lunes, 27 de abril de 2015

¿Miuriyas? ¡Vaya usted a los toros que siempre se ve algo nuevo!

Por Jose Morente

Salida 5º toro Escribano

Va a salir el 5º Miura de la tarde. Manuel Escribano le espera a “porta gayola

Una tarde de mucho interés

La corrida de Miura con la que se cerraba la feria de Sevilla, encandiló a los espectadores de una plaza casi llena. Cierto es que no hubo faenas al uso (No pudo haberlas. Con los Miuras, ya se sabe, eso es algo casi imposible) pero la tarde tuvo máximo interés tanto por la variedad del comportamiento que sacaron los toros de Lora del Río como por la disposición de dos de los diestros de la terna: Dávila Miura y Manolo Escribano.

Las faenas al uso

Esto de las faenas al uso, merece un comentario más detallado. Hoy no hemos acostumbrado a las embestidas perfectas y a las faenas perfectas. Tanto, que no se tolera defecto alguno, ni en los toros ni en los toreros. Un enganchón en la muleta o una embestida descompuesta bastan para descalificar a un torero o a un toro.

Está muy bien ver torear de esa forma a un toro que embiste de esa forma. Es un lujo evidente pero, sin embargo, como sostiene Morante y como se demostró ayer, tanta perfección no siempre es lo mejor. Una faena no redonda pero adecuada a las condiciones del toro puede máximo interés para el aficionado fetén y debería tenerlo también para el público en general.

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No siempre el muletazo puede ni tiene que ser perfecto para que tenga enjundia e interés (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Y ayer para el púbico sevillano, las faenas no perfectas (no podían serlo) y las estocadas casi perfectas de Dávila Miura o de Manuel Escribano tuvieron máximo interés y fueron premiadas en justicia. Lo que es novedad en el toreo de nuestros días, una buena noticia.

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Estocadas de Dávila en el cuarto y Escribano en el quinto(Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Cierto que estábamos en Sevilla y cierto que Sevilla es especial pero creo que la regla podría valer para otras tardes y otras plazas. Siempre, en mi opinión, que se cumpla un requisito esencial y es que se sepa juzgar a los toreros como sabe hacerlo la afición de Sevilla.

Y es que la afición de Sevilla juzga al torero, no sólo por el resultado más o menos lucido de la faena sino, sobre todo y por encima de todo, en función de las condiciones del toro que tiene delante el torero. Algo de lo que otras aficiones presumen pero que luego, a la hora de la verdad, no siempre son capaces de poner en práctica.

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Torear en función de las condiciones del toro. Dávila Miura (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Por eso, por esa capacidad para valorar al torero en función de las condiciones del toro, una afición que pasa por torerista es quizás para mí, la afición más torista de todas pues es la que más se fija en el toro y la que mejor matiza su comportamiento. Quizás sea por eso, por esa atención que se le concede al toro por lo que aquí, en esta plaza y en esta tierra, tanto se valora y apoya a los toreros.

Es la paradoja del torerismo sevillano.

Los toros de Miura del domingo en Sevilla

Reseña toros

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Los toros de Miura, todos cárdenos o entrepelados y, menos uno, de cuatro años recién cumplidos. La fórmula ideal (visto lo visto este año y hace dos) para que embistan y no desarrollen excesivo sentido (Fotografías de Aplausos)

El juego de los toros

Y por lo que respecta al juego de los toros, otro tema que se presta a reflexión es el desigual y diverso comportamiento de los toros de ayer. Una diversidad que ayudó al interés con el que se siguió la tarde.

Y es que, ayer, los miuras recorrieron la gama que va del toro noble y bonancible (bonanza que, en esta casa suele durar poco tiempo) al toro de sentido (ese toro que se entera de todo y que parece que viene con la lección aprendida: ¡Sabe latín! se decía antes). Y está claro que tiene interés, mucho interés, ver como los diestros resuelven los problemas que plantean los toros… o como no los resuelven.

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El toro de Miura nunca es fácil (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Cuando hay corrida de Miura y el toro que se lidia tiene “jiribilla”, el tendido se erige en Cátedra o Foro y las opiniones abundan. Todo el mundo sabe lo que hay que hacer. Eso sí, pocos se ponen  de acuerdo: ¡Por alto! Piensa uno. ¡A ese toro hay que llevarle por abajo. Dóblate! Replica el de más allá. ¡Como le recortes te coge! Musita un tercero ¡Tres y a matar! Suplica el último, sentencioso.

Son discusiones teóricas y en voz baja porque, con estos toros, nadie (ni siquiera los propios toreros) está seguro de nada y la receta infalible se puede convertir en una situación de riesgo. Así que cada aficionado da su opinión a su vecino de localidad (en voz queda, por supuesto) y allí no chista nadie. Ni en el tendido, ni en el callejón ¡Bueno fuera!

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Susto de Dávila en el primero. Los Miuras ya se sabe (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

Entre una cosa y otra, entre el juego emocionante de los toros, las opiniones doctas de los vecinos de localidad y el trabajo solvente de los toreros (Oficio y maestría en Dávila y apuesta arriesgada en Escribano) se fue pasando la tarde en un suspiro (o, mejor dicho, en un ay).

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Dávila Miura entendió perfectamente a sus toros y les dio la lidia adecuada (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

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Escribano estuvo muy valiente y decidido toda la tarde. Aquí se adorna en banderillas (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

(Un inciso: Me gusta emplear la palabra trabajo al referirme a la labor de los diestros no sólo por que es indicio del esfuerzo que implica lidiar estos toros sino por su sabor decimonónico, muy adecuado a una ganadería que va ya camino de los 175 años de historia pues se fundó en 1849)

(Y una apostilla: El excepcional desempeño de los banderilleros y varilargueros en esta feria de Sevilla. Otra característica de esta afición es su atención a los detalles y, entre los detalles, no el menor es la buena labor de los de plata a pie y los de oro a caballo. Quede constancia)

En resumen que los Miuras, por su variedad, pusieron interés. Que Escribano y Dávila hicieron cosas de mucho mérito y que el público salió encantado de lo que había visto y que, también encantados y por su propio pie, salieron los toreros después de haber dado cuenta de la corrida.

De una señora corrida de toros de Miura, que decían los antiguos.

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Dávila Miura apostó de forma tremenda y arriesgada en su vuelta a los ruedos y triunfó con los toros de Miura ¡Olé por él! (Fotografía de José Carlos Vázquez para Diario de Sevilla)

viernes, 24 de abril de 2015

Postales de Mecanizado y Ferrera

Por Jose Morente (Fotografías de Gonzalo Arjona para Aplausos)

 

037 (cornadas para todos)Mecanizado en varas (Foto del Blog Cornadas para todos)

 

Un toro y un torero protagonistas.

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El toro: “Mecanizado” de Victorino Martín. nº 73. Cárdeno bragado. Nacido en febrero de 2011, 544 Kgs. de peso. Bravo toro de alegre y, por momentos, fiera embestida al caballo. Un toro que, además, se abría siempre en los engaños desde su salida y que fue a más a lo largo de su lidia. Un gran toro de Victorino Martín.

 

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El torero: Antonio Ferrera. Nacido en Ibiza en febrero de 1978. Tomó la alternativa en Olivenza el 2 de marzo de 1997 siendo padrino Enrique Ponce y la confirmó en Madrid, el 28 de marzo del 99, de manos de Miguel Rodríguez. Una actuación redonda de un gran torero y un gran maestro.

 

El encuentro del toro y el torero. El toreo

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La lidia total. 3 pares de banderillas prendidos en el lomo del toro. Un par el de la foto muy espectacular aunque, personalmente, me quedo con el tercero, un para quiebro en tablas con el toro al paso y el torero al paso también.

 

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Mando y humillación. El torero manda (y manda mucho) mientras el toro humilla (y humilla mucho) siguiendo los vuelos de la muleta. La bravura noble y enclasada como clave (condición necesaria) para hacer posible el mejor toreo posible.

 

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Cargar la suerte no es adelantar la pierna de salida (eso sería desplazar la trayectoria del toro) sino conducir la embestida con el brazo mientras el peso del cuerpo se desplaza de una pierna a la otra y se acompaña y manda, con torería, en esa embestida. Eso es lo que hace Ferrera: cargar la suerte.

 

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El moderno toreo de muleta se basa y diferencia sobre todo en conducir la embestida del toro con los vuelos de la muleta en un muletazo lo más largo que permita la embestida del toro y el mando del torero. Al natural, cuando el torero sabe torear y el toro sabe embestir, los vuelos “vuelan

 

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Un viejo aforismo: Al torero que se coloca de frente, el toro le pasa sólo por el costado, al torero que se coloca de costado (de perfil) el toro le pasa por todo el frente. De pierna a pierna, de femoral a femoral. Por si eso fuera poco, Ferrera torea aquí al natural con la máxima naturalidad.

Una ecuación: Gran toro más gran torero igual a gran toreo.

 

Triunfo del toro y del torero.

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Pese a que se mostró como un gran maestro a lo largo de toda la lidia y a que estuvo cumbre en la faena de muleta, Ferrera fue sólo premiado con una justa vuelta al ruedo que supo a poco. Hoy el manejo de los aceros, si hay tardanza en la muerte del toro, se penaliza en demasía.

 

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Mecanizado empujó con bravura y fiereza en el caballo (aunque se salió suelto en el segundo envite) y embistió sin desmayo con clase, nobleza, bravura y profundidad, sobre todo por el pitón derecho, a lo largo de toda la lidia. Por todo ello, y pese a que demostró una cierta y constante tendencia a toriles, se le premió, justo premio, con la vuelta al ruedo a paso lento de las mulillas mientras sonaba la música en su honor.

 

“Un rato después – como dijo, en su día, Maximiliano de México en sus Memorias- la corrida había acabado. El pueblo bajó a la arena y afluyó a las puertas de salida. Lleno de embriaguez y entusiasmo dejé estos lugares (…)

miércoles, 22 de abril de 2015

Cuaderno de notas (XLIX) Manuel Mora-Figueroa: De Joselito a Manolete.

 

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Manuel Mora-Figueroa banderilleando a un novillo a puerta cerrada en Barcelona, en un singular mano a mano con Manolete y con Manolo Escudero de sobresaliente. Casi nada. Manuel Mora-Figueroa era hermano de Ramón, el genial inspirador y creador del toro de Tamarón-Conde de la Corte.

 

"Soy amigo de muchos toreros y creo que sé apreciar bastante objetivamente sus cualidades artísticas. Fui gallista, de Joselito, porque, por lo que recuerdo, creo que ha sido el torero más completo que yo he conocido.

He admirado a Belmonte (padre), Chicuelo, Manolo Bienvenida, Barrera, Lalanda, Ortega, etc...., a cada uno en su estilo y cualidades, y hoy admiro y aprecio muchas cosas de muchos.

Pero el que más me gusta es Manolete, sin que esto signifique menosprecio a las demás figuras."

    Declaraciones de Manuel Mora-Figueroa a Pilar Yvars en El Ruedo (nº 150 del 8 de mayo de 1947)

 

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Manuel Mora-Figueroa con Manolete en Barcelona, mano a mano

martes, 14 de abril de 2015

En busca de la bravura. Hechuras y reatas

Por Jose Morente

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Diano de Ibarra. El semental por antonomasia. El más famoso. Cuando lo desencajonaron en Colmenar, el mayoral lo describió de forma tan lacónica como expresiva diciendo en un telegrama “tipo fino bonito negro”. Este fue el toro que “hizo” la ganadería de Vicente Martínez, la predilecta de las figuras en la Edad de Oro.

Las hechuras y la reata

Hablábamos en la anterior entrada de lo complicada que era la selección de sementales ya que probarlos en la muleta, que es lo lógico si queremos saber hasta donde llega de verdad la bravura del aspirante, no es posible si no queremos quemar esa misma bravura en las reses que, finalmente, no resulten seleccionadas.

Tentando un macho Fino (Parrado)

Torear las reses con la muleta es “quemar” su bravura y por tanto imposibilitar que vayan a la plaza. Ese es el “coste” del tentadero de machos. En la foto, Finito tentando un macho en Torrehandilla (Foto de Parrado publicada en el Blog Los caminos del toro)

Sin embargo, lo que en realidad tiene su intríngulis es establecer los criterios de selección en base a los cuales determinaremos si un animal concreto puede echarse a las vacas o no.

Una cuestión previa a todo el proceso es determinar que animales se someterán a la prueba del tentadero. En ese sentido, son dos las características básicas que se vienen utilizando para elegir aquellas reses que se “probaran” como sementales: Las hechuras y la reata.

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Elegir entre todas las reses de una camada aquel o aquellos que se van a destinar a sementales no es tarea fácil (En la fotografía reses de la ganadería salmantina de José Cruz de Ciudad Rodrigo)

La reata

La palabra “casta” significaba en origen “familia”.

Por eso Paquiro en su Tauromaquia aconsejaba que, para la lidia se buscasen toros de “casta” ya que, como decía:

“La casta debe ser buena, no porque todos los toros de casta salgan buenos,sino porque hay más probabilidad en que sea bravo el toro cuyos padres lo fueron que no aquel que no sabemos de quien sea hijo, y que acaso sus padres estaban criados a mano”.

Dando por hecho que todos los toros de una buena ganadería son de “casta” o sea, de padres conocidos, lo que nos interesa es elegir de entre los posibles candidatos aquel que pertenezca a una familia de probada bravura. Es decir, que tenga buena reata.

No solo porque, como dice Paquiro, tiene más probabilidades de ser bravo aquel cuyos padres lo fueron, sino porque al tratarse de un carácter consolidado genéticamente es también más probable que transmita esa bravura a su descendencia.

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Grupo de reses de muy buena reata. ¡Y tan buena! pues se trata nada menos que varios hijos del Diano lidiados en Madrid en junio de 1911  (Fotografía del libro Diano de Luís Fernández Salcedo tomada en los corrales de la Plaza Vieja de Madrid antes del reconocimiento)

 

La hechuras

Dentro ya de las buenas reatas (de las buenas familias) y puestos a elegir candidatos, otro buen criterio es optar por aquellas reses que presenten mejor estampa, mejores hechuras siempre claro está que se encuentren dentro del tipo de la ganadería a la que pertenecen. Algo que es muy importante y que, a veces, se olvida.

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Cada encaste e incluso cada ganadería dentro del mismo encaste tiene sus propias hechuras que diferencia y distingue sus toros de los demás. En la foto, un clásico toro de miura de pelo sardo (una mezcla de pelos blancos, negros y colorados). El miura con ser un toro muy grande y largo suele ser muy fino y agalgado (Fotografía de la revista Aplausos)

Aunque también es verdad que esta regla, elegir animales en el tipo de la ganadería, aunque aplicable en la mayoría de las ocasiones puede no ser pertinente cuando lo que buscamos es precisamente lo contrario o sea, cambiar el tipo de la ganadería. Es lo que ocurre cuando se buscan toros de mayor tamaño o con pitones mas grandes, para adecuarse –por ejemplo- a los cambiantes vaivenes de la moda, esa moda que tanto determina y condiciona, incluso y pese a lo que pudiera pensarse, el mundo del toro.

 

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Pistolero de Ibán en las Ventas (mayo de 2012). A veces no se encuentra lo que se busca dentro de casa y hay que ir a buscarlo fuera. Eso es lo que ocurrió con la ganadería de Baltasar Ibán a finales de los 70 cuando tuvieron que cruzar los originales y terciados Contreras (origen Murube) con ganado de Juan Pedro Domecq de mucho mayor tamaño y corpulencia por exigencias de la “moda” de entonces. Pese al cruce, Pistolero presenta unas preciosas hechuras.

Dentro de las hechuras propias de cada encaste, y aunque algunos gustan de los animales grandones y destartalados (hay gustos para todos los gustos), lo cierto es que el animal más bonito será, en general, el que sea más fino. El toro es un animal depurado a fuerza de selección y la selección “afina” el tipo. Decía Paquiro:

“Para que un toro sea fino ha de reunir el pelo luciente, espeso, sentado y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda, los cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola espesa y fina; las orejas vellosas y movibles. Esto es lo que se conoce por buen trapío”.

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Otro animal fino hasta la exageración y muy bravo, Mesonero de Santa Coloma (más asaltllado que ibarreño) fue el semental que, a lo largo de 16 años padreando, “hizo” la ganadería de Graciliano Pérez-Tabernero (fotografía del Ruedo)

Buen trapío que Montes equiparaba a la finura. Criterio con el que coinciden y en el que abundan la mayoría de autores. Así, por ejemplo, Luís Fernández Salcedo:

“Lo de la finura es quizás lo más convincente, pues un toro fino de hechuras representa de por sí un producto selecto, por la ligereza de su esqueleto, delgadez de la piel, pequeñez de la pezuña, poco grosor de las astas, etc., y como la bravura también es producto de selección, suelen coincidir todas estas circunstancias en la mayoría de las ocasiones –dentro de una vacada- y en caso de discrepar ocurre que un toro fino puede no ser bravo pero la recíproca es muchísimo menos frecuente”.

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Toro de Zalduendo de espectaculares hechuras y pelo. Una preciosidad de toro.

La recíproca es la del toro feo y basto que, sólo en contadas ocasiones, dará ejemplares de irreprochable bravura.

 

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La excepción que confirma la regla: Cubanosito ejemplar de la ganadería de Antonio Ordoñez lidiado en la Corrida-concurso de Jerez en 1965 y cuya lidia correspondió a Antonio Bienvenida quien estuvo sensacional con ese toro. Bienvenida comentaría después de la corrida que si Ordoñez se había atrevido a enviar un toro tan feo a una corrida-concurso sólo podía deberse a la confianza que en el tendría como ganadero. En efecto, Cubanosito fue tan bravo y noble que mereció el indulto.

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Azulejo dedicado a Cubanosito (de la web Jerez siempre)

domingo, 12 de abril de 2015

Tentadero de machos

Por Jose Morente

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Tentadero de machos en el Toruño, la finca de los Guardiolas, allá por los finales de los años 60 (Fotografía publicada en el imprescindible libro de Alfonso Navalón, Viaje a los toros del Sol)
Aunque el espectáculo de la corrida pueda resultar fascinante por el bullicio y el colorido que tiene cualquier tarde de toros, es innegable que son las faenas camperas, las que pese a su, a veces, sosegada y apacible apariencia, pueden proporcionar las emociones más hondas e intensas que le cabe vivir a un aficionado cabal.
 
Allí, alejado de los intereses económicos que rodean y distorsionan, en cierto modo, los festejos formales se desarrolla la vida privada del toro de lidia, atractiva como pocas. Allí, también en la soledad del campo tienen su laboratorio de prueba o campo de entrenamiento los toreros.
 
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Paco Ojeda, ya retirado en un tentadero
Sin espectadores que desvirtúen con su presencia y sus exigencias el encuentro entre la fiera y el hombre, es en el campo y alejados de miradas indiscretas donde se enfrentan sin mixtificaciones toro y torero, bajo la atenta mirada del ganadero y donde creo que, por ello, se puede encontrar la verdadera esencia de la Fiesta.
 
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Lo de la soledad del campo, no pasa a veces de ser un eufemismo como lo prueba esta fotografía (publicada en Pan y Toros en 1896) de los asistentes a un tentadero en la ganadería colmenareña de Don Vicente Martínez. Y es que cuando de toros se trata, el personal que vive por los alrededores de las ganaderías suele orientarse con suma facilidad por el interés que despiertan siempre todas estas labores ganaderas.
Un mundo al que resulta difícil de acceder a la mayoría de los aficionados a pie quienes tenemos que contentarnos con leer alguno de esos libros maravillosos pero escasos que sobre este tema se han escrito.
 
Yo, personalmente recomiendo estos tres:
 
  • Viaje a los toros del sol de Alfonso Navalón. Imprescindible. La mejor forma de conocer por dentro el mundo de las ganaderías bravas, desde la peculiar visión de su autor, si no tenemos oportunidad de acceder a alguna de ellas personalmente.
  • El trapío verde, de Robert Ryan. Un tratado poético pero esencial sobre el toro en el campo. Bello texto y bellas fotografías.
  • El toro bravo, de Luís Fernández Salcedo. Un clásico. Además de los magníficos textos de su autor se trata de una publicación con gran profusión de imágenes fotográficas. Muy didáctico como todos los libros de Salcedo.

 

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Portada del libro El toro bravo de Luís Fernández Salcedo
Los tentaderos
 
Para el ganadero, de todas las actividades que se desarrollan en la ganadería, los tentaderos se convierten en pieza fundamental para la buena marcha de su ganadería desde que, hace ya muchos años, se empezaran a seleccionar a los reproductores (machos y hembras) por su bravura contrastada.
 
El tentadero consiste en someter a las reses (en principio, a las futuras madres) a una prueba funcional muy parecida a la lidia del toro en la plaza, con la excepción del tercio de banderillas. Las vaquillas (que suelen tentarse a la edad de entre dos y tres años) son probadas en el caballo y en la muleta. Las aprobadas pasan a ser madres mientras que las suspendidas son enviadas al matadero o vendidas como deshecho.
 
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Tentadero en Clairac (Fotografía facilitada por Felipe Romero)
Ese es el tentadero en plaza pues otra modalidad diferente y menos frecuente que es la del tentadero a campo abierto, escuela de grandes garrochistas. Consiste el tentadero a campo abierto en una faena previa de acoso y derribo para una vez derribada la vaca o el becerro enfrentarle al caballo del tentador. Y con todo el campo abierto para decidir si embiste o renuncia a la lucha y vuelve grupas hacia la manada.
 
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Acoso y derribo en campo abierto (Lámina del Arte de la Lidia publicada en 1883)
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Una vez derribada la res, en este caso un precioso novillo, se hace presente el tentador para calibrar su bravura (Cossío Tomo II/30)
 
El Tentadero de machos.
 
Una caso muy especial es el tentadero de machos o sea la operación de probar la bravura de los futuros sementales que, generalmente, serán los ejemplares de mejores hechuras y mejores reatas (familias). En esta selección de sementales, a los ganaderos se les plantea un dilema importante.
 
Y es que si prueban a las reses de forma completa, esto es en el caballo y la muleta, corren el riesgo de “quemar”  su bravura e inutilizar para la lidia (“el toro toreado no puede nunca pisar una plaza”) aquellas reses que, aún no siendo válidas como sementales, pudieran haber dado presumiblemente un magnífico juego  si se hubiesen lidiado en corrida ordinaria.
 
Por eso, lo que suele hacer en el tentadero de machos es probar, a las reses candidatas a semental, en el caballo pero sin utilizar engaño alguno (prohibidos capotes) sino varitas, ramajes y similares. En este caso, sólo los toros que demuestren una gran bravura en el caballo serán probados en la muleta.
 
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Tentadero de machos en la ganadería navarra de José Antonio Baigorri (2011. Web Toros en Navarra)
Los otros aquellos cuyo comportamiento en varas no satisfaga al ganadero vuelven al campo para poder ser enviados a las plazas sin resquemor alguno pues siguen siendo “vírgenes” de toreo al no haber visto capote ni engaño alguno.
 
Esa forma de proceder reduce el “coste” de la operación, operación gravosa, en todo caso, porque seleccionar y desechar es un método necesario en una ganadería pero costoso. Muy costoso.
 
Máxime cuando tampoco está garantizado el resultado final.

Tauroteca. Primer tentadero de machos de la ganadería de Urcola comprada por Victorino Martín (Video de Sangre Brava).
 
 
 
 
Postdata: A Itziar Urrutía, compañera y, sin embargo, amiga y culpable de que este tema haya salido a la palestra.

sábado, 11 de abril de 2015

Paco Ojeda (I) La profecía de Pepe Alameda

Por José Morente

 

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Joselito y Belmonte frente a frente. Toreo natural y toreo cambiado. Toreo en redondo y toreo en ochos. Toreo largo y extenso frente a toreo corto pero intenso. Dos modos de torear ¿diferentes?¿antagónicos?¿complementarios? (Detalle del cartel de la Exposición que, en honor de ambos diestros, se celebró en Sevilla durante los meses de octubre y noviembre de 2013)

 

Dos sistemas ¿incompatibles?

En una entrada anterior, hablábamos del sinsentido que supondría y supone exigir que en un determinado modo de torear (pongamos el toreo en redondo) se exijan movimientos y acciones (pongamos cargar la suerte adelantando la pierna de salida) que son más propias de un modo diferente de torear (pongamos el toreo en ochos).

El toreo en redondo y el toreo en ochos responden a dos sistemas, modelos, esquemas, conceptos y planteamientos antagónicos y diferenciados que no admiten mezclas ni mixturas entre ellos.

¿Que no admiten?

 

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Dos modos de torear diferenciados que no parecen admitir mezcla alguna.

 

La profecía de Pepe Alameda

El primero en plantear la cuestión de la dicotomía entre esos dos modos de torear aparentemente excluyentes fue Pepe Alameda.

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José Alameda (Pepe Alameda) tomando notas en el tendido.

El maestro Alameda, en uno de sus mejores libros (“Los arquitectos del toreo moderno”) y luego de elucubrar sobre la evolución a lo largo de la historia de esos dos sistemas tan antagónicos (sistemas que el denominaba toreo de línea natural y toreo de línea cambiada) se planteaba cual podría ser la salida a ese callejón sin salida que suponía la evolución lógica del toreo “en redondo” y el del toreo “en ochos” pues, según él, ambos modos de torear habían llegado a un relativo agotamiento.

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Portada de la 1ª edición del libro de Alameda, “Los arquitectos del toreo moderno”. Juan Belmonte preside la sugestiva imagen. Alameda descubriría años más tarde la película de los 7 toros de Martínez de Joselito que le hizo desplazar hacia este otro diestro el acento en la invención del moderno toreo en redondo que, por aquel entonces, no era capaz de explicar ni explicarse

Nota: Conviene aclarar que lo de moderno es un eufemismo pues aunque “sólo” han pasado 100 años desde que José recuperara ese toreo en la plaza de Madrid, consta que ese modo de torear ya lo practicaron anteriormente otros diestros del siglo XIX. Joselito lo que hizo –según Alameda- fue retomar un hilo que se había perdido. El hilo del toreo en redondo.

Decía Alameda en el capítulo XI (“Ventana al futuro; una posible salida”) del citado libro:

Tengo para mí que la posibilidad de ese progreso está en la síntesis del toreo natural y el cambiado, pues el día que un torero. sintiendo en principio uno de ambos modos, llegare a completarse, adquiriendo cabalmente el otro, en una integración profesional que no es imposible, se alcanzaría un grado nuevo de dominio del toro y, consecuentemente del toreo.

Tanto el toreo natural como el cambiado son en definitiva instrumentos. Y el dominio de los instrumentos es el primer paso para lograr el fin que en este caso es el dominio sobre el astado

Retengamos estos conceptos:

  • Existen dos modos de torear: toreo natural y toreo cambiado (O lo que es lo mismo, toreo en redondo y toreo en ochos)
  • Según Alameda, es posible la síntesis de ambos modos de torear
  • Esa síntesis permitiría alcanzar, también según Alameda, un grado nuevo de dominio sobre el toro al poder ir alternando esos modos según conviniera en función de las cambiantes condiciones de los toros.

Eso es lo que decía Pepe Alameda en 1961.

 

La alternancia del toreo en ochos y el toreo en redondo

Hoy día, la alternancia de toreo en ochos y toreo en redondo en un mismo toro aunque habitual sigue siendo algo excepcional cuando surge en plenitud y sorprende gratamente al espectador.

Ese fue lo que sucedió en Bilbao, el 23 de agosto de 2011, cuando Morante de la Puebla desgranó ante el toro Cacareo de Núñez del Cuvillo, y de forma sucesiva, ambos modos de toreo. El toreo en ochos para dominar la aspereza de aquel astado y, luego posteriormente, el toreo en redondo para culminar la faena. Un sueño.

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Hoy día, la alternancia del toreo en ochos y el toreo en redondo en un mismo toro, se produce casi todas las tardes si bien no con la contundencia, claridad y excelsitud con que ambos modos se plasmaron uno detrás del otro, en Bilbao el día 23 de agosto de 2011 por el diestro Morante de la Puebla, ante el toro Cacareo, colorao ojo de perdiz, de Núñez del Cuvillo,

 

La síntesis ideal

Sin embargo, pienso que la verdadera síntesis intuida por Pepe Alameda no se encuentra en la alternancia entre esos dos modos de torear sino en fundir esos dos modos en uno sólo. Algo tremendamente complicado.

Por eso tuvieron que pasar más de dos décadas desde que Alameda escribiera su libro para que llegara un torero que hiciese realidad su profecía.

Pero no, como presumía Alameda, por la capacidad de ese torero esperado para sentir y ejecutar ambos modos en plenitud “cada uno en su momento y para sus fines” sino, lo que es más importante y fundamental en mi opinión, fundiendo esos dos modos en un único sistema.

El torero (grandioso torero) que hizo posible ese síntesis ideal intuida o soñada por Pepe Alameda, se llamaba (y se llama, por suerte para todos) Paco Ojeda.

 

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Paco Ojeda consiguió en los ruedos algo que parecía un sueño imposible: la perfecta síntesis del toreo natural y el toreo cambiado, del toreo en redondo y del toreo en ochos.

Pero no alternando ambos modos de forma sucesiva sino fundiéndolos en uno sólo, cumpliendo así el sueño o profecía de Pepe Alameda.

(Continuará)