miércoles, 22 de marzo de 2017

El insólito peligro de los arpones

Por Jose Morente

La belleza del toro bravo en el campo. Estampa y trapío. Pasmoso, el toro indultado en Valencia el pasado día de San José, recuperándose de sus heridas (Foto Aplausos)

Según declara su ganadero Justo Hernández, el toro Palmoso indultado el día de San José en Valencia, está ya en el campo, restableciéndose de sus heridas. Las primeras curas se las hizo en la propia plaza el mayoral de la ganadería, hombre ya experto en esas lides. Posteriormente, fue intervenido con más profundidad por los veterinarios de la ganadería.

Lo curioso es que las heridas más graves no han sido las provocadas por los puyazos sino por el arpón de la divisa: Como cuenta el propio ganadero:
"Fue una cura más importante. Se le quitaron los arpones de las banderillas, se curaron los puyazos y se vio que lo que peor estaba era la divisa, porque el arpón se hundió para adentro y había que sacarlo sin hacer grandes destrozos". 
Aunque pueda resultar sorprendente, el caso es parecido, en cierto modo, a lo que ocurrió con Velador como nos recuerda Javier Sanz. En julio de 1982, Joaquín Vidal informaba del estado del toro indultado en las Ventas y recogía las información que le facilitaba el propio ganadero, Victorino Martín, pocos días después del evento.

Según Vidal, un veterinario de la Unión de Criadores de Toros de Lidia la había curado, quitando los arpones de las banderillas y de la divisa.
"El Victorino tenía, aparte los desgarros ocasionados por dichos arpones, tres grandes boquetes, como consecuencia de otros tantos puyazos. Los más graves eran uno en un costado y, sobre todo, otro justo en la cruz donde, además de la puya, había penetrado la banderilla con que Ortega Cano simuló la suerte de matar. Con tanta decisión y fuerza la clavó el diestro, que. de poco lo mata de verdad".
O sea que, al final, al Victorino estuvieron a punto de matarlo, no los puyazos, sino el arpón de la banderilla con la que se había simulado la suerte suprema igual que al toro de Domingo Hernández, le pudo costar caro el arpón de la divisa,

Como diría Luís Fernández Salcedo, parece cosa de cuentos si no fuera porqué es verdad. Y es que la verdad a veces es más fantasiosa que los cuentos.

Ortega Cano entra a matar a Velador (que no Belador) con la banderilla que pudo costarle la vida... al toro (Foto de la web de Victorino Martín)

martes, 21 de marzo de 2017

La cárcel de papel taurina (VIII) El público valenciano en la picota

Por Jose Morente
Si el indulto del último toro lidiado en las Fallas del 2017 ha generado una fuerte polémico en las redes sociales, no menos la causó la discutible vuelta al ruedo al 4º toro de ese mismo festejo o las dos orejas concedidas a Perera unos días antes. Lo que resulta indiscutible es la alegría de los espectadores asistentes (Foto: Alberto de Jesús para Mundotoro)

NOTA DE LRI: Frente al público que sólo va a divertirse, el público que sólo va a enjuiciar. Frente al espectador que concibe el toreo como una Fiesta (en la que participa sin entrar en más complicaciones), el que lo concibe como un rito sagrado (del que se considera depositario y defensor de sus esencias).

Dos posturas antagónicas y aparentemente irreconciliables que han obligado al Alto Tribunal Superior del Toreo a tomar cartas en el asunto y emitir una Sentencia ejemplar que, sin embargo, no contentará a ninguna de las partes en litigio, lo que será prueba palpable de su equidad e imparcialidad pues en el término medio está la virtud. 





En Valencia, a 21 de marzo de 2017, reunidos los miembros del Alto Tribunal Superior del Toreo, para juzgar a los aficionados valencianos, por su actitud complaciente y en exceso festiva en la corrida celebrada en esa capital el día de San José del año de gracia de 2017, así como en el resto de las corridas falleras según denuncia interpuesta por la Organización Mundial de Aficionados Integristas Taurinos y Adláteres (conocida como OMAITA).

RESULTANDO Que, según el denunciante OMAÍTA, los citados aficionados valencianos se comportaron el día de autos,  de forma festiva y vocinglera sin el rigor, gravedad y seriedad que se supone se debe a un rito centenario por no decir milenario, como es el toreo a pie.

RESULTANDO Que según el denunciante OMAÍTA, la actitud del público con su prodigalidad en la petición de trofeos -trofeos concedidos por un palco complaciente y sin rigor-, conlleva que se banalice el triunfo, se rebaje el mérito y, por ende, reduce el objetivo y la intención del torero en la plaza a la mera obtención de esos apéndices auriculares convirtiendo el final de la lidia de cada toro, en mero reparto de despojos (léase casquería).


RESULTANDO Que aunque la concesión del -inmerecido según el denunciante OMAÍTA- premio de vuelta al ruedo al 4º toro de la tarde (de nombre "Malagueño") se debe atribuir a la impericia del Presidente de la corrida, dicho hecho cabe imputarlo también al debe de los aficionados valencianos asistentes al festejo, pues está fuera de duda -según el denunciante- que fueron ellos lo que con su jolgorio continuado durante toda la tarde -y durante toda la feria- crearon el ambiente propicio que para que se produjera tal desafuero: Y, en cualquier caso, también se debe a los aficionados imputados la irresponsable petición de indulto del toro 6º (de nombre "Pasmoso") que -otra vez según los denunciantes- no era en ningún caso merecedor a dicho galardón.

CONSIDERANDO. Que este Alto Tribunal comparte las tesis mantenidas por los denunciantes relativas a lo excesivo de algunos de los premios y galardones otorgados y también las relativas al valor histórico de la Tauromaquia como rito. Un rito que, sin perjuicio de las modificaciones impuestas por modas y nuevos modos, presenta valores ancestrales que no cabe desconocer, obviar o mixtificar y que merece nuestra protección.

CONSIDERANDO Que, no obstante, lo anterior, también es secularmente reconocido el carácter festivo y bonancible del público valenciano, hasta el punto que su filiación torerista antes que torista deviene en seña de identidad propia, carácter que también es merecedor de la protección de este Alto Tribunal, so pena de caer en una globalización tan injusta como perniciosa si se quiere mantener la tradicional idiosincrasia de cada plaza.

CONSIDERANDO Que resulta evidente que no corresponde a este Tribunal entrar en la valoración artística de la actuación de los toreros ni en el análisis del comportamiento de las reses lidiadas en la plaza, pues dicha tarea compete en exclusiva a los aficionados y, de entre ellos, sólo a los asistentes al festejo o sea a aquellos que han abonado religiosamente su entrada y cuyas manifestaciones de agrado o desagrado a cuanto acontece en la plaza son inapelables e indiscutibles, sin perjuicio de que deban ser moduladas legalmente por la autoridad competente 


CONSIDERANDO Que no obstante lo anterior, este Alto Tribunal puede exigir a los aficionados asistentes a los festejos un mínimo de rigor y coherencia en su comportamiento aunque siempre de conformidad a la categoría de la plaza y, sobre todo, a su tradicional carácter que en ningún caso, debemos traicionar o modificar de forma artificial.

CONSIDERANDO Que resulta evidente que una actitud alegre y positiva en los espectadores asistentes a estos espectáculos ha causado más beneficios que inconvenientes no sólo moralmente sino desde cualquier punto de vista y como tal debe procurar mantenerse, mientras que el exceso de rigor, casi siempre injustificado, acarrea desazones y rechazos lógicamente comprensibles y la huida de las plazas de las mayorías que debemos procurar atraer a ellas.

CONSIDERANDO Que, pese a todo, este Tribunal está obligado a resolver el conflicto planteado buscando una solución equilibrada y razonable que conjugue de forma adecuada los contrapuestos intereses en juego

Por todo ello, a la vista de todo lo anterior y de las pruebas documentales aportadas por las partes y que, por innecesarias y conocidas no reproducimos


FALLAMOS Que no procede condenar a los aficionados valencianos a la pena de extradición solicitada por OMAÍTA,


De igual modo, FALLAMOS que no obstante si procede reconvenir a dichos aficionados para que, entren en cordura, sin perjuicio de mantener el talante alegre y festivo que a la afición valenciana caracteriza, por lo que debemos imponer, a cada uno de los asistentes al festejo del día de San José del presente año, la PENA de asistir -individualmente o en un grupo- a un mínimo de dos corridas del ciclo isidril (y una de ellas, al menos, de carácter torista) debiendo hacerlo necesariamente (y sin que sirvan excusas) bien en el Tendido 7 o en la Grada 6, una vez que desparecida en combate la Andanada del 8, no sirve dicha localidad a los fines regeneracionistas que pretendemos.

Por lo que respecta al demandante OMAÍTA y si bien no se se aprecia en su denuncia dolo que haga necesario imposición de costas, también estima este Tribunal necesario moderar el celo -excesivo- que estos aficionados integristas ponen en la defensa de la Fiesta, que consideran de su exclusiva propiedad. Resultando que los árboles de los errores cometidos (evidentes aunque aquí conviene recordar aquello de "errare humanum est") les impide apreciar el árbol de la grandeza actual de la Fiesta por lo que también se les CONDENA, esta vez a petición del Ministerio Fiscal, a la PENA de tener que asistir -individualmente o en grupos- a un mínimo de dos corridas de las próximas Fallas del 2018, de las cuales una necesariamente debe corresponder a un cartel de figuras y con toros de Garcigrande o Cuvillo (Zalduendo nos parece excesivo).

Todo ello en el entendimiento, por parte de este Alto Tribunal, de que relativizar las cosas es necesario y que tan nefasto puede ser el extremismo torerista que todo lo acepta como el extremismo torista que todo lo niega.

Lo que declaramos en Valencia para su ejecución inmediata y sin que quepa interponer recurso alguna contra esta nuestra meditada y entendemos que moderada resolución.


Pasmoso de Domingo Hernández, el toro indultado por López Simón, en la última corrida de las Fallas de 2017(Foto: Alberto de Jesús para Mundotoro)

sábado, 18 de marzo de 2017

Los errores de estrategia se pagan muy caro

Por Jose Morente

Las tácticas de los antitaurinos para lograr la abolición de la tauromaquia son mucho más coherentes e inteligentes que las de los aficionados a los toros para defenderlo

Leyendo estos días el manual del activista que aparece en la página web de la asociación Anima naturalis, encuentro un punto tercero que me ha llamado poderosamente la atención. El título es "pureza personal vs. activismo efectivo"

La idea que transmite es sumamente simple pero eficaz. Los ideólogos de esta asociación vienen a recordar a sus prosélitos que anteponer el idealismo utópico a la obtención de objetivos concretos, posibles e inmediatos, aunque menos ambiciosos, es un error de estrategia que se paga caro.

Y es que no tiene sentido -dicen- ensarzarse en discusiones por todo y contra todos en defensa de su bienintencionada causa. El objetivo no es acabar de golpe -sería utópico- con el maltrato animal sino conseguir que -poco a poco- cada vez exista menor maltrato. Y hacerse antipáticos y retrógrados a los ojos de los demás por plantearles exigencias imposibles, por pedirles el todo o nada a los no convencidos, va contra ese objetivo, va contra la causa del animalismo.

En resumen, que la defensa de un ideario excesivamente purista perjudica más que beneficia a su causa.

El discurso de los ideólogos animalistas creo que es aplicable a nosotros, a los aficionados a los toros. Somos muchos los que hemos olvidado que lo importante no son los matices o nuestros gustos personales (siempre discutibles) sino la propia pervivencia de la Tauromaquia hoy puesta en entredicho a nivel mundial por la marea animalista.

Una marea que será cada vez más imparable si en vez de ensalzar y difundir los indiscutibles valores de la Fiesta nos dedicamos única y sistemáticamente a poner el acento en lo negativo. En rigor, de poner el acento en lo que a nosotros nos parece negativo.

No se trata de ocultar la verdad ni mentir (ni mucho menos) pero tampoco de sacar a la palestra solo lo que nos perjudica. Eso, como saben los buenos estrategas del animalismo, es un grave error de estrategia y los errores de estrategia se pagan, al final, muy caro.

viernes, 17 de marzo de 2017

Postales taurinas (XIX) El poderío capotero de Roca Rey

Por Jose Morente

Roca Rey toreando al natural y en redondo con el capote a una mano en Valencia (Foto de Mikel Ponce para ABC)

Y fue en el sexto de una corrida de Cuvillo que no acabó de romper. Andrés Roca Rey, le recibió con el capote con templanza, en unas muy mecidas y medidas verónicas. Magnífico toreo de capa. De gran categoría.

Pero lo importante vino en el quite después de ese cite por saltillera al cambio que se está convirtiendo en marca de la casa desde que la estrenará, creo que en Dax el pasado año, y que tanto impacta al público. 

Después del suspense de su sensacional saltillera, vino el cante grande al natural con el capote cogido por un extremo. Fueron tres naturales parsimoniosos, lentos y largos como las olas del mar. Puro toreo en redondo abrochado con el pase de pecho, también con la mano izquierda, de pitón a rabo.

Decía el viejo Fernando el Gallo que torero que no sabía torear a una mano era torero de plaza de pueblo sin palcos. 

Pues lo dicho. Este Rey del toreo, lo es -al contrario- de todas las plazas.

El impactante cite de Roca Rey con el capote a la espalda en Valencia (Foto de Alberto de Jesús para Mundotoro)

miércoles, 15 de marzo de 2017

Postales taurinas (XVIII) El poderío capotero de Antonio Ordoñez

Una de las fotografías publicadas en el Ruedo en 1963 en la serie dedicada a la Tauromaquia de Antonio Ordoñez escrita por Antonio Abad Ojuel.
De Antonio Ordoñez nos queda a los que le vimos y les ha llegado a los que no, el recuerdo imborrable de su toreo de capa. De su toreo a la verónica

Ordoñez un torero con enorme querencia hacia el toreo cambiado en época de predominio del toreo de línea natural, navegaba y divagaba a veces en la muleta entre uno y otro concepto. Sin saber bien a qué carta jugar, Algo que, quizás, le hacía perder coherencia estilística

Pero lo que Antonio no perdía nunca era su empaque. Un empaque natural, nada forzado. Un empaque excepcional como pocos toreros han tenido. Por eso, con el capote en la mano, en el toreo a la verónica, ese empaque unido a la coincidencia entre su concepto -el del toreo cambiado- y el mecanismo inherente a esa suerte -en la verónica siempre se alternan pitones- le hacía alcanzar la cumbre. Y es que Ordoñez toreando con el capote ha sido una de las cumbres verdaderas del toreo de todos los tiempos.

Hoy cuando se habla tan poco de su figura (quizás por su carácter arisco y nada apacible), no está de más rescatar esta imagen suya con el capote en las manos pero no toreando a la verónica sino unos momentos antes, cuando al toro recién salido del toril, hay que domeñarlo y sujetarlo.

En eso, en sujetar a los toros de salida, fue Antonio Ordoñez un torero único y excepcional. Quizás también por eso, por su capacidad lidiadora, una capacidad lidiadora oculta y velada tras su deslumbrante estética -tras su impresionante empaque- podía luego torear de capa como muy pocos han sido capaces de torear.

martes, 7 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXVII) Rafael de Paula. Una película que no pasa


Uno de los pases de muleta de ensueño de Paula en Vista-Alegre, en la faena que inspiró el libro de José Bergamín "La música callada del toreo"

Ese 5 de octubre de 1974 se despedía en Vista Alegre, con toros de Bohórquez, Antonio Bienvenida del toreo con el capote negro de luto de Joselito sobre los hombros, Rafael de Paula, que era el tercero del cartel de aquella corrida ya histórica, debió mirar con fascinación aquella prenda luctuosa (...) Completaba el cartel Curro Romero (...)

Y all, en la plaza -más íntima y gitana que la de las Ventas- de Carabanchel, desbordando todos los pronósticos (...) y, poseído y embargado por un sentimiento de dolor hasta los tuétanos, con una torería de extraordinaria impresión, emocionado, orgulloso de su raza gitana en cada pase de muleta, provocó en los tendidos el gran alboroto esa faena suya de la que aún se habla (...)

Proyectamos las imágenes de aquel merlinesco trasteo, y nos parece el suyo el más excepcional toreo que en celuloide pueda verse, y cuantos allí estuvieron de pie -puesto que al quinto muletazo se habían ya todos levantado una vez al menos- se nos echan encima, alegando que lo que el cine muestra no tiene nada que ver con aquello, que aquello fue algo grandioso, y lo que el cine nos muestra es una sombra...

Y uno se calla, seguro de que razones hay para hacerlo... pero sigue pasando más y más veces la película.

ALBAICÍN, Joaquín "Gitanos en el ruedo" (1ª ed. Madrid, Espasa Calpe, S.A., 1993, página 353)



Y de remate, el remate del artículo de Manuel Ríos Ruíz publicado en el Ruedo, diez días después de la faena de Rafael de Paula en la plaza de Vista-Alegre, el día que se despidió del toreo Antonio Bienvenida.


domingo, 5 de marzo de 2017

El hilo invisible del toreo

Antoñete y el Juli. Los dos citan al natural. Los dos citan encorvados y con la pierna retrasada (pierna retrasada que -ambos mantendrán atrás hasta el final del muletazo). Hay un hilo invisible del toreo que transmite conocimientos y soluciones de un torero a otro y que conecta a través de la historia incluso a diestros de muy distinto concepto.

Vivimos en una cultura de la imagen y, curiosamente, prestamos muy poca atención a las imágenes. Renegamos de los vídeos y sacralizamos las fotografías (pero sólo las que nos interesan; las demás las desechamos). Nuestra imagen del torero, de cada torero, y nuestra opinión sobre su forma de torea se condicionan más por lo que otros dicen de él o por sus propias declaraciones que por su forma de torear en la plaza. Por eso, no vemos más allá de las apariencias y, a veces, ni siquiera valoramos esas apariencias. En resumen, que damos más importancia a lo leído (a las etiquetas) que a lo vivido (o visto). Un buen eslogan vale hoy más que mil faenas.

Sin embargo, cada torero es un mundo. Su concepto, su personalidad, su experiencia y conocimiento, incluso su propio físico condicionan -¡y de que manera!- su modo de torear. Una forma de torear que está hecha de multitud de matices y detalles fruto de la observación y la experiencia. El toreo es conocimiento adquirido por la experiencia pero también conocimiento fruto de la imitación (emulación) del modelo, del maestro.

Tan complejo es el toreo que muchos de esos matices -en ocasiones, los más importantes- pueden pasar desapercibidos a los ojos del aficionado. Manolete decía que compartía concepto con Chicuelo y, sin embargo, a muy pocos aficionados de la época se les hubiera ocurrido hacer del torero de Córdoba discípulo del sevillano pues sus formas eran muy diferentes. Pepín Martín Vazquez se miró en el de Córdoba, en cuyo concepto cimentó su forma de torear y sin embargo a muy pocos aficionados de hoy se les ocurre relacionarlos. El problema de las formas que no dejan ver el fondo.

Maestro indiscutible del toreo fue Antoñete: maestro indiscutible del toreo, es hoy el Juli. Son, empero, igual que Chicuelo y Manolete, dos toreros muy diferentes, con dos conceptos muy diferentes y con dos tauromaquias también con muy pocas cosas en común.  Más poético, irregulardesgarrado y ortodoxo, literariamente ortodoxo, el maestro Chenel y más pragmáticoambiciosoexperimentador y contundente, ambiciosamente contundente, el maestro Julián.

Pero no se trata de compararlos (¿a quien se le podría ocurrir comparar a uno con el otro?). No ya porque montarían en cólera los guardianes de la ortodoxia siempre dispuestos a lapidar a los herejes sino porque, como hemos dicho, encarnan dos toreos, dos conceptos del toreo, radicalmente distintos.  

No son comparables, evidentemente, pero estas dos fotos que encabezan esta entrada y que fueron publicadas hace tiempo en algunos blogs taurinos con la perversa intención de jugar al juego, malévolo de "buenos y malos", si que nos dan pie para jugar nosotros a otro juego bien diferente y mejor intencionado: al juego de las semejanzas ya que no al juego de las comparaciones.

Y es que, aunque incomparables y diferentes, si que podemos atisbar, en esas imágenes, matices o técnicas similares. Quizás bajo unas formas aparentemente disimiles (aunque, precisamente en esas dos fotos, no tanto) subyace, en esos dos cites, un fondo común con más semejanzas de las que pudiéramos sospechar.
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Herencia posible (todo es posible) pues, en nuestro caso y no en balde, en Chenel se han mirado la mayoría de los toreros jóvenes de los 80 y 90, igual que Chenel, y con él todos los toreros de su quinta, se miraba, a veces sin querer confesarlo, en Manolete. Al final, el trasvase de influencias técnicas entre toreros puede que rebase las fronteras que marcan los estilos y los modas e, incluso, las que marca el tiempo, la edad o la época. En el toreo, la cuestión es buscar soluciones a los problemas -siempre los mismos- que plantea el toro, y no respuestas a las demandas esteticistas o teorizantes de los que están en los tendidos que eso, si es el caso, vendrá después. Esta última es cuestión importante pero, en el fondo, secundaria.

No en balde y por ello, el toreo se está retroalimentando continuamente, en un ciclo sin fin, de una época o otra y de un torero a otro, desde sus albores.

Es el hilo invisible del toreo. El verdadero.


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Postdata aclaratoria para sabelotodos.
Chenel no sólo tiene la pierna atrasada en el momento de la foto (el del cite) sino que -al contrario de lo que algunos han afirmado en los blogs aludidos- ahí la mantendrá hasta el remate. Se puede comprobar lo que afirmamos viendo las grabaciones de las faenas de esa época donde -si bien en ocasiones adelanta la pierna de salida lo habitual era en él mantenerla retrasada. Se puede comprobar aquí. El mecanismo de adelantar la pierna lo utilizaba más -en mi opinión- como medio de ajustar el cuerpo del torero al del toro cuando la trayectoria de la embestida era más periférica que como medio de cruzarse en su camino.

Postdata puntualizadora para suspicaces:
El muletazo de Chenel que ilustra esta entrada no es una mácula en su toreo. Era un modo habitual de citar en aquellos años y en los posteriores. Guste más o guste menos su falta de verticalidad y esa pierna retrasada, esa forma de citar no es ni un "lapsus" ni un "accidente", ni una "excepción", sino un ejemplo de como se citaba entonces... y como se sigue citando todavía,

Postdata final para teorizantes
Enjuiciar el toreo a partir de ideas fijas -que es lo que siempre se suele hacer- es renunciar a entenderlo. Construir nuestros argumentos solo como medio de justificar nuestras hipótesis de partida, nuestras convicciones previas solo sirve para engañarnos a nosotros mismos. El toreo, a fin de cuentas, es como pueden o quieren los toreros de cada época, no como a nosotros nos gustaría que fuera o como pensamos que debería ser.

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXVI) La lección de Antoñete: Colocación y torería

Antoñete ¡Aquel sentido de las distancias! Fotografía del blog "La tauromaquia de la movida")
Nota de LRI. En un magnífico artículo de Antonio Castañares publicado primero en una serie aparecida en 6Toros6 y recopilada luego en un magnífico libro, este gran aficionado no recordaba cual fue la gran lección del maestro Antoñete en su última etapa: enseñar, a un público de jóvenes recién llegados a la fiesta, que la clave del toreo está en la colocación y la torería

Pero cuidado, que no se trata -como algunos podrían pensar- de que todos los toreros tengan que citar desde la misma distancia desde la que citaba Chenel, ni que tengan que desprender un mismo aroma de torero castizo y añejo como el que atesoraba el madrileño sino, de modo más general y menos excluyente, lo importante es que cada cual sepa encontrar su propio sitio en la cara del toro y que, una vez allí, sepa desarrollar su propia personalidad. Nada más y nada menos que eso.


Yo a Antoñete le ví, le ví con fruición y de forma compulsiva. Sabía que era una reliquia, una especie a extinguir, algo único. Era todo un acontecimiento verle ante el toro, al que iba con una torería infinita y le citaba de largo, muy de largo y metido en su terreno. Le alegraba con la voz-¡iu!- y le adelantaba la muleta lo justo para no descomponer la figura. Le aguantaba en un primer muletazo emotivo a más no poder, para seguir en redondo en un segundo y un tercero aún mejores por hondos y cadenciosos. Ya no tenía fuelle -el maldito tabaco- pero allí estaba el de pecho o uno del desprecio con la rodilla crujiendo el costillar del toro. Y después, ¡ay después!, ¡ay aquel irse del toro toreando!, ¡ay aquella repajolera gracia!, ¡ay aquel irse yéndose que acababa con el cuadro.

Antoñete muchas tardes, como aquel 7 de junio de 1985 ante "Cantinero", nos enseñó que al toro había que respetarle, qie había que darle su sitio. Que había que hacerle creer que iba a salir vencedor del duelo, aunque la maestría de aquel torero de mechón blanco pudiera con aquel celo y alumbrara una de las más inmensas faenas que los aficionados hemos tenido la dicha de ver y disfrutar.

CASTAÑARES, Antonio. "La lírica del toreo-Fotos con solera" (1ª ed. Madrid, s.e., 2006)

Antoñete ¡Aquel irse yéndose que acababa con el cuadro! (Fotografía del blog "La tauromaquia de la movida")



viernes, 3 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXV) Morante. El hilo de oro del toreo




Morante ha heredado el hilo de oro del toreo y lo ha anudado de forma natural a una forma de estar y ser en el mundo que lánguidamente agoniza. Y por eso -y no es exageración- todo lo que sucede con este torero en la plaza es un acontecimiento: desde la forma de hacer el paseíllo hasta los bordados del capote de paseo en que se cobija o al búcaro de barro donde sacia su sed. Sus gestos son manifestaciones verdaderas de un mundo de ayer, virtudes puras y esenciales. Un desafío a la posmodernidad.

Morante, a diferencia de otros toreros de su linaje, ha dicho su misterio muchas veces, incluso demasiadas. Nos ha conducido en la plaza a un umbral que una vez traspuesto no tiene retorno: la belleza, lo repetiremos con Rilke, no es sino "el principio de lo terrible, justo aquello que aún podemos soportar y que -impasible- desdeña destruirnos".

Porque la belleza arde, porque la belleza quema.

CLEMENTE NARANJO, Lorenzo en "Morante de la Puebla-Tratado de armonía" (1ª ed., Madrid, La Esfera de los Libros, S.L., 2014, páginas 11-13)



jueves, 2 de marzo de 2017

Azulejos trianeros (I) Los Chicuelo. Para hacer más bello el arte de torear

Por Antonio Líger Valverde

Azulejo sevillano en la casa de los Chicuelo... que nacieron para hacer más bello el arte de torear (Fotografía de Antonio Liger)

Una tradición muy andaluza y muy sevillana es la de recordar a los personajes importantes colocando azulejos en los muros de las casas donde nacieron, vivieron o murieron.

Esa costumbre se da también con los toreros. Os muestro este azulejo, situado en Triana, en la calle Betis, frente por frente a la Plaza de Toros de la Maestranza dedicado a Manuel Jiménez Vera, “Chicuelo”;  padre del Chicuelo que todos conocemos, que también aparece en el azulejo y que además tiene una estatua en la Alameda de Hércules donde vivía en una casa, que aún existe y donde sigue viviendo su familia, situada al lado de la de Joselito el Gallo, esta última desgraciadamente derribada. 

En el azulejo se dice que murió en 1907 a los veintiocho años de edad (investigando hemos sabido que la causa de su muerte fue la tuberculosis) y que su hijo, Manuel Jiménez Moreno, nació el 15 de abril de 1902, en esa misma casa. 

No hay mucho escrito sobre Manuel Jiménez Vera, destacaremos que tomó la alternativa en Madrid 1901 y que todos los comentarios coinciden en su elegancia y finura, cualidades que se verían multiplicada en el gran Manuel JIménez Moreno “Chicuelo”, el creador de la chicuelina, que el 24 de mayo de 1928 le hizo al toro «Corchaíto» de Pérez Tabernero en Madrid, una faena de la que se llegó a decir que había sido la mejor que se había hecho nunca.



Manuel Jiménez Vera cita al toro y Manuel Jiménez Moreno remata el lance de capa