miércoles, 28 de septiembre de 2016

Postales taurinas (XX) La alternativa de Joselito

Sevilla, 28 de septiembre de 1912

Un adorno con el toro de la alternativa, Caballero de Moreno Santamaría.



Rafael le cede los trastos de matar a su hermano José


El primer brindis como matador

Viendo morir a Caballero de una estocada corta en lo alto

Rafael besa a su hermano al devolverle este los trastos. Testigo Antonio Pazos
Arreglando la muleta en el último de la tarde


Su primera salida a hombros como matador de alternativa

Fotografías publicada en Nuevo Mundo el 3 de octubre de ese año.






martes, 27 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CVI) No son adornos sino desplantes

Un adorno de Rafael ¿Un adorno?

"El más gallista de todos los gallistas del mundo. D. José Romero, que solía reunirse casi a diario, cuando ellos estaban en Sevilla, con los hermanos Bombita, enseñaba, después de cariñosa porfía con Ricardo, una postal en la que aparecía el Gallo ante un toro descomunal, con la planta erguida, mirando al infinito, el gesto perdido, la muleta al suelo y el estoque en el testuz del enemigo. Y, dirigiéndose al rival de Rafael, le preguntó retador:
-¿Tú sabes lo que es esto?
-Esto. don José -contestó Bombita con su peculiar amabilidad-, es un adorno
-¡Conque un adorno!, ¡eh? -increpó el señor Romero, mientras arrancaba la fotografía de manos de Ricardo-
- ¡Un adorno!... -añadió- ¿Qué sabes tú de eso...? ¡¡Un adorno!! Pues tú también te adornas. ¿A que no haces tú esto?
Bombita no supo que contestar. E insinuó en retirada
-Entonces..., don José ¿que es esto?
¿Que es esto?... Cuando yo digo...
 Y mientras guardaba la fotografía en el bolsillo interior de la americana, soltó en plan de cañonazo: 
¡Esto es un desplante! ¿Sabes, niño? ¡¡Un desplante!!"

VILA, Enrique. "Rafael el Gallo" (1ª. ed., Madrid, 1943, págs. 97 y 98)




Addenda

El libro el Toreo de Luís Bollaín comienza el capítulo dedicado a los pases de adorno, con tres fotografías de sendos ¿adornos? de Juan Belmonte, Joselito el Gallo y Rafael el Gallo.

Son estas:



No obstante, después de leer esta entrada, ya podemos corregir a don Luís Bollaín igual que el gallista José Romero corregía, en su día, a Bombita:

¡No son adornos, son desplantes! ¡¡Desplantes!!


domingo, 25 de septiembre de 2016

Javier Jiménez desempolva la vieja lidia

Por Clarito

Javier Jiménez tras su aparatosa cogida por el sexto toro: un marrajo de la ganadería de El Tajo. El de Espartinas derrochó, ayer en Sevillaarrojo, valentía y mucha inteligencia (Foto Arjona para Aplausos)

La aportación de Belmonte al toreo trajo muchas cosas buenas y otras que no lo fueron tanto. Con Juan aparece -y triunfa- en la Fiesta un tipo de torero que, si bien existía antes, no se le daba tanto cuartelillo: el torero que espera su toro. 

Algo de eso hubo con otros diestros anteriores como Lagartijo con su famosa paloma azul pero siempre sin llegar al extremo al que llegó Belmonte quien se podía pasar media temporada esperando el toro soñado y la faena soñada que, cuando escasa, acaba siendo sobrevalorada por los públicos.

Mucho de su herencia queda en el toreo de hoy en el que los toreros intentan, casi siempre, imponer un único modo de torear a todos los toros. Un planteamiento que, unido a la necesidad imperiosa de triunfar todas las tardes (lo que, a la postre, resulta contradictorio) aboca a una aparente monotonía.

No se me escapa que esa faena única repetida hasta la saciedad no está exenta de matices detalles pero, en general, esos matices, esas diferencias, son tan sutiles, tan mínimas, que escapan a la atención del espectador ocasional e, incluso, a la del aficionado más avezado.

Ayer se vio en Sevilla. Recibían Morante Ureña a sus dos primeros toros siguiendo el patrón habitual de esperarlos en tablas para, después de tanteados, intentar estirarse a la verónica, loable empeño condenado al fracaso pues la corrida de Alcurrucén salió mansa de solemnidad con todos los toros huidos durante toda su lidia. No era nada fácil sujetarlos.

Sin embargo, hete aquí que al jovencísimo Javier Javimez se le ocurrió -bendita ocurrencia- saltarse el guión, desempolvar una página de la Lidia o de la tauromaquia más añeja,  olvidarse de la herencia belmontina y recuperar el legado de aquellos viejos y grandes lidiadores (tales PaquiroGuerrita Joselito) que hicieron realmente grande esta fiesta.

Javier no esperó en las tablas a que le llevasen allí su toro (Clarinete se llamaba el tercero de la tarde) sino que fue, decidido a buscarlo a su querencia en terrenos relativamente próximos a toriles. Y desde allí, se fue atravesando toda la plaza, andando para atrás, perdiéndole pasos, acostumbrándole a embestir, desengañando al manso, con capotazos suaves, precisos y medidos para, cuando ya lo tuvo encelado en el engaño, comenzar -entonces sí- a torear por verónicas, con ajuste y hondura. desandando el camino andado y ganándole al toro el terreno y la partida.

A partir de ahí, el toro pareció ya otro, mucho mejor que sus hermanos, sobre todo desde banderillas, quizás también porque Manuel Cordero lo picó muy bien y la cuadrilla (citemos a Lipi) le dio la brega precisa.

Brega o lidia que había comenzado en los lances de recibo de Javier Jimenez quien, desempolvando tauromaquias añejas, nos hizo sentir la emoción de ese buen toreo que viene del conocimiento de las reses y de la intuición y la inteligencia del torero. 

Para mí, una de las fuentes de emoción más fiable en el toreo.


jueves, 22 de septiembre de 2016

El primer gran torero

Por Jose Morente


Joaquín Rodríguez Costillares (Detalle del retrato de Francisco Domingo Marqués-1880)

El apellido Rodríguez en el toreo

Rodríguez y Rodríguez se llamaba aquel intrépido José Dámaso "Pepete" al que mató un toro de Miura -Jocinero- en la plaza de Madrid. También Rodríguez pero Manuel se llamaba aquel mítico Manuel Rodríguez "Manolete" también muerto por otro miura -Islero- en la plaza de Linares. Otro Rodriguez, Félix, fue torero de culto en la Edad de Plata. Y también Rodriguez se apellidaba ese genial e irregular torero trianero que se llamó Joaquín Rodríguez "Cagancho" quien comparte nombre y apellido con el primer gran torero realmente importante de la historia del toreo: el sevillano del barrio de San Bernardo, Joaquín Rodriguez "Costillares".

He dicho realmente importante, y lo he dicho con fundamento. No sólo porque su competencia con Pedro Romero, a la que luego se uniría Pepe-Hillo, es la primera competencia digna de tal nombre, sino porque sus aportaciones en esa época primigienia del toreo a pie son fundamentales.


Las aportaciones de Costillares

A saber: Costillares perfecciona, si no inventa como suerte de recurso, el vuelapiés, solventando el problema que planteaban los toros que no podían recibirse por no acudir al cite. Hecho cierto que atestigua Pepe-Hillo en su Tauromaquia.

Asimismo se le atribuye la invención de la verónica. Aunque. como apunta Cossío, "debe entenderse que lo que debió hacer fue regularizar el lance de frente imprimiéndole un estilo propio".

Pero su aportación más decisiva y sustanciosa fue la que hizo al toreo de muleta. Antes de él, la muleta se utilizaba sólo para llamar la atención del toro y para distraerlos en el momento de la estocada. Costillares va a utilizar la muleta como elemento de trasteo, para ahormar al toro antes de la estocada. Costillares es, por tanto, el germen del toreo de muleta que tanto esplendor alcanzaría con el tiempo.

Eso en lo que atañe a la lidia que, en lo que respecta a la organización del espectáculo, puso bajo su mando a las cuadrillas, quitando poder a los varilargueros, y también cambió el traje de torear.

Apostilla Cossío que "es muy difícil apreciar a distancia y sin documentos gráficos suficientes, las circunstancias y perfecciones de su toreo pero encontrar su nombre como fundamental, en la evolución del juego de capa, muleta y estoque, nos da idea de su valía"


Con Costillares la muleta comienza a utilizarse para trastear a los toros y no sólo para matarlos (Láminas X y IX de la colección de aguafuertes de Luís Fernández Noseret-1790)
Una larga cuerda

Y, aunque efectivamente, a distancia, es muy difícil vislumbrar y encuadrar su figura, se me antoja que, en el triunvirato de Hillo, Romero y Costillares, el primero, encarna el arte, alocado si se quiere; el segundo, el valor seco y desnudo y el tercero, nuestro personaje, sería la encarnación primera de ese tipo de torero de cuerda larga y de enorme intuición con los toros que tanta relevancia ha tenido a lo largo de la historia. Costillares es, por tanto, el primer gran torero de una saga que pasa por Paquiro, El Gordito, Guerrita, Joselito el Gallo, Armillita, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino y llega, en nuestros días, hasta el Juli.

La columna vertebral del toreo.

Costillares, el primer gran torero vertebral de la historia, con la muleta en la mano izquierda (Aguafuerte de Juan de la Cruz de 1777 en pleno apogeo del diestro sevillano)

martes, 20 de septiembre de 2016

Con sabor a sangre

Por Jose Morente


Tía Anica la Piriñaca: "Cuando canto la boca me sabe a sangre"

Dicen que no hay cante grande ni chico y que la grandeza del cante no depende del palo sino de la grandeza del que canta. Es posible que sea verdad pero lo cierto es que no hay otro palo más tenso, más dramático ni más desgarrado y, por eso, no hay otro palo más grande que la seguiriya. 

Puro drama, cante salobre y amargo, que exige del cantaor entrega absoluta. La seguiriya se canta desde las tripas o no se canta. Por eso decía la Piriñaca que cuando cantaba bien por seguiriyas, la boca le sabía a sangre.

Dicho esto, también conviene decir que no hay una única forma de encarar las seguiriyas. Hay tantas formas como tantos buenos cantaores existen. Una de esas formas, quizás no la más llamativa pero puede que sí de las más jondas, es la de esa manera, nada grandielocuente, más hablada que cantada, tan propia de Jerez. El cante de Tío José de Paula por la boca de la Piriñaca puede ser el mejor ejemplo.

Decía Tía Anica de ese seguiriya que no era nada fácil de cantar, "Ese cante de José no lo hace nadie (...) ahí hay unos cuantos muertos, gitanos, que medio lo ... pero tampoco llegaban a hacerlo como lo hacía él"

Y añade que es "un cante corto mu arrecogío, porque Tío José salía con la seguiriya y salía como hablando y se queaba parao y aluego en el momento salía otra vez como hablando y rompía con la poquita voz que él tenía, ¡hijo mío te llegaba al alma!.

Y remata: "como cantaba ese gitano, que a mí me gustaba un montón, no me ha gustado nadie más que él por seguiriyas" 

La seguiriya de Tío José de Paula en boca de la Piriñaca es un cante para paladearlo lentamente.

Para paladearlo lentamente con sabor a sangre.





Siente tú mis fatigas (Seguiriyas de Tío José de Paula)
Tía Anica la Piriñaca
Guit.: Parrilla de Jérez
Ariola Eurodisc 1962 

Ay, Siente tú mis fatigas 
Ay, siente tú mis fatigas
siente tú mis penas
Tú siente mis fatigas
siente tú mis penas
Que yo también
Que yo también voy a sentir las tuyas ay
cuando tú las tengas
Tú siente mis fatigas
Tú siente mis penas

domingo, 18 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CV) Sobre la lucha de las mujeres toreras

Ángela Hernández junto a Conchi Ríos al anunciar su relación de apoderamiento en 1915. 
Ángela fue quien en 1973, haciendo historia y tras ardua pelea en los Tribunales, logró romper la prohibición de torear que pesaba sobre las mujeres en España.
Conchi Ríos tomó la alternativa (de forma triunfal) en Cehegín (Murcia), el pasado 9 de junio de manos del Cordobés y con Antonio Puerta de testigo, cuatro años después de su última novillada .
Una última observación. Tan enconada ha sido a veces la oposición a la mujer torera, que produjo actuaciones de reyes y gobernantes, discusiones en Cortes y agrias polémicas de prensa, decretos y recursos.

Valga este dato: la última autorización, llegó a los tres años de que Ángela Hernández solicitara permiso para torear y en el examen del problema intervinieron tres ministros de la Gobernación, otros tantos directores generales de Seguridad, el Sindicato Nacional del Espectáculo, el Tribunal Central de Amparo, la Comisión Nacional del Trabajo Femenino y tres gobernadores civiles.

Todo, para que concedida la autorización, algunos críticos y guardianes de la pureza de la fiesta, considerasen el acto gubernativo como "el último descabello a la fiesta nacional".

BOADO, Emilia y CEBOLLA, Fermín. "Las señoritas toreras-Historia, erótica y política del toreo femenino" ( 1ª ed., Madrid, Ediciones FELMAR, 1976. Pág. 16)

Desplante de la torera Cristina Sánchez que reaparecía, en Cuenca el pasado 20 de agosto a petición de sus hijos de 13 y 15 años quienes querían verla torear siquiera fuese un sólo día. Cristina donó sus honorarios para la lucha contra el cáncer infantilLa terna -de verdadero lujo- la abría Enrique Ponce y la cerraba el JuliGracias a la evolución de las costumbres y, sobre todo, a trayectorias tan dignas como la de Cristina, entre otras torearas, las mentalidad de los demás profesionales del Planeta de los Toros va, siquiera sea poco a poco, cambiando. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CIV) Siempre existe riesgo

La seguridad y poderío de que hacen gala en las plazas los toreros largos, juega a la postre en su perjuicio.. Una injusta situación que ha afectado a todos los diestros de esta cuerda comenzando por Joselito el Gallo
"Pero es lo curioso del caso que en el toreo, para la versatilidad y ansía de novedades de los aficionados, la sabiduría es sin discusión una cualidad que se elogia fuera de la plaza, pero dentro de ella viene a defraudar al espectador que busca siempre en la lidia un especial duende de incertidumbre y morbosa emoción que ha de herir la sensibilidad crudamente.

La seguridad de estos diestros resta ocasiones de sobresaltos en la plaza, y aunque sean cogidos, corneados y aun muertos en el ruedo ello se atribuye a un error inesperado en la sabia precisión del diestro, y no como debiera a un riesgo constante que, precautoriamente, se vence con peligro siempre inminente de error, en tanto que este error en maneras de arrojo más patente pero no mayor, es la manera habitual de producirse en el ruedo, pudiendo conducir ambas maneras al mismo fin.

Hillo, el primero de los diestros arrojados, y Joselito, el último gran maestro ecléctico y precavido igualan con su muerte los dos procedimientos de lidia a distancia de ciento veinte años de toreo.

COSSÍO, José María, "Disertación Final de los toros" en Los Toros. Tomo IV (También  en Tomo 5/30. Página 180)

Pepe-Hillo. En los diestros arrojados, la apariencia de riesgo puede ser mayor a los ojos de los espectadores.

martes, 6 de septiembre de 2016

Breve historia de la víctima de la Fiesta (según Cossío)

La víctima de la Fiesta de Ignacio Zuloaga

Releo a Cossío en su capitulo "Carácter y breve historia del tercio de varas" de su "Disertación Final de los Toros" (T. IV/10 y también en T. 5/30. Págs. 198 y ss.).

Don José María hace un interesante análisis de este tercio que paso a resumir en los puntos siguientes:

Primero.- A principios del siglo XIX se consuma el cambio capital de la suerte de picar. De picar a toro levantado y sin riesgo de las caballerías se pasa a picar a toro parado con número cada vez más crecientes de bajas.

De picar a caballo levantado y con vara larga, se pasa a picar con vara corta y esperando al toro (Lámina V de l edición de 1804 de la Tauromaquia de Pepe-Hillo).
El toreo a caballo se subordina al toreo a pie. Las consecuencias para la caballería serán funestas. 

Segundo. A partir de Pepe-Hillo y, sobre todo, de Montes, la suerte de varas se subordina al interés del matador. Posiblemente sea, la Tauromaquia de Montes, el hito final de la suerte de picar a caballo levantado y de la vara larga.

Tercero.- La intervención del picador será a partir de entonces, la que preste carácter más sangriento a la Fiesta. Pese a la opinión de los aficionados, la matanza de caballos no se debería a la impericia de los picadores ni a falta de habilidad de los mismos, sino al modo de picar-

Cuarto. Hay más, derribado el caballo, nadie se molestaba en separar al toro de su presa pues, el que lo levantara reiteradamente en su cabeza (lo que se llama romanear) era ardid que se impuso, sobre todo a finales del XIX, para quebrantar la pujanza del burel.

Que el toro romanease era un método (cuando no se había implantado el peto) para conseguir reducir su poder (Escultura de Mariano Benlliure)
Esta situación la describe Cossío de la forma siguiente:
"A principios de este siglo [se refiere al siglo XX] el cambio de criterio era notorio, y ya se suprime en los resúmenes periodísticos de las corridas el número de caballos muertos como índice de la bravura de los toros, y por entonces había de pintar Ignacio Zuloaga, gran pintor y gran aficionado, su famoso cuadro 'La víctima de la Fiesta', alegato el más elocuente, dentro de su silencio, contra el descuido de la defensa del caballo en el ruedo. Porque, conviene insistir en ello, no se trataba de impericia de los picadores, sino de caso inevitable en las condiciones en que los toros se picaban".
Quinto.- Las criticas a este modo de actuar van en aumento y, a principios del XIX, se empiezan a adoptar medidas tendentes por un lado, a procurar menor quebranto al toro (caso de las puyas o de las rayas de picar) o a proteger a los caballos (como retardar la salida al ruedo de los picadores o la implantación del peto, utilizado ya en Francia y que allí llamaban caparazón).

"Cuando los caballos no llevaban peto"

Sexto.- La desventaja fundamental del peto -a la vista de la experiencia posterior- es evidente. El toro queda inerme bajo la pica del picador y este aprovecha la ocasión para castigarle a mano salva.

Séptimo.- La actitud del público ha variado lógicamente. Antes, el reprochable fracaso artístico del picador quedaba compensado por el riesgo evidente al que se exponía frete al toro por la falta de protección del caballo. Hoy la indignación la produce la magnitud o impunidad del castigo.

La actual suerte de varas -por el abuso e impunidad en el castigo- provoca la indignación del público y favorece las tesis contra la Fiesta (Imagen de un Blog antitaurino: Coscollet)
Octavo.- El final de este proceso, concluye, está en convertir la suerte de varas no en suerte de gallardía, sino en "adaptar la tradicional presencia del caballero en el ruedo durante la lidia a la conveniencia del toreo a pie"

Del análisis que hace Cossío, se deduce que el verdadero cambio del discurrir del toreo no acaece con la implantación del peto (1928) sino casi un siglo antes (1836), cuando el prestigio de los toreros de a pie se impone a los de a caballo. Al subordinar la suerte de varas al resto de la lidia y enfocarla exclusivamente al quebranto del toro, se modifica la lidia toda.

Una modificación esencial en la que la introducción del peto resulta ser sólo un eslabón más de esa larga cadena.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CII) Emocionante recuerdo a Víctor Barrio

Sobre esta foto de Alejandro Talavante se pregunta Alberto Marcos Morante en Facebook: De pie o en rodillas ¿Se puede torear mejor? Yo, creo que no (Fotografía del gran Arjona)
Dice Andrés Amorós en ABC (4 de septiembre de 2016):
"Sin exageraciones, hemos vivido una tarde de toros que pasa a la historia.  La Tauromaquia incluye –según el título de Gerardo Diego– «la suerte o la muerte». El torero crea belleza asumiendo este riesgo, poniendo su vida «al tablero», como decía Jorge Manrique. Ha sido emocionante la jornada, en honor de Víctor Barrio
Deseo que su recuerdo sirva para unir a los profesionales, en defensa de los valores de nuestra Fiesta".

sábado, 3 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CI) El natural rodilla en tierra según Ortega Cano



"Analizando la fotografía pueden verse varias circunstancias importantes: al toro se le torea con las yemas de los dedos, que son las que sostienen la muleta, y se le lleva embebido en los vuelos, sin agarrotamiento alguno ni en la muleta ni en mi muñeca. Este toreo no podría hacerse si al toro y a la muleta no se le trata con delicadeza, pero también con firmeza, que no son incompatibles.

Torea todo el cuerpo, no sólo las manos. Torea la mitad inferior de mi cuerpo, que está fibroso y tenso, y aunque ahí se está cargando el peso, no está agarrotado. Y torea la mitad superior, que está en una postura completamente distinta a la que tienen las piernas. De la faja para arriba todo es relajación y naturalidad, desde los hombros hasta la cabeza y la cara, que con la mirada sigue el viaje del toro. Y el brazo que manda, tampoco agarrotado, y la mano que sujeta la espada, que no la aprieta, sino que la sostiene levemente, como indicándole al toro por donde tiene que ir.

La conjunción de todas estas cosas, de la parte fibrosa y de la parte relajada del toreo, es lo que hace que este sea grande."

Comentario de ORTEGA CANO en RAMÓN, José Luis, "Todas las suertes por sus maestros" (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe S.A., 2000. Págs. 267 y 268
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Addenda: Si bien a este natural, José Luis Ramón, lo denomina en su libro natural por bajo (y lo es), he preferido denominarlo natural rodilla en tierra para evitar confusiones pues conviene recordar que el ayudado por bajo, por ejemplo, se da con el cuerpo erguido.

Bonus Track: El pasado domingo 21 de agosto, el diestro Javier Jimenez abría la Puerta Grande de las Ventas con una magnífica actuación donde desgranó una verdadera sinfonía del pase natural. Broche de la misma fue una de las postreras tandas a su segundo toro donde, entre una trincherilla y un pase de pecho (¡todo con la izquierda!), intercaló el natural de rodillas del que nos hablaba Ortega Cano en el libro de José Luis Ramón. Sensacional.

Lo vemos.


jueves, 1 de septiembre de 2016

¿El palillo se coge por el centro?

Por Jose Morente

Rafael Ortega en un magnífico natural con el palillo cogido por su extremo (Fotografía del libro "Todas las suertes" de José Luís Ramón)

Veíamos en una entrada anterior de este blog (¿Por donde se coge la muleta?) un fragmento de una película de Carlos Arruza donde Lorenzo Garza, al explicar como se debe torear, decía una cosa y hacía otra.

Garza comentaba, en esas imágenes, que había que cruzarse al pitón contrario y se quedaba al hilo y también decía que el palillo había que cogerlo por el medio y, sin embargo, lo cogía por el extremo cerca del cáncamo.

Algo parecido me he encontrado al releer, en el magnífico libro de José Luís Ramón "Todas las suertes por sus maestros", la definición de Rafael Ortega sobre como debe darse el pase natural.

Dice Ortega:
"Para torear al natural, el palillo de la muleta debe agarrarse dos dedos más atrás del centro. Cogiéndola todavía más atrás, el torero tiene más espacio para echar al toro hacia afuera".
Demasiado tajante para mi gusto, pero lo que más me ha llamado la atención no ha sido el texto sino la foto que lo acompaña y que es la que reproducimos al inicio de esta entrada. Una fotografía de un magnífico natural de Rafael Ortega donde se ve claramente que el torero de San Fernando está cogiendo el palillo justo por donde dice que no debe cogerse, por el extremo.

El maestro de la Isla -al igual que muchos otros diestros- incurre en el mismo contrasentido en el que incurría Garza: decir una cosa y hacer otra. Y es que, en el toreo, la teoría pocas veces coincide con la práctica.

La razón es elemental: el toreo no es teoría sino práctica.


Otro natural de Rafael Ortega también con el palillo cogido por el extremo y también excelente (Fotografía publicada en Taurología)


Postdata ante posibles objeciones: Es evidente que un grano no hace granero y una foto o dos no son representativas de un modo de torear (aunque resulta curioso ilustrar un texto con una foto que lo contradice). Es seguro que Rafael Ortega torearía muchas tardes al natural cogiendo la muleta por el centro del palillo. Estoy convencido de ello, como también estoy convencido que esa forma de coger la muleta no es garantía de mayor pureza ni de mayor riesgo. Es, eso sí, mas fácil de apreciar desde el tendido. Sólo eso.

Segunda postdata ante posibles objeciones: Como bien me señala en facebook un buen aficionado (Jose Manuel), las posiciones de centro y extremo son posiciones relativas (se refieren a más hacia el centro o más hacia el extremo), no absolutas. Rara vez la muleta se coge por su extremo o por su centro geométrico.