pase de adorno entre el último de la tanda y el de cierre (Como el farol vitigudino que nos recordaba  Oselito).

 

 

Respecto a esta última solución (intercalar un pase de adorno antes del de cierre), rematamos la entrada con este remate de Manolo Martínez al toro Toñuco de Mimihuapan, el 3 de diciembre de 1967, donde resuelve el cambio de mano por la espalda mediante una arrucina previa.

¡Sencillamente genial!

 

 

 

Los “trabajos de campo” necesarios para preparar este artículo no hubieran sido posibles sin la colaboración del buen aficionado Antonio Ríos “San Miguel”. Es de justicia reconocerlo públicamente.

6 comentarios:

POCHO PACCINI BUSTOS dijo...

Hola José

Usualmente se ve en el toreo actual que algunos toreros dan hasta tres pases de pecho seguidos. Lo cual obviamente es de mal gusto y denota en mi opinión falta de oficio, ,ya que es como si una persona se despidiera de otra estrechándole la mano hasta en tres oportunidades.

Saludos y gracias por los envíos.
POCHO

Jose Morente dijo...

Pocho:

Evidentemente, siempre se ha considerado que con un remate debe bastar y basta para el aficionado.

No obstante, es también evidente que "doblar" el remate provoca la reacción más que positiva del público lo que quizás explique porqué los toreros dan hoy dos o, en algunos casos, tres pases de pecho de remate, como usted acertadamente señala.

Pero no creo que ese alborozo se deba sólo al desconocimiento de los espectadores. Los aficionados antiguos siempre han tenido como meritorio el mero hecho de repetir una misma suerte, de engañar al toro de la misma forma varias veces seguidas(las 5 verónicas sin enmendarse de Belmonte o los 4 pares al quiebro de Joselito por el mismo pitón del toro). Era el "non plus ultra" del toreo.

Manolo Martínez, por ejemplo, en sus mejores tardes ejecutaba dos veces seguidas la suerte del martinete como remate de la misma tanda. El alborozo que se producía entre los espectadores era tremendo como se puede ver en la faena al toro Presidente en youtube (minuto 2:45) (http://www.youtube.com/watch?v=XJdoC5R0u64&feature=related)

Un fuerte abrazo

Oselito dijo...

No falta el farol vitigudino? Saludos y enhorabuena por el post y los anteriores. Un abrazo.

Jose Morente dijo...

Exacto, Oselito.

El farol del Viti entraría en la categoría de "Pero hay más" donde incluía la arrucina intercalada por Manolo Martínez entre el último derechazo de la serie y el de pecho.

El Viti intercalaba un farol despues del último natural y antes del pase de pecho. A veces como en Sevilla eran dos faroles seguidos.(http://www.youtube.com/watch?v=SqSQM3Gzbto - minuto:2:27)

Sin embargo esto ya no entra en los modos técnicos de mover el engaño para preparar el remate (de los que contabilizaba 6 diferentes y que eran el objeto de la entrada del blog) sino en la fantasía creadora de los toreros y que pasa por darle mayor complejidad e incidencia al pase (o pases) de remate. Cuestión distinta que quizás merezca una entrada del blog.

Un fuerte abrazo

Jose Morente dijo...

Oselito:

He insertado la película del Viti en Sevilla en la entrada del blog respondiendo a su sugerencia

Un abrazo

Oselito dijo...

Ya la vi, gracias, qué torerazo!