martes, 28 de febrero de 2012

De Coruche a Palma del Río (I) Don Luis Patricio

 

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Fotografía de la Plaza de Toros de Madrid (la plaza Vieja) que fue portada del álbum de instantáneas de Laurent (h. 1877)

El buen aficionado Víctor Pérez López dictaba el jueves 2 de febrero una interesante conferencia dentro de las del ciclo organizado en la Universidad San Pablo CEU de Madrid por Rafael Cabrera Bonet.

La conferencia tenía por título "Anécdotas de la plaza vieja de Madrid” y el tema como el propio nombre indica era un repaso a los hechos acaecidos en el Viejo coso de la carretera de Aragón durante sus sesenta años de existencia.

Entre las notas tomadas sobre la marcha por ese otro gran aficionado que es mi amigo Pedro del Cerro, hay una que merece la atención. Copio literalmente:

Luis Patricio, ganadería de casta portuguesa, era conocida por sus toros serios, cornalones, astifinos y tremendamente duros. Muy del gusto de los aficionados y el único hierro que nunca torearon las figuras de aquellos años, Vicente Pastor lo hizo cuando aún no era torero de relumbrón...”

Al pronto el nombre de Luis Patricio no me decía nada. Así que, ni corto ni perezoso me interno en Internet para indagar quien sería ese ganadero “tan del gusto de los aficionados de la época”.

Si uno pone el nombrecito en Google he aquí que aparece la siguiente mágica palabra asociada al nombre del ganadero citado:

¡¡¡¡CORUCHE!!!!

Y esto (lo de Coruche) es otra cosa, pues este nombre si que me sonaba. 

Creo que la primera vez que escuché la palabra Coruche fue en uno de los Cuentos del Viejo mayoral, titulado  “La vista es la que trabaja” y que no me resisto a resumir:

“En un pueblo, unas cuadrillas simulan que ve bien un toro tuerto que el Presidente de la corrida quería desechar.

Lidiado el toro y mosqueada la autoridad, el Presidente exige de los toreros que expliquen, bajo amenaza de multarles, el porqué de su interés en lidiar ese toro tuerto.

Los banderilleros, finalmente, acaban por confesar que el toro evidentemente no sólo era tuerto sino tuertísimo, pero que el sobrero "tenía dos pitones y era de… ¡¡¡Coruche!!!"

 

Reportaje del apartado (Charlas Taurinas-Fdez Salcedo) 001

Los Cuentos del Viejo Mayoral de don Luis Fernández Salcedo, se fueron publicando en entregas en el Ruedo, ilustrados por la pluma de Antonio Casero (En la imagen una ilustración de ese magnífico dibujante para el capítulo “Reportaje del Apartado” del libro “Charlas Taurinas” del autor citado)

 

Coruche, el nombre del pueblo donde pastaban las reses del ganadero portugués don Luis Patricio, era por extensión el nombre con el que se conocía su ganadería. Una ganadería famosa por el pánico que su sola mención provocaba entre los toreros.

 

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La plaza de toros de Coruche en la actualidad

 

Presentación en Madrid 

La presentación en Madrid de esta ganadería tuvo lugar en corrida de novillos, el 15 de marzo de 1903 (fecha que Cossío reseña como la de antigüedad) y torearon esa tarde Mazzantinito, Calerito y Agualimpia (nuevo en esa plaza).

Sobre la presentación de la novillada, decía el crítico de Sol y Sombra que fue irreprochable por lo excelente. De hecho los toros habían despertado enorme expectación entre los asistentes a su desencajonamiento.

En la plaza aparentaron mucho peso y fueron duros y con empuje, aunque con el reparo de su falta de bravura pues tardearon a ratos y mostraron tendencia a la mansedumbre, excepto el sexto que fue noblote.

1903-03-15 Madrid Coruche Clerito en el 1º 001

Calerito ante “Cuadrado“ el novillo con el que se presentó la ganadería en Madrid. Un toro marcado con el número 15, cárdeno claro, bragado, meano, bien puesto de herramientas y de bastantes kilos, según el crítico del Toreo, aunque despitorrado del derecho como se observa en a fotografía. En resumen, un tío.

La tarde fue muy accidentada y no faltaron desgracias, sustos y revolcones como sería habitual siempre que se lidiaran toros de esta ganadería.

Calerito sufrió un desarme y en el barullo del quite, el peón Metralla recibió un achuchón contra las tablas. saliendo ileso de milagro. A Calerito también le trompicó su segundo toro al entrar a matar. Del testarazo que dio con las tablas salió inconsciente y trasladado a la enfermería le apreciaron una cornada de diez centímetros en el lado derecho del tórax.

A ese toro lo remató Mazzantinito quien sin embargo no pudo con el segundo de la tarde que volvió vivito y coleando a los corrales.

 

1903-03-15 (p. 19 SyS) Mazzantinito toro 2 Coruche 001

Mazzantinito en el segundo de la tarde (“Gabaito” de pelo berrendo en cárdeno, botinero y capirote y mogón del pitón derecho). Le dieron los tres avisos. Para colmo le foguearon al quinto de la tarde, aunque en este mal que bien pudo salir del paso y consiguió matarle. Mazzantinito fue un torero madrileño muy vinculado a Colmenar Viejo y, en particular, a la ganadería de Vicente Martínez (la ganadería familiar de Luís Fernández Salcedo), cuyos toros que tenía archiconocidos en el campo no podía, sin embargo, lidiar en las plazas ya que, por su escaso cartel, le tocaría apechugar toda su carrera con un ganado muy distinto, con ganado del tipo de los de Coruche.

 

1903-03-15 (p. 19 SyS) Agualimpia en el 3 001

Ese día se presentaba en Madrid el gaditano Agualimpia. En su primer toro (tercero de la tarde) estuvo bien y escuchó palmas (en la foto lo vemos saludando) sobre todo por un certero descabello dado con el cachete a la ballestilla. El sexto le vino largo pues el burel le comía la muleta de puro bravo.

 

La primera corrida de toros de Coruche en la Villa y Corte

La revista “Respetable Público”, establecía como antigüedad de la ganadería (discrepando del criterio de Cossío que es el mismo que actualmente sigue la Unión de Criadores de Toros de Lidia) la fecha del 5 de julio del mismo año, día en que Don Luis Patricio lidió en Madrid su primera corrida de toros.

Esta corrida fue complicada de organizar pues los toros estuvieron en la Muñoza algún tiempo ya que no se encontraban espadas que quisieran matarlos.

1896-09-07 (p. PyT) La Muñoza Veragua-Pte Viveros

Encierro de una corrida de Veragua en la Muñoza hacía 1896 (Fotografía de Pan y toros). En los Prados de la Muñoza, propiedad de la empresa madrileña, descansaban y se ponían a tono las corridas destinadas a ser lidiadas en la plaza de la Corte.

Al final se organizó y, después de muchos dimes y diretes, se pudo celebrar como corrida extraordinaria el día 5 de julio con los diestros Francisco Bonal “Bonarillo” y Joaquín Hernández “Parrao”.

Nada que ver con el cartel de la corrida de la Prensa celebrada sólo tres días antes.

  1903-07-02 (p. 9 SyS) Al salir de la plaza 001

El ambiente al salir de la plaza el día de la corrida de la Prensa (celebrada el 2 de julio, sólo tres días antes de la que comentamos). Ese día se lidiaron toros de Veragua por Antonio Fuentes, Agabeño,  Bombita y Machaquito. Ganado de lujo para un cartel de lujo.

Bonarillo y Parrao se echaron para adelante, pues eran capaces de torear desde el buey Apis al Tauro del Zodiaco, como decía el cronista de Sol y Sombra quien no desperdiciaba la ocasión para alabar a estos dos valientes (lo que estaba muy bien) y zaherir al resto de los coletudos (lo que no tenía tanta tanta lógica visto el comportamiento de estas reses en la novillada de presentación en Madrid).

El caso es que los toros de don Luis Patricio salieron grandes, duros y de respeto aunque finos y de buen trapío y, sobre todo, con mucha leña en la cabeza.

1903-07-05 (p. 9 SyS) Parrao en el toro segundo 001

Aunque los periodistas se hicieron lenguas del trapío de los toros, este (segundo de la tarde) que correspondió a Parrao echaba menos bulto que sus hermanos lidiados en marzo como novillos. El diestro no tuvo una actuación muy allá pero el cronista lo disculpó por lo difícil del ganado lidiado (De este toro dijeron las crónicas que sacó las intenciones de un Miura legítimo)

 

De cabeza trajeron los toros también a los picadores esa tarde. Telillas acabó en la enfermería con una gran conmoción y Chanito también quedó fuera de combate por un enorme golpetazo en la cabeza.

1903-07-05 (p. 9 SyS) Bonarillo estocada al tercero 001

1903-07-05 (p. 9 SyS) Bonarillo descabello al tercero 001

El tercero de la tarde (“más largo que la avaricia de un clerical” decían las metafóricas crónicas) correspondió a Bonarillo a quien vemos en la tarea de finiquitar al astado. Dura tarea pues, aunque se echó fuera en la estocada, el toro acertó a quitarle la faja. A este diestro lo había cogido también el primer toro.

 

1903-07-05 (p. 9 SyS) Bonarillo palmas primero 001

El ambiente en la plaza de Madrid a principios del siglo pasado. Palmas a Bonarillo a la muerte del primero de la tarde que le cogió al entrar a matar por atracarse mucho. El toro le enganchó por la pierna derecha y el torero sacó rota la taleguilla.

 

Cada vez más complicaciones y cada vez más complicados

Visto lo visto en las dos primeras corridas de la ganadería portuguesa en Madrid, cada vez resultaba más complicado organizar carteles de cierto nivel con estos toros y eso que los aficionados madrileños acudían en masa a la plaza los días que se anunciaban la reses portuguesas de don Luís Patricio.

Tan difícil era cerrar los carteles que el sólo anuncio de una de estas corridas constituía ya noticia para la prensa.

1906-09-05 ABC Los de Coruche

El ABC de 5 de septiembre de 1905 anunciaba con énfasis una corrida de la ganadería portuguesa. Los (valientes) diestros anunciados eran Jerezano, Vicente Pastor y Valenciano. 

1905-09-10 Cartel Alñternativa Valenciano Coruche

El cartel de la corrida (Librería Rodriguez, Madrid)

 

En esa corrida confirmó la alternativa el diestro Valenciano

1905-09-10 (p. 14) SyS Alternativa de Valenciano 001

Confirmación de alternativa de Valenciano a manos de Jerezano. El testigo (Vicente Pastor) que no aparece en la foto estaría pendiente del toro y no como ahora es habitual presenciando el evento. Los otros toreros tampoco parecen darle mucha importancia a esta ceremonia. El público por el contrario (sin llegar al lleno) abarrota los tendidos peso al escaso fuste del cartel (que sólo salvaba el nombre de Vicente Pastor)

El toro de la confirmación de alternativa se llamaba Surraya (nombre muy habitual pero en Japón, decía con mucho gracejo el cronista de El Toreo) y fue un verdadero regalito. Por eso, la faena de Valenciano transcurrió entre coladas y sustos propiciados por el de Coruche.

El diestro estuvo muy valiente, cobrando una estocada contraria de la que salió prendido por el vientre (por lo mucho que se embraguetó al entrar a matar) aunque, por fortuna, con menos consecuencias de lo que, en principio, parecía.

1905-09-10 (p. 14) SyS Cogida de Valenciano 001

Valenciano se dirige por su propio pie a la enfermería. Le había cogido el toro de la confirmación de alternativa aunque con menos gravedad de la que aparentó la cogida.

Tampoco salió librado el diestro Jerezano que también recibió una soberana paliza  (“salió muy traqueteado” decía Pascual Millán en Sol y Sombra) del bravísimo cuarto de la tarde. Antes, en su otro toro había dado un pequeño mitin aunque –por fortuna- solo escuchó un aviso.

1905-09-10 (p. 14) SyS Cogida de Jerezano 001

Jerezano, también cogido, es conducido a la enfermería después de la muerte del cuarto.

Tampoco pudo estar lucido, por mor del ganado, Vicente Pastor (quien ya había abandonado su inicial apodo de “Chico de la Blusa” que se debía al característico blusón que utilizaba cuando se lanzaba al ruedo en los embolados que se lidiaban después de la novilladas madrileñas).

El de Embajadores, abusó del pico de la muleta y anduvo bastante desconfiado. A pesar de todo, el público (más benévolo que los cronistas) le aplaudió en su primero.

Pastor fue también lastimado por el quinto toro de esa accidentada corrida y ahí se acabó todo pues ya se había echado la noche encima y la plaza carecía de luz artificial. 

1905-09-10 (p. 14) SyS Vicente Pastor 001

No es habitual ver tan desconfiado a un diestro tan valiente como Vicente Pastor, pero los torazos de Coruche infundían un pavor más que justificado entre los “coletas” 

 

El toro de Coruche

Decir Coruche era sinónimo de terror y horror. Algo así como decir Palha (de cuyo origen era la procedencia de ese ganado) pero si se me apura, aún algo peor. La sólo mención de este nombre hacía temblar a los “coletas” más decididos entre los que cundía inmediatamente… el pánico.

Los toros de Coruche destacaban además por su poder en la suerte de varas, por lo que daban grandes y emocionantes caídas y en el importante número de caballos que dejaban para el arrastre

Las reses del acaudalado ganadero Don Luis Patricio, eran corpulentos y de grandes defensas según decía J. Leal Cepeda en un artículo publicado en la revista “Respetable público” hacia 1911. El articulista añadía que no hacían falta reses tan exageradamente grandes y cornalonas para satisfacer los gustos del público.

 

1911-03-07 Respetable público Toro de Coruche

Un toro en el tipo de Coruche

Proponía nuestro autor, en consecuencia, que el ganadero redujese el tamaño de sus reses con el fin de obtener toros más pequeños y de más fácil manejo. Augurando que, como lo que se pierde en tamaño se gana en bravura, el resultado sería magnifico mejorando el puesto que ocupaba la ganadería no sólo en Portugal sino también en España.

 

¿Que fue de los toros de don Luis Patricio?

No es fácil seguir la pista de los avatares de esta ganadería pues no alcanzó nuca la fama que, por ejemplo, tuvo la de Palha. Pero lo que está claro es que no se cumplieron los deseos del cronista de Respetable Público pues la ganadería de Luis Patricio siguió los mismos pasos que otras ganaderías, portuguesas y españolas, de similar dureza que desaparecieron o se transformaron.

Según Joaquín López del Ramo, la mutación se produjo en 1949 por obra de don Alberto Cunhal Patricio (el hijo de don Luis Patricio) quien refundó la ganadería con reses de Infante da Cámara a más de ganado español de la línea de Gamero Cívico (Tamarón, Conde de la Corte, Belmonte y Guardiola) posteriormente se añadieron reses de Pinto Barreiros, también en la línea Ibarra-Parladé.

 

Por las rutas del toro-Joaquin Lopez del Ramo 001

Por las rutas del toro de Joaquín López del Ramo (Colección la Tauromaquia número 38, 1ª edición, Madrid, 1991).

Lo que no aclara López del Ramo es porqué, si Alberto Cunhal Patricio era hijo de Luis Patricio, cambió el hierro y la divisa de la ganadería de su familia.

¿Se había vendido esta antes y era, en realidad, una nueva ganadería o, por el contrario, se trataba de una táctica comercial para evitar asociar el nuevo ganado a la imagen terrorífica de sus antepasados?

 

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Cunhal Patricio

El hierro y la divisa de la ganadería de don Luis Patricio (cuya divisa era celeste y blanca) y (debajo) el de los Herederos de Alberto Cunhal Patricio.

 

Sea lo que fuere, con el cambio se pasó del temido toro de principios de siglo a uno de mejores hechuras, más hecho y más rematado y, sobre todo, con acometidas más bonancibles. En el fondo, lo que pedía el cronista de Respetable Público y lo que exigían los nuevos tiempos, aunque conseguido no por afinamiento y mejora de la raza antigua sino por refundición o cruces absorbentes.

 

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Un toro con las actuales hechuras de la ganadería de Herederos de Cunhal Patricio.

 

Sin embargo, aunque con otros orígenes y encastes, aun quedan hoy día ganaderías que nos recuerdan, por su dureza y por las dificultades que presenta su lidia,  a aquellas otras como la que, a nombre de don Luis Patricio, pastaba en los campos portugueses de Coruche a finales del XIX y principios del siglo XX.

Aunque esa, es otra historia.

1905-10-15 (p. 19) SyS Cogida del peon  Mallaito en el 1 001

Una más de las muchas cogidas que dieron estos toros. En la foto, un toro de Coruche arrolla al peón Mellaíto en la Plaza de Madrid, en 1905. Por suerte para él, el toro sigue su huida ignorándole.

 

(Continuará…)

Entrada modificada el 28/02/2012 a la 9:24

lunes, 20 de febrero de 2012

El toreo en redondo (y V) No es lo mismo dar un pase que dar dos

 

1913-06-30 PyP Machaquito citando al natural

Machaquito en Santander en 1913, citando para un pase natural. Hoy ha cambiado la estética y también el comportamiento de las reses (más bravas y más nobles) y, en consecuencia, ha cambiado la actitud (confianza) de los toreros. Sin embargo, los principios básicos del lance son muy similares (no así sus matices ni el modo de engarzar unos pases con otros)

 

Dos modos de torear

Aunque parezca lo contrario, los que se han dedicado a analizar el toreo se han preocupado más del pase aislado que de la forma de ligarlos.

Es cierto que siempre se ha exigido cierta continuidad en la sucesión de los muletazos, lo que en cierto modo depende de las condiciones del toro, hasta tal punto que cuando falta esa continuidad surge el reproche del aficionado. Por el contrario, cuando el toreo se produce con fluidez se olvidan matices y tiquismiquis y el personal simplemente se dedica a disfrutar de la faena.

 

Antonio Bienvenida-Natural  (El toreo-Luis Bollain) 001

Cuando el toreo fluye, el público se olvida de todo (Antonio Bienvenida en un natural)

Pero hay algo más que torear seguido. Algo que atañe a la esencia misma del toreo y al modo de construir las faenas los diestros. Y es la forma de engarzar unos pases con otros.

Y es que no es lo mismo dar un pase que dar dos pues en la posibilidad de elección que se abre al torero después de un pase (darlo por el mismo pitón del toro o por el pitón contrario) se encuentran definidos dos modos de torear contrapuestos que dan lugar a dos tipos de toreo distintos y encontrados, por su tesitura, por su finalidad y por su alcance: El toreo natural o en “redondo” y el toreo cambiado o en “ochos”.

 

1915-05-24 Madrid Joselito al natural 001

Joselito en Madrid un 24 de mayo del año 15. Un natural largo, larguísimo alargando el viaje gracias al mando de las muñecas y la posición de las piernas  lo que permite ligar este pase con el siguiente de la tanda (Todavía no había perdido José la costumbre de ayudarse con el estoque lo que le reprochaban algunos aficionados).

Este dilema no es moderno sino antiguo pues viene de los primeros tiempos del toreo (las viejas tauromaquias, si bien con sutiles titubeos, se decantaban en general por el toreo cambiado pero incluían matices o atisbos del toreo al natural).

Desde luego la confrontación entre estas dos opciones (legítimas ambas) pienso que es más crucial y tiene tanto o más calado para la historia del toreo que la división en estilos o escuelas (Ronda y Sevilla), la controversia entre toreros versus matadores o la preferencia entre conocimiento de las reses frente a conocimiento de las suertes. Aunque todas esas disputas tienen entre sí y con la que estamos tratando una estrecha relación que exigiría un análisis más detallado.

¿Pero cual es el trasfondo real de este dilema? ¿Cuál la razón última y origen de estos dos modos tan distintos y distantes?

 

1915-05-26 Belmonte Madrid Ayudado 001

Juan Belmonte en un ayudado a un toro de Olea en Madrid el 26 de mayo de 1915. En este pase se ve muy claramente el claro concepto de toreo cambiado que era propio del trianero. El torero, enfrontilado, avanza la pierna del lado por donde pasa el toro para desplazarlo hacia afuera.

 

Una hipótesis sobre los dos modos del toreo.

1916-05-04 (p. 8 La Lidia Jose y Juan

Barcelona, 4 de mayo del año 16. Los dos modos de toreo frente a frente: Natural (Joselito) y cambiado (Belmonte).

 

Tengo para mí que el estilo del toreo cambiado, que ejemplifica mejor que nadie Juan Belmonte, viene de su propio aprendizaje y no me refiero aquí a la herencia que le transmite Calderón sobre el toreo de Antonio Montes, sino a su aprendizaje en capeas y en el campo en las noches de Tablada.

 

Belmonte media veronica (Chaves Nogales-Renacimiento) 001

Belmonte aprendió a torear en las capeas y en las noches de Tablada con una pandilla de torerillos anarquistas del altozano de Triana. Sus mitos fueron el torero de la Alfalfa Manuel García El Espartero y el trianero Antonio Montes. (Andrés Martínez de León ha captado en este dibujo de forma magistral el modo de torear de Juan)

 

Y es que resulta muy común que los toreros hechos a salto de mata utilicen la técnica del toreo cambiado, que es el lógico para el toro corraleado de las capeas.

Capea de pueblo (Chaves Nogales-Renacimiento) 001

El complicado toro corraleado (y toreado) de las capeas que es capaz de dar cogidas dobles.

 

Un toro al que es difícil engañarle dos veces seguidas por el mismo lado lo que obliga a alternar los pases por ambos pitones (evitando además tener que cambiarle los terrenos algo mucho más peligroso).

Un toro que exige un toreo a la defensiva ganando el pitón contrario y cargando la suerte sobre las piernas para desplazar a la res del terreno del torero evitando el riesgo de la cogida. Y donde se cumple el viejo aforismo de que la mejor defensa es un buen ataque.

 

s.f. (Ryan) Chicuelo Sevilla cite al natural 001Chicuelo citando

La técnica del pitón contrario es fundamental en el toreo cambiado pero también se utiliza (en ocasiones) en el toreo de línea natural. En la secuencia se observa muy bien como aplica está técnica con mucha sutileza el gran torero sevillano Manuel Jimenez (Chicuelo). Cite que, además de su valor técnico, tiene una gran componente estética pues Chicuelo se conduce en la cara del toro con mucha personalidad, lo que es crucial para “llegar” a los tendidos. La técnica del pitón contrario, que aquí utiliza Chicuelo, fue llevada al límite como sistema de toreo por Juan Belmonte. Como todo en el toreo, la técnica es muy correcta si se utiliza correcta y adecuadamente cuando sea necesaria. Como abuso puede llegar a derivar en una ventaja excesiva.

 

Ese toreo (el de línea cambiada) es el mismo que preconizaban algunas de las viejas tauromaquias cuando el toreo alboreaba y cuando los toreros no habían acabado de entender en toda su magnitud el comportamiento del toro, que entonces era además más fiero y aleatorio. Por eso, hubo quien dijo que Juan no fue un revolucionario sino el restaurador de la verdad eterna del toreo. Porque su toreo a la defensiva entroncaba con el toreo a la defensiva de las primeras tauromaquias.

tauromaquia_completaTauromaquia de Paquiro (1836)

 

Por el contrario, con el toro bravo, el torero de escuela, de dinastía, confiado en la enseñanza de sus mayores, propende al toreo al natural esperando al toro a pie firme, trayéndole hacia dentro. Dando todas las ventajas al toro. Atreviéndose a repetir el mismo pase por el mismo lado, cuantas veces sea preciso.

 

1899-11-09 (SyS) La huerta de Gelves Detalle 001 (2)

Una foto de 1899 (muy poco conocida) publicada en Sol y Sombra. Los tres hermanos Gallo (Fernando, José, con cuatro años, y Rafael) con uno de sus perros, en la puerta del laboratorio taurino más famoso en la historia del toreo: la histórica Huerta de Gelves, donde se encontraba la placita de tientas en la que aprendieron a torear.

 

No creo que sea casualidad que los toreros de línea cambiada como Maoliyo Cuesta “el Espartero”, Antonio Montes, Domingo Ortega o Juan Belmonte se hicieran en capeas pueblerinas y en la clandestinidad de los cercados  ganaderos.

 

El toreo es grandeza-Vidal (Turner, 1987) 001

La 1ª edición del libro de Joaquín Vidal, “El toreo es grandeza” (Madrid, Turner, 1987) lleva en portada la foto de una capea, cosa lógica si se considera que Vidal ha sido uno de los más acérrimos defensores del toreo cambiado.

 

Tampoco, que los toreros de línea natural como Joselito “el Gallo”, Manuel Jiménez “Chicuelo” o Manuel Rodríguez “Manolete” sean todos hijos de toreros y su aprendizaje se haya realizado en el seno de familias toreras, en ambiente taurino.

 

1899-11-09 (SyS) La familia de Joselito 001

Del mismo reportaje que veíamos antes de Sol y Sombra, es esta otra foto con toda la familia de Joselito (aunque entonces el protagonista era Rafael que posa en el centro) al completo. José sentado en la rodilla de su madre, la señora Gabriela. Las familias de los buenos toreros son verdaderas academias taurinas.

 

Las dos líneas del toreo hoy

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Amós Salvador (un gran aficionado y Ministro de Hacienda en su época) escribió la que pienso es la última tauromaquia que merece tal nombre. Su “Teoría del Toreo” se publicó, póstumamente, en folletones en la Voz en 1933. Sus eclécticos planteamientos siguen siendo hoy más válidos que los dogmatismos de algunos críticos profesionales.

 

La confrontación entre las dos líneas del toreo llega hasta nuestros días y hoy nos encontramos ante toreros de línea natural y toreros de línea cambiada.

Es más, muy frecuentemente el mismo torero utilizará estos dos sistemas estratégicamente, incluso a veces en la misma faena, según las condiciones de las reses o lo que pretenda el diestro en cada momento.

 

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El toreo al natural en redondo en interpretación de Morante de la Puebla (aunque cuando un torero tiene tanta personalidad sobra decir su nombre).

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El mismo diestro dando un pase de trinchera, un pase cambiado. Toreo en “ochos”.

Este eclecticismo viene de antiguo. Pues en los toreros acaba siempre primando más un necesario pragmatismo que la seca doctrina dogmática que propugnan los críticos y los aficionados exigentes.

En las primeras décadas del siglo pasado Amós Salvador intentaba traducir, en su Teoría del Toreo (publicada póstumamente  en folletones del diario La Voz en 1933),  a sistema científico la práctica del toreo.

Historia del toreo-La Voz

La Teoría del toreo de Amós Salvador se publicó en 1933, aunque el texto se había escrito años antes.

Lo más interesante es que al describir el pase natural y para los toros que se ciñen o ganan terreno, Amós Salvador aconseja despegarlos del cuerpo acompañando el movimiento de éste con el de la muleta y sacando el pie del lado del movimiento aunque sin “espatarrarse”.

Por el contrario, cuando hay que dar al toro salida más larga, el consejo es aún más evidente y es que se debe adelantar un pie o retrasar el otro para colocar el cuerpo paralelo a la dirección del movimiento.

Amós Salvador dice que Frascuelo lo hacía con mucha frecuencia pero adelantando el pie contrario lo que, aunque eficaz, resulta feo .

 

1913-06-30 (PyP) Frascuelo cambio en la cabeza

En este grabado antiguo (recuperado para un artículo de Palmas y pitos de 1913) se ve a Frascuelo en un pase cambiado adelantando el pie contrario al del lado del muletazo, para perfilarse con el toro, como decía Amós Salvador que lo hacía habitualmente el torero de Churriana de la Vega.

 

Por eso aconseja retrasar el pie de salida al cargar la suerte y ello por dos razones: Primero porque se alarga el trayecto de los brazos y segundo, porque se hace lo natural que es seguir y acompañar el movimiento de muleta con el del pie de su lado.

   

1933-02-04 (La Voz-Teoria) Belmonte dibujo de Roberto Domingo)

Lo más curioso es que en el dibujo que acompaña el anterior texto (publicado en la Voz el 4 de febrero de 1933) se ve a Juan Belmonte toreando como aconsejaba Amós Salvador que no es como realmente toreaba el trianero. Belmonte no atrasaba la pierna de salida al cargar la suerte. Un tema interesante, pues hoy se confunde “cargar la suerte” con el hecho de avanzar la pierna hacia adelante o al lado, lo que no es enteramente correcto. Avanzar la pierna es un modo más de cargar la suerte, pero no el único. 

 

Teoria del toreo

En esta edición reciente del texto de Amós Salvador (Ed. Biblioteca Nueva-Colección La piel de toro), el torero ejecuta el natural alargando el pase, al recargar la suerte retrasando la pierna de salida, y acompañando de modo natural y no forzado el movimiento de muleta y la embestida del toro, como aconseja Amós Salvador. El toreo al natural así realizado se convierte en uno de los momentos más importantes y elegantes de la lidia. Detalle a anotar: el torero de la imagen está “cargando la suerte”, aunque no avanza sino que retrasa la pierna del lado de la muleta. No lo digo yo, lo dijo Amós Salvador. Quede constancia.

 

Epilogo. Cerrando el círculo

Lo que si es cierto es que, en esta historia, ha sido el toreo cambiado o en “ochos” el que ha tenido mayor predicamento entre críticos, escritores y aficionados rancios, lo que Alameda achacaba al “silencio” de Pedro Romero que no llegó a escribir su tauromaquia como si hizo Paquiro.

Desde luego, parece cierto, pues si hay un torero en la historia del toreo, que haya gozado de buena prensa y de buena literatura, ha sido Juan Belmonte. No en balde, su amistad con literatos, artistas e intelectuales le produjo el enorme beneficio de una literatura belmontista excepcional por su calidad pero mixtificadora del torero y, sobre todo, del papel que el trianero realmente ha jugado en la historia del toreo. 

Belmonte con Valle Inclan, Ayala y Miranda 002

Belmonte con los escritores y artistas: En la foto con Sebastián Miranda, Ramón Pérez de Ayala y Ramón María del Valle-Inclán. Un  cierto complejo de inferioridad de los aficionados taurinos ha propiciado una actitud bobalicona de estos hacia la opinión de los intelectuales en esta materia.

 

Baste recordar para comprobar la verdad del aserto el libro de Chaves Nogales (“Juan Belmonte Matador de Toros”), que todos hemos leído y con el que todos nos hemos emocionado. Juan Belmonte, matador de toros pero, sobre todo y ante todo, héroe literario.

 

Juan Belmonte Matador de toros Chaves Nogales 001

Portada de una edición facsímil del libro de Chaves Nogales. El belmontismo (como otros ismos de la misma cuerda) jugaba con el viento de la historia a favor pues el toreo cambiado siempre ha gozado de predicamento literario. Siendo el que propugnaban las viejas tauromaquias que defienden y entienden el toreo como conjunto de reglas defensivas. Por el contrario, el toreo natural ha gozado y goza del favor (y del fervor) de los públicos y el de los toreros (que no suelen escribir de toros pero que lo hacen y lo disfrutan).

 

Sin embargo y pese al excesivo furor y mitomanía de sus partidarios, el trianero, como torero irrepetible, merece todos lo elogios.

Belmonte paró el toro y el toreo. Heredó el concepto del muletazo que venía de Antonio Montes y antes de él, de los esbozos de toreo parado que había intentado hacer el mítico Espartero. Magnífica herencia que Juan  tuvo la capacidad (como el inmenso torero que era) de devolvernos convertida en oro de ley.

 

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Juan en un natural con su magnífico estilo. Sus virtudes (y sus defectos) son los propios del toreo cambiado. Al situarse de frente o de tres cuartos y no de perfil, el muletazo resulta sesgado y más corto el recorrido. El lance gana en tensión lo que pierde en naturalidad. Pero el trianero fue torero genial e irrepetible. Su expresión personal (trágica y honda) causó sensación en los públicos. Y no era para menos.

 

Mando, quietud y un temple infinito definen el magnífico y espectacular toreo del trianero. Toreo que además se adobaba con algo que, a partir de él sería clave, la expresión personal. Pues Belmonte conseguía transmitir un sentimiento hondo y trágico a todo lo que hacía en los ruedos.

Juan es caso singular en la historia del toreo. Con muy poco bagaje, pero con una íntima convicción personal armó la tremolina. Resulta, por ello, lógico y explicable el alborozo que su manera de torear produjo en los públicos. De ahí los epítetos con los que le conocieron: Cataclismo, Terremoto, Fenómeno.

 

1915-04-24 (p) Nuevo Mundo Feria de Sevilla Belmonte hombros

Feria de Sevilla del año 15. Belmonte a hombros

 

Lo mejor es que se ganó la admiración de todos los buenos aficionados y, especialmente la de Joselito, quien reconocía la calidad del toreo del trianero. Joselito fue probablemente el mejor belmontista pues entendió cabalmente a su compañero y amigo y asimiló sus conceptos.

 

Natural de Joselito (Chaves Nogales Renacimiento) 001

Cerrando el círculo. Joselito con la herencia de sus mayores y con la estética nueva de Juan Belmonte refundó (si no lo inventó) el toreo en redondo tal y como lo conocemos hoy. El dibujo (magnífico) de Andrés Martínez de León explica muy bien como toreaba Joselito al natural en redondo explorando nuevos caminos para el toreo. Técnicamente, hay que resaltar el remate del pase muy detrás de la cintura y el detalle del torero que ha llevado al toro por los ignotos terrenos de los adentros.

 

Con las mimbres estéticos de Juan Belmonte pero, sobre todo, con la herencia recibida de sus mayores, Joselito el Gallo concibió y refundó el toreo en redondo, soñado por los diestros que le precedieron, sentando las bases del futuro y cumpliendo una vieja aspiración de esos diestros (Pepe-Hillo, Cúchares, Cayetano Sanz, Lagartijo y Guerrita).

Aunque también, en cierto modo, el sueño del Espartero, Reverte, Antonio Montes y (¿porqué, no?) del propio Juan Belmonte.

El círculo se empezaba a cerrar.

 

Joselito natural Madrid (El toreo-Luis Bollain) 001

Natural de Joselito el Gallo en la plaza de toros de Madrid. Si alguien pensara que el torear en redondo  puede suponer una ventaja del diestro por la posición de perfil, esta foto (incluida en el libro el Toreo de Luis Bollaín) es la prueba palpable de lo contrario. Impresiona la postura de la res descoyuntándose alrededor del cuerpo del torero que se convierte en eje del toreo y eje de la fiesta.

(Fin de la serie)

martes, 14 de febrero de 2012

El toreo en redondo (IV) ¿Y Belmonte qué?

 

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“Los ‘genios’ de cerca-Belmonte visto por un belmontista”. Portada del libro de Luis Bollaín (1957)

Hemos visto en entradas anteriores como la faena moderna, el toreo en redondo, nace con Joselito, se estructura con Chicuelo y alcanza su definición con Manolete.

Curiosamente en esa relación de nombres no aparece por ninguna parte el de Juan Belmonte. Sin embargo, la historia del toreo, que nos han contado, lo sitúa como el diestro clave del toreo moderno. El que acaba con una etapa e inicia otra.

Algo no cuadra en esa versión, por lo que tenemos derecho a preguntarnos cual es la correcta. La oficial, con un Belmonte creador ex-nihilo de todo el toreo moderno o esa otra, que venimos comentando, con un Belmonte que se queda al margen del proceso de construcción de las faena moderna.

Vayamos por partes. Belmonte será pieza clave indiscutible (pero una más, no la única) del toreo que vino después pues sentó las bases de una nueva estética, tanto que a partir suyo la expresión personal empieza a ser valor predominante frente a la técnica lidiadora. Pero de ahí, a querer convertirle en único referente (incluso técnico) del toreo posterior va un trecho que no deberíamos saltar en aras de la verdad.

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Retrato de Juan Belmonte, novillero por Julio Romero de Torres. Juan siempre estuvo un poco al margen del toreo y más cerca de literatos y artistas.

¿Como toreaba realmente Juan Belmonte?

Lo mejor es que conozcamos de primera mano como toreaba en realidad Juan Belmonte.

Las imágenes que veremos a continuación van a sorprender a más de uno. Pues la literatura belmontista y la no belmontista han acuñado la idea (equivocada, por cierto) de que Juan Belmonte es origen y raíz única de todo el toreo actual y, por tanto, lo que uno piensa que va a ver en esas viejas películas es el germen de ese toreo moderno.

Esperamos encontrarnos a un diestro, quizás algo más arcaico, pero con algún atisbo de cómo se torea hoy día. Sin embargo, nada más lejos de la realidad pues lo que vamos a ver es… otra cosa.

Aquí tenemos a Juan en una faena histórica, el día de su reaparición en Nimes en 1934. La película es sensacional porque recoge con mucha calidad de imagen una faena del trianero. Faena que, además, es muy representativa de su forma de torear. Belmonte ese día estuvo muy bien y muy en Belmonte, por lo que estas imágenes nos vienen como anillo al dedo.

Lo vemos.

 

Belmonte en Nimes (1934)

 

Belmonte torea con su peculiar estética. Esa sí, innovadora. Buscando, siempre, el pitón contrario, arrastrando mucho los pies. Patinando, dijeron, en un deslizarse inconfundible. Muy suyo. Paradójicamente, muy parado pese al continuo movimiento de piernas pues intenta alargar mucho el muletazo por lo que, taurinamente hablando y para el concepto de la época, se puede definir como toreo de brazos.

Eso, por lo que hace al trazo de sus lances.

Pero lo importante, para el tema que nos ocupa, es que Juan alterna los muletazos por un pitón con los muletazos por el pitón contrario. Es por tanto una faena construida al estilo antiguo (el mismo estilo que veíamos a Guerrita o al Bomba en las viejas películas que recuperamos en anterior entrada de este blog). Juan torea como aconsejaban las más añejas tauromaquias que se debía torear: Un pase por acá y otro por allá.

Ni atisbo del toreo en redondo pues incluso el propio trazo del muletazo es sesgado y hacia afuera. En resumen, un toreo muy puro en la línea del toreo contrario o cambiado, según la nomenclatura que venimos utilizando.

Desde luego, esto (estamos hablando del modo de construir la faena, de enlazar un pase con otro) no tiene nada que ver con el toreo en redondo de Joselito o Chicuelo.

Ojo. No se trata, aquí y por ahora, de tener que elegir entre uno u otro concepto del toreo (natural o cambiado. En redondo o en “ochos”) sino de constatar un hecho inobjetable: Juan Belmonte, supuesto origen y paladín del toreo moderno, construía (contradictoriamente) sus faenas al estilo antiguo. ¿Cómo se explica esto?

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El modo de torear de Belmonte tendrá fecunda descendencia pero desde luego a la vista de las imágenes no será de índole estructural (ni siquiera lo fue en los años inmediatos posteriores a la “revolución” belmontina) pues su toreo no tiene nada que ver con el toreo de la mayoría de los toreros que le siguieron en el tiempo. Juan torea alternando los muletazos por un pitón con los muletazos por el pitón contrario (por la derecha y por la izquierda; por alto y por bajo; por arriba y por abajo; al natural y cambiado). Por ello, se copiará su estética y se asimilará su forma de citar yendo al pitón contrario pero no se copiará ni se seguirá su modo de construir las faenas.

¡Triana! ¡Tenemos un problema!

Las imágenes que acabamos de ver tienen su importancia, porque cuando ya el toreo en redondo se ha asentado definitivamente (estamos en 1934) Juan sigue erre que erre, y se mantiene fiel a su forma inicial de torear. La que tenía en los años de su competencia con Joselito. Construyendo sus faenas al estilo antiguo.

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El toreo de Juan era trasunto del toreo de algunas de las viejas tauromaquias. Por eso se dijo que más que revolucionario, Juan había sido restaurador del toreo eterno (donde dice eterno, debe leerse “antiguo”). Texto de la Tauromaquia de Paquiro donde aconseja que después del pase natural el torero de un pase de pecho. Paquiro, pues, se erige primer valedor del toreo cambiado, al contrario que Pepe-Hillo.

 

Esto planteó a los ensayistas taurinos un curioso problema porque chocaba frontalmente con la imagen de diestro innovador que se quería proyectar de él.

Hoy día, nos cuentan la milonga de los herencia belmontista en el toreo moderno tal como nos la han contado y nos la creemos (nadie más crédulo para ciertas cosas que el aficionado a los toros). Pero en aquellos años la cosa era tan evidente y estaba tan a la vista que, decir (cuando Belmonte toreaba como acabamos de ver que toreaba) que “todo” el toreo moderno venía de Juan Belmonte, exigía –como mínimo- una explicación.

 

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La estética de Belmonte si es moderna (¡Y magnífica!), pero no así su técnica. Juan en un pase cambiado (de pecho) en 1934 en la plaza de las Ventas.

Vamos a ver como han justificado esta contradicción los escritores y críticos taurinos.

 

Luis Bollaín. Defensa a ultranza

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Juan Belmonte de tertulia y cháchara con su incondicional amigo Luis Bollaín (Fotografía del libro de éste antes citado “Los genios de cerca”)

El primero que se planteó este problema y quiso darle respuesta fue el notario belmontista Luis Bollaín.

Bollaín era belmontista en una familia de belmontistas. Partidario confeso, acérrimo y pasional del trianero. Su contertulio en los últimos años del torero en el bar los Corales en la sevillana calle Sierpes. Quien más libros ha escrito sobre Juan.

Bollaín ve con mucha claridad lo que se está discutiendo y replantea el debate con una pregunta muy clarificadora: ¿Qué es preferible? ¿El natural y el de pecho o los naturales y el de pecho?

 

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Página 447 del libro “El Toreo” de Luís Bollaín (1ª ed., Madrid, 1968. Existe re-edición reciente) Yo diría que: “No es lo mismo dar un pase que dar dos”.

Como era previsible, Bollaín se decanta claramente por el toreo en “ochos”, alternando el natural con el de pecho, que es el toreo de Juan Belmonte.

Pero don Luis no sólo prefiere este modo de toreo (lo que sería legítimo) sino que, además, pretende demostrarnos que esa opción es la mejor y la única aceptable, la que encierra más mérito y riesgo (lo que ya no es de recibo).

Para convencernos incluye este curioso gráfico en su libro (gráfico que ya reproducíamos en su día y que volvemos a reproducir ahora):

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Según Bollaín, Juan no torea en redondo pero su toreo (El de “ida y vuelta”. El llamado toreo “en ochos” por la trayectoria que describe el toro (que dibuja en la arena un signo de interrogación) es superior en calidad y mérito al toreo en redondo. En la imagen (reproducción de la página 450 de su tratado “El Toreo”) Bollaín explica geométricamente el porqué es preferible el toreo en “ochos” frente al toreo en redondo intentando convencernos.

El texto tiene truco porque en el toreo “en ochos” la posición del diestro no es estática, como da a entender el gráfico, pues en ese tipo de toreo, el torero muda constantemente su posición como veíamos hacer a Belmonte en Nimes (y como veremos hacer a Domingo Ortega en Madrid).

Por el contrario, en el toreo de línea natural, el torero mantiene su posición a lo largo de la tanda (con los mínimos ajustes necesarios para dar sitio al toro). Por ello, la posición del torero en la trayectoria “A” (al hilo) es tanto o más arriesgada que la del torero que cruza al pitón contrario (Trayectoria “B”) aunque no nos lo parezca a simple vista.

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Por cierto, que la trayectoria “B” nos lleva de Juan Belmonte a Paco Ojeda, casi directamente, sólo que este último (torero de purísima línea cambiada) no se enmendaba lo más mínimo. Su toreo impactó a los públicos causando la lógica perplejidad.

Bollaín además divulgó sus ideas en libros y artículos. Reproducimos aquí uno de ellos. Un artículo rescatado de las páginas del Ruedo y que han desempolvado en el blog del Aula taurina de Granada.

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Imagenes del blog Aula Taurina de Granada. Entrada sobre el toreo en redondo

 

La cosa tiene enjundia y sobre lo que dice don Luis habría mucho que hablar, pero no es el momento de analizar si el notario Bollaín tenía razón o no (Que, en mi opinión, no la tiene). Lo importante es destacar la contradicción que existe en proclamar a Juan como base del toreo moderno para luego y a la vista de que el toreo moderno (toreo en redondo) es ajeno al trianero, restar importancia a ese concepto del toreo y decantarse (y preferir) la faena al estilo antiguo.

 

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Chicuelo, este sí verdadero arquitecto del toreo moderno, en otro de los naturales que dio a Dentista (Foto facilitada por Xavier González Fisher)

 

Lo peor no fue eso, sino que cuando Alameda proclamó a Chicuelo como “arquitecto del toreo en redondo” (El crítico afincado en México todavía no había descubierto el papel jugado por Joselito), Don Luis enfadó mucho porque ¿Cómo osaba nadie comparar a un genio como Belmonte con un torero “simplemente preciosista” como Chicuelo?

Pero, en todo caso, Bollaín había visto muy claro el dilema y la necesidad de dar una respuesta clara y contundente.

 

El principio del lío: Gregorio Corrochano

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Última fotografía de Gregorio Corrochano, tomada en la Feria del Libro de Madrid de 1961, cuando firmaba ejemplares de su libro “Cuando suena el clarín”. El famoso crítico NO afinaba demasiado –en mi opinión- como analista taurino. Sin embargo no es dejado un repertorio impresionante de aforismos y definiciones con gran calado entre los aficionados.

Lo de Bollaín tenía (ya que no coherencia) cierta lógica. Por amistad, por partidismo visceral y por cercanía en el tiempo. Lo que no tiene lógica, ni coherencia es la posición que, sobre este tema, adopta Gregorio Corrochano.

Frente a Bollaín, Corrochano se definía como afamado crítico y amigo del llorado Joselito. Sin embargo, su postura (que explica en su libro ¿Qué es torear-Introducción a la Tauromaquia de Joselito?) ante el dilema planteado es confusa y ha traído no poca confusión a la fiesta.

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De entrada, me resulta cuando menos curioso que Corrochano, supuestamente partidario de Joselito, sólo alcance a ver en este a un magnífico lidiador del estilo antiguo y que ignore totalmente su aportación al toreo en redondo. Incluso en algún párrafo, Corrochano da a entender que José toreaba al natural en redondo en tan contadas ocasiones como Belmonte (¿?). Lo que no era cierto.

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José María de Cossío, otro insigne Joselista, tampoco fue capaz de profundizar y entender el alcance de la apuesta torera del diestro de Gelves en sus análisis históricos, pero al menos fue quien dejó constancia del gusto de Joselito por el toreo al natural y en redondo.

 

Lo grave es, que el tema técnico de fondo que venimos analizando, Corrochano ni lo intuye.

A Corrochano, pese a su declaración dogmática a favor del toreo ligado, sólo le interesa el pase aislado. Por ello, no se plantea el dilema que si había sabido ver y plantear Bollaín sobre cómo debían ligarse unos pases con otro (toreo en redondo frente a toreo en “ochos”).

Por eso, cuando el crítico de ABC describe el pase natural (descripción en la que se adivina el toreo de Juan Belmonte y no el de Joselito el Gallo) y llega al final del pase dice lo siguiente:

 

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Página 235 del libro de Corrochano,  “¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito”.

 

Para Corrochano (al contrario que para Bollaín) daba igual ligar el natural con otro natural que ligar el natural con el pase de pecho. Lo curioso es que –diciéndose partidario de Joselito- se decante por la segunda opción que es la que práctica Belmonte, no José

La forma en que Corrochano explica como se debe construir la faena es errónea pues mezcla dos conceptos del toreo, dos modos de torear distintos, como si fueran uno sólo.

En efecto, si se practica el toreo cambiado, el toreo de expulsión, ganándole terreno al toro de pase en pase es imprescindible cargar la suerte avanzando la pierna (como en el natural que describe Corrochano). En ese caso (y sólo en ese caso) lo ortodoxo, lo correcto y lo coherente es ligar ese pase con un pase cambiado (por ejemplo, con un pase de pecho) como hacía Juan Belmonte y como hacía Domingo Ortega.

Por el contrario, cuando se torea en redondo. Cuando el torero se convierte en eje que trae el toro hacia su terreno, lo que es muy arriesgado y expuesto, la suerte se carga con el movimiento de brazos, no con el de las piernas. En ese caso, buscar el pitón contrario, cargar la suerte avanzando la pierna sería –además de contradictorio- una ventaja.

Pero no debemos cargar las tintas (que no la suerte) contra Corrochano pues el crítico lo que hizo fue asumir las tesis que expuso en su conferencia del Ateneo madrileño el diestro Domingo Ortega.

Corrochano quedó fascinado por el discurso de Ortega, sin percatarse que las teorías de este diestro sobre “cargar la suerte” eran aplicables a la forma de torear del de Borox (y a la forma de torear de Juan Belmonte) pero que no eran generalizables –ni aplicables, ni exigibles- a los toreros de la cuerda contraria (como Joselito o Manolete) cuando toreaban en redondo.

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Domingo Ortega, en su conferencia “El Arte del Toreo” dictada en el Ateneo madrileño el 29 de marzo de 1950, defendió que ·”cargar la suerte” era la piedra angular del toreo queriendo generalizar su particular concepción de este y convertirla en verdad universal. Ortega pensó (ingenuamente) que sólo se podía torear como el toreaba. Por desgracia, su tesis hizo escuela. Hoy día la aplicación indiscriminada del concepto de “cargar la suerte” a todo tipo de toreo (incluido el toreo en redondo al que le es ajeno) es causa de la enorme confusión que sobre estas cuestiones técnicas padecen muchos aficionados y, de rebote, del trato injusto que reciben muchos toreros.

Lo mejor no es decir, sino mostrar. De muestra, una faena del maestro de Borox, Domingo Ortega.

 

Faena Homenaje a Nicanor Villalta

Son imágenes de 1956, Domingo Ortega vestido de calle torea en el homenaje a Nicanor Villalta. Ortega torea alternando los pases por los dos pitones, andando al novillo de Escudero Calvo con mucha elegancia y suma suavidad. Lo importante es que- en esa forma de torear- avanzar la pierna de salida no sólo es lo correcto sino necesario.

 

Tampoco tiene nada que ver con lo de hoy. Lo que resulta sorprendente y es que lo que Domingo Ortega no dijo, en su conferencia del Ateneo madrileño, fue eso precisamente, que su sistema (cargar la suerte) no es aplicable cuando se toreo en redondo.

Ortega pretendía convertir una regla particular en verdad universal. Confusión que tantas confusiones ha traído después. El primer confundido, Corrochano. Otros le seguirían en esta ceremonia. El más importante (por su repercusión entre los aficionados) fue el crítico del Diario El País, Joaquín Vidal.

 

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Joaquín Vidal siguió a pies juntillas lo que dijeron Corrochano y Domingo Ortega por eso, como los malos estudiantes que copian en un examen, su descripción del pase natural efectuada en su libro “El toreo es grandeza” reproduce los mismos errores que había cometido el crítico de ABC.

 

La descripción que Vidal hace del natural sigue casi literalmente (aunque con más belleza literaria) a la que hizo Corrochano. Y repite el error de considerar compatible la cargazón de la suerte con el toreo en redondo. Lógicamente, a la acción de cargar la suerte se le reviste de la máxima importancia.

 

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El texto de Vidal en su libro “El toreo es grandeza”. El crítico confunde un sistema o modo concreto de torear con “todo” el toreo. El colmo es que llega  a afirmar que torear sin cargar la suerte “no es torear”.

 

Conclusión

El que Juan Belmonte fuera ajeno al moderno toreo en redondo y practicara el antiguo toreo en “ochos” no fue óbice para que sus partidarios más acérrimos siguieran considerándole (pese a la evidente contradicción) paladín y origen del toreo actual.

 

La Tauromaquia de Juan Belmonte pág. 116 001

La magnífica estética del toreo cambiado de Juan Belmonte. Escultura de carne y hueso. Esa sí, fuente inagotable para el toreo posterior.

 

Más grave es la falta de claridad de ideas, a la hora de analizar los modos del toreo, que han tenido críticos supuestamente sagaces como Gregorio Corrochano o Joaquín Vidal. Vaya en descargo de ambos la fascinación intelectual que, sobre ellos, ejercieron las deslumbrantes teorías de Domingo Ortega, tan claras y cómodas de aplicar como erróneas, pues no podemos (o no deberíamos) por coherencia, conceder validez universal a unas reglas de toreo que son aplicables sólo a un sistema o modo de torear determinado.

 

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Pepe Alameda si fue consciente de la existencia de dos modos de torear contrapuestos y con objetivos distintos. El magnífico crítico decía que “lo que vale en un sistema no es necesariamente válido en el otro”.

 

Lo malo no es que Corrochano o Vidal no se enteraran de esto (de cómo se torea realmente) que no matizaran o distinguieran entre toreo natural y cambiado (tema que ni siquiera se plantearon, como hemos visto), sino que su confusión técnica y sus dogmáticos planteamientos se han utilizado desde entonces como coartada para cercenar, perseguir, denunciar y desacreditar injustamente a todos los toreros de línea natural o, más sencillamente, a todos los toreros que no eran de su gusto.

Lo que no es de recibo

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Negar validez al toreo natural es suprimir y decapitar de un tajo media historia del toreo. No es admisible, pues creo que ningún crítico ni aficionado tiene derecho a enviar al Limbo taurino a toreros de la talla de Pepe-Hillo, Cúchares, Cayetano Sanz, Lagartijo, Joselito, Chicuelo o Manolete, impunemente. En la foto (del blog ganaderos de lidia), aparece uno de los damnificados por esa visión parcial (y partidista) de la Historia del Toreo, el sevillano Pepe-Hillo.

(Continuará…)