sábado, 2 de junio de 2018

Prevaricación

Por Jose Morente

El Presidente José Magán, en el palco de las Ventas, a punto de provocar un altercado de orden público por mor de su incompetencia y desconocimiento.
Artículo 82 del vigente Reglamento de Espectáculos Taurinos

1. Los premios o trofeos para los espadas consistirán en el saludo desde el tercio, la vuelta al ruedo, la concesión de una o dos orejas del toro que haya lidiado y la salida a hombros por la puerta principal de la plaza. Únicamente, de un modo excepcional, a juicio de la Presidencia, podrá ésta conceder el corte del rabo de la res.

2. Los premios o trofeos serán concedidos de la siguiente forma: los saludos y la vuelta al ruedo los realizará el espada atendiendo, por sí mismo, a los deseos del público que así lo manifieste con sus aplausos. La concesión de una oreja se realizará por el Presidente a petición mayoritaria del público; la segunda oreja de una misma res será de la exclusiva competencia del Presidente, que tendrá en cuenta la petición del público, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada.
(...)

Artículo 33.7 Los espectadores, mediante su exteriorización tradicional, podrán instar la concesión de trofeos a que se hubieran hecho acreedores los espadas al finalizar su actuación.


Definición de prevaricación (de Wikipedia)

La prevaricación, o prevaricato, es un delito que consiste en que una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta y contraria a la ley. Es comparable al incumplimiento de los deberes del servidor público. Dicha actuación es una manifestación de un abuso de autoridad

Está sancionada por el derecho penal, que busca la protección tanto del ciudadano como de la propia Administración. Para que este delito sea punible, debe ser cometido por un servidor o juez en el ejercicio de sus competencias.

La misión de los jueces es la de aplicar el derecho vigente al caso concreto. El ejercicio de esa función se denomina «jurisdicción», es decir, la esfera o el ámbito en el cual se puede desenvolver un funcionario judicial. Cuando un juez se aparta voluntariamente de la aplicación del derecho al caso concreto comete un delito del derecho penal que se denomina prevaricato.


Declaraciones del presidente José Magán tras la corrida del 11 de mayo 
(El País-Alejandro Martinez))

Para mí, no había mayoría y creo que la faena no era de oreja”. Así explica el presidente de la plaza de toros de Las Ventas, José Magán Alonso, su decisión de no conceder la oreja a Saúl Jiménez Fortes tras la faena al sexto toro del cuarto festejo de la Feria de San Isidro, celebrado este viernes en el coso madrileño. Su decisión no solo fue muy contestada en la plaza, con una fuerte bronca de gran parte del público, sino también en muchos medios de comunicación taurinos y en las redes sociales.

Pero Magán Alonso, inspector jefe de la Policía Nacional, no se arrepiente: “Soy consciente de la decisión que tomé y estoy convencido de que era lo que tenía que hacer”, ha afirmado en declaraciones a EL PAÍS. “La plaza de Las Ventas da mucho y creo que hay que mantener su identidad. No es lo mismo dar orejas en Madrid que en Guadalajara, Toledo o Aranjuez. Madrid tiene que ser más exigente. Así lo entiendo y trato de hacerlo”.





Poco que añadir

La verdad es que el tema da poco de sí. El reglamento vigente establece taxativa y claramente que la primera oreja la concede el presidente a petición mayoritaria del público. No hay más. Ni la calidad de la faena, ni la categoría de la plaza, ni el comportamiento del astado, ni cualquier otra circunstancia entran o pueden entrar en liza. Gustará o no, pero eso es lo que estipula el reglamento a cuyo cumplimiento están obligados los presidentes de las plazas de toros.

El 11 de mayo pasado, la faena de Saúl Jiménez Fortes al sexto toro de la tarde concitó la admiración y entusiasmo de los espectadores de las Ventas que, de forma mayoritaria, solicitaron la concesión de la oreja para el diestro malagueño. Oreja que el Presidente denegó. En su descargo, el señor Magán adujo en entrevista a Alejandro Martínez de El País dos argumentos: Que no había mayoría y que la faena no era de oreja.

Lo primero (que no había mayoría), no se sostiene a la vista de lo expresado mayoritariamente por el público en la plaza (que no es sólo y necesariamente exhibiendo pañuelos, como aclara el reglamento actual pues tan tradicionales son ya los gritos de júbilo y demanda de trofeos como el sacudir de moqueros blancos, prendas ya en desuso) y los revisteros en la prensa (de forma unánime). Lo segundo (que la faena no era de oreja), menos aún pues sólo prueba la incompetencia y desconocimiento del toreo por alguien a quien se le encomienda la delicada misión de presidir una corrida.

Lo grave es que los motivos aducidos: la valoración del mérito ("la faena no era de oreja") o la función autoasignada de defender la supuesta categoría de la plaza ("Madrid tiene que ser más exigente") son inaceptables e indefendibles pues van contra la letra y el espíritu del reglamento.

En ese contexto solo hay dos opciones: O el presidente desconoce el reglamento taurino, lo que lo inhabilita directamente para el cargo por incompetente (incompetencia que avala el crítico de El País, Antonio Lorca), o bien desdeña, desecha, menosprecia, subestima, posterga y se burla de ese reglamento que, en teoría, tiene la obligación de aplicar, como se deduce de sus propias declaraciones, lo que presupone, lisa y llanamente, que incurre en prevaricación. Así de sencillo. 

Otra cuestión es la de los intereses espurios de quien nombra y mantiene en el cargo a este tipo de Presidentes. Eso sí habría que investigarlo.

La repulsa al hecho que comentamos ha sido unánime. Tan unánime que hasta la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España (ANPTE) se lamentaba de lo sucedido en las Ventas el día 11 de mayo y cuestionaba los criterios de nombramientos de presidentes taurinos en la Comunidad de Madrid.
Epílogo. No hay dos sin tres.

Lo peor es que el Presidente era reincidente pues ya en su debú en el cargo, el día 8 de abril, negó otra oreja mayoritariamente solicitada al novillero Carlos Ochoa.

Y como no hay dos sin tres, el sábado 26 de mayo, también a otro novillero, Francisco de Manuel, el Presidente de ese día (Gonzalo de la Villa  Parro) le privó de la salida a hombros por la Puerta Grande de las Ventas al negarle la primera oreja de su segundo novillo pues ya había cortado otra al tercero, la tarde de los interesantes novillos de Fuente Ymbro). Fuimos testigos.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Por las mismas razones deberían darles boleto a presidentes que devuelven un toro a los corrales por manso, o que conceden orejas por faenas sin entidad o por estocadas defectuosas. De hecho, si fuera por el artículo 82.2 que usted invoca, el 90% de los presidentes de las plazas de toros de España serían "prevaricadores". No voy a entrar en si la faena era o no de oreja; en lo que sí entraré, es en que es más fácil que se censure y vilipendie a los presidentes por llevar la contraria en la concesión de orejas, y no lo hagan cuando de manera flagrante se dejan llevar por el triunfalismo reinante, y conceden orejas, rabos e indultos sin criterio alguno, y contraviniendo (esta vez sí) de forma taxativa el Reglamento. En este sentido, ningún palmero del taurineo criticó al presidente del indulto de Orgullito, a partir de lo expuesto en el artículo 60.1 del Reglamento Taurino andaluz: "cuando una res por sus características zootécnicas y excelente comportamiento en todas las fases de la lidia sin excepción y, especialmente, EN LA SUERTE DE VARAS, sea merecedora del indulto, podrá concederlo la Presidencia".
Pero claro, el señor Magán no es miembro de la ANPTE, de la que no se espera el reproche al presidente que devolvió a corrales un toro por manso.
Un saludo

Jose Morente dijo...

Anónimo:

De acuerdo con lo devolver un toro por manso a los corrales (merece reproche) y, en desacuerdo por lo de las orejas sin entidad o con estocadas defectuosas (pues nada dice el reglamento al respecto y se convierte en cuestión subjetiva).

Por eso no puedo estar de acuerdo con su valoración sobre el triunfalismo reinante entre otras muchas razones porque la fiesta de los toros o es popular o, sencillamente, no es. Secuestrar, como hace el reglamento (todos los reglamentos) la voluntad popular y democrática) y entregarla al arbitrio de una sola persona (el presidente) siempre me ha parecido un abuso de la autoridad. En mi opinión, y en esta materia, todo el poder debe ser para el pueblo. Se equivoque o no, Nos guste o no. Discutir la voluntad popular en nombre de no se sabe que tipo de elitismo nunca me ha gustado.

Mis criterios no suelen coincidir siempre que los del público pero tengo claro que es el público (todo el público) el que tiene que mandar en las plazas no ninguna minoría.

Por lo que respecta a la ANPTE, creo que harían bien también en reprochar la devolución del toro manso (por antirreglamentaria). Espero que lo hagan.

Un saludo

Anónimo dijo...

El artículo del Reglamento que usted nombra cita expresamente que para la concesión (si bien del segundo trofeo) el presidente tendrá en cuenta, "fundamentalmente, la estocada" (en mi opinión, debería incluir tanto la ejecución como la colocación).
O se es iusnaturalista o se es positivista; se pueden citar los errores en el reglamento o sus posibles alternativas, pero criticar a un presidente por no cumplir el reglamento, y acto seguido decir que el reglamento secuestra la voluntad popular, resulta poco congruente.
La particularidad de la fiesta de los toros es que requiere de cierto aprendizaje, continuidad y estudio, por lo que, sinceramente, siempre antepondré el criterio del aficionado cabal al de la turba del clavel y del gin tonic, por lo que discrepo de dejar el curso del festejo en manos de esa democrática voluntad popular. Las normas están para cumplirlas, guste o no guste; Aristóteles decía que la ley es la razón desprovista de pasión, y de ahí la necesidad de reforzar y de hacer cumplir el reglamento, en todos los sentidos, y aunque ello suponga un enfrentamiento con esa teórica voluntad popular, a fin de salvaguardar la integridad y la seriedad del espectáculo.

Jose Morente dijo...

Anónimo 2:

En absoluto. No hay contradicción alguna pues una cosa es criticar el Reglamento y otra pedir que se cumpla mientras no se modifique. Hemos pedido que se cumpla el reglamento en la concesión de la primera oreja y (aunque critiquemos, con toda la razón del mundo, el sistema actual) nunca hemos pedido que no se cumpla en lo que respecta a la concesión de la segunda oreja.

Quien se contradice es usted.

Primero, porque entregar el poder de decisión de la concesión de trofeos a una élite (por muy culta que sea) si que es una contradicción cuando estamos hablando de una fiesta popular y que necesita ser popular si queremos que perviva.

Y, segundo, porque precisamente, lo que pedimos es lo que usted pide cuando dice que "las normas están para cumplirlas, guste o no guste". Pues eso pedimos... que se cumpla el reglamento en la concesión de la primera oreja. Pedimos que se cumpla el reglamento no sólo cuando le pete o le convenga a unos cuantos, sino también que se cumpla cuando lo pida -reglamentariamente- la mayoría.

Así de simple, así de sencillo, así de aristotélico.

Anónimo dijo...

El indulto de Orgullito sí que fue reglamentario y aristotélico. Una cosa es querer una fiesta popular y otra querer una fiesta en poder de la masa (en su concepto orteguiano), que es lo que está ocurriendo. Y si usted quiere una fiesta popular, lo primero es respetar al aficionado, y garantizar la integridad del espectáculo en todas sus facetas. Y, por favor, no retuerza mis palabras y no sea demagogo, que yo no me he referido a una "élite" ni a "unos cuantos", sino a los "aficionados cabales" (y no precisamente al 7), con sus diferentes conocimientos, experiencias, criterios y cánones, y entre los que puede encontrarse usía (o no, no lo conozco tanto). En este sentido, si usted de verdad quiere popularizar (o lo que sea) la fiesta, en lugar de escribir sobre la cuestión auricular, que no es ni trascendental ni perentoria, escriba sobre la falta de transparencia de los reconocimientos veterinarios (actos administrativos a los que debería dotarse de publicidad) o en la designación de las reses que acaban en el ruedo, o los tejemanejes de los despachos que acaban dejando fuera de las ferias a toreros que se lo han ganado en el ruedo, que son, en definitiva, informaciones que sí deberían llegar al conocimiento del que paga su abono o su entrada. O la oscuridad en los emolumentos de los toreros, si bien una cuestión eminentemente privada, pero que reincide en el precio de las entradas que el aficionado paga.

Los mejores ejemplos de fiesta popular (y de nuevo, no me encasille como hizo en el anterior comentario) los tiene usted en Céret, Vic-Fezensac, Alès, Azpeitia, ferias organizadas por aficionados pensando en el aficionado, sin un Casas, Matilla o Chopera ni ningún otro empresario de por medio, ferias donde se publican las fotos de los toros a lidiar con bastante antelación, donde se procede a análisis post-mortem en caso de posible manipulación y se hacen públicos, y con una afición en constante movimiento durante todo el año.

Jose Morente dijo...

Anónimo 2:

Se encasilla usted solo, me temo, con sus opiniones. En realidad, nos encasillamos todos.

Personalmente, tanto me da la referencia hecha a unos "cuantos" como a los aficionados "cabales" como a una "élite" autoimpuesta. Al final, la cuestión siempre es la misma: la pretensión de unos "cuantos" de decidir que es lo que está bien y lo que está mal; lo ortodoxo y lo heterodoxo; lo correcto y lo incorrecto; lo bueno y lo malo.

El mundo taurino se divide así entre los que saben (ustedes) y el resto (los villamelones entre los que gustosamente me incluyo).

Eso sí, le agradezco el tiempo que dedica a "instruir" y "educar" a los que -como yo- no tenemos sus conocimientos en la materia. De verdad.

Un saludo.